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20/02/26

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Blue Owl congela reembolsos y reaviva las dudas sobre la liquidez real del crédito privado

Blue Owl congela reembolsos y reaviva las dudas sobre la liquidez real del crédito privado

El anuncio realizado esta semana por Blue Owl Capital de cancelar de forma permanente los reembolsos para inversores minoristas en su fondo cotizado de crédito privado, Blue Owl Capital Corporation (OBDC), ha encendido las alarmas en uno de los segmentos de más rápido crecimiento —y menor transparencia— del sistema financiero global.

La decisión se produce tras una venta de préstamos por valor de 1.400 millones de dólares, una de las mayores operaciones de liquidez vistas recientemente en el mercado secundario de crédito privado. Los ingresos se destinaron a dar liquidez a tres fondos distintos gestionados por la firma, entre ellos su Direct Lending Fund II (OBDC II), al que se asignaron 600 millones de dólares para atender solicitudes de reembolso, equivalentes a aproximadamente el 30% de su patrimonio, estimado en 1.700 millones.

Los compradores de los préstamos fueron grandes inversores institucionales de largo plazo: el California Public Employees’ Retirement System (CalPERS), el Ontario Municipal Employees Retirement System, el British Columbia Investment Management Corporation y la aseguradora Kuvare. La operación se cerró al 99,7% del valor nominal, un precio cercano al par que, lejos de disipar las dudas, ha desplazado el foco hacia la calidad del resto de los activos.

La pregunta que domina ahora entre los inversores es incómoda pero inevitable: ¿qué hay en el 70% restante del fondo y existiría liquidez comparable sin asumir pérdidas significativas?

Un actor sistémico en el centro del boom

Blue Owl no es un gestor marginal. Con 307.000 millones de dólares en activos bajo gestión a 31 de Diciembre de 2025, la firma se sitúa claramente en el top 5–10 global de gestores alternativos. Más relevante aún: el 51% de su patrimonio está concentrado en estrategias de crédito, lo que la convierte en uno de los actores más expuestos —y representativos— del auge del crédito privado.

Surgida de la fusión entre Owl Rock y Dyal Capital en 2021, la firma se ha consolidado como uno de los mayores proveedores mundiales de direct lending, financiando a empresas medianas fuera del sistema bancario tradicional. Su trayectoria refleja la expansión explosiva de un mercado que ya supera los 1,7 Trillones de dólares y que se ha convertido en un pilar central del sistema financiero no bancario.

Crecimiento acelerado, supervisión limitada

El episodio de Blue Owl ha vuelto a poner de relieve fragilidades estructurales largamente señaladas por reguladores y analistas. A diferencia de los bancos, los gestores de crédito privado operan con una supervisión relativamente laxa, sin requisitos formales de liquidez y sin obligación de valorar activos a precios de mercado.

La mayoría de los fondos utiliza modelos internos para marcar préstamos altamente ilíquidos. Este enfoque ha permitido mostrar una estabilidad aparente incluso durante el ciclo más agresivo de subidas de tipos en décadas. Sin embargo, el rendimiento real de los activos, su probabilidad de impago y su valor de reventa siguen siendo, en gran medida, opacos.

Para muchos inversores retail, el descuento cercano al 20% entre el NAV declarado y el precio de mercado de OBDC ha sido la primera señal tangible de que esas valoraciones podrían no reflejar plenamente el riesgo subyacente.

Liquidez selectiva

La venta de 1.400 millones de dólares en préstamos demuestra que la liquidez existe, pero de forma selectiva: cuando los activos son de mayor calidad, cuando el comprador es institucional y cuando el horizonte de inversión es largo.

Sin embargo, el hecho de que solo una parte del portafolio haya podido venderse en estas condiciones ha elevado la inquietud. Para los inversores, la cuestión clave ya no es si el crédito privado es líquido, sino qué parte lo es y a qué precio. La cancelación permanente de los reembolsos retail sugiere que Blue Owl ha optado por proteger la integridad del fondo y evitar ventas forzadas del tramo menos líquido, incluso a costa de quebrar la promesa implícita de liquidez periódica.

¿Una señal temprana de tensión más amplia?

Aunque los impagos en el middle market estadounidense aún no se han disparado, muchos analistas advierten de que las valoraciones internas suelen retrasar el reconocimiento de deterioros. La combinación de préstamos a empresas altamente apalancadas, estructuras complejas y ausencia de precios transparentes hace que el sector sea especialmente vulnerable ante un empeoramiento del ciclo económico.

El caso de Blue Owl plantea preguntas incómodas para toda la industria del crédito privado: • ¿Reflejan los valores declarados el riesgo económico real de los activos?

  • ¿Puede sostenerse la promesa de liquidez en vehículos construidos sobre activos intrínsecamente ilíquidos?
  • ¿Cuántos fondos dependen de vender solo “los mejores préstamos” para atender salidas de capital?

 

El mercado empieza a descontarlo

Estas dudas ya se reflejan en los mercados bursátiles. Desde el inicio de 2026, la mayor parte de los gestores de capital privado cotizados acumula caídas de entre el 15% y el 40%, a medida que los inversores revisan al alza los riesgos de liquidez, valoración y crecimiento.

Firmas con una exposición significativa al crédito privado como Blackstone, Apollo Global Management, KKR y Ares Management han mostrado un comportamiento relativo más débil, en contraste con los años en los que el sector era percibido como un refugio defensivo frente a la volatilidad.

Un aviso temprano

Por ahora, la industria insiste en que se trata de episodios aislados y que las operaciones recientes demuestran la solidez subyacente de los activos. Sin embargo, para muchos observadores, la combinación de ventas selectivas, descuentos persistentes en mercado secundario y suspensiones permanentes de reembolsos representa la primera grieta visible en un mercado que se ha expandido más rápido que sus mecanismos de control.

Más que un colapso inmediato, el caso de Blue Owl parece un aviso temprano: cuando la liquidez es una promesa comercial y no una característica estructural, el verdadero test llega cuando los inversores quieren salir.

 

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