El imperio silencioso: cómo la comunidad mormona construyó una de las mayores fortunas de Estados Unidos
En una economía obsesionada con la visibilidad —capitalizaciones bursátiles, rankings de multimillonarios, y grandes marcas— existe una organización cuyo poder se ejerce de forma radicalmente distinta. No cotiza en bolsa, no rinde cuentas a accionistas, y rara vez aparece en los titulares financieros. Y, sin embargo, es uno de los mayores imperios económicos del país: la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.
Conocida popularmente como la Iglesia mormona, esta institución religiosa ha construido durante más de un siglo un patrimonio colosal, diversificado, y extraordinariamente disciplinado, que distintas estimaciones independientes sitúan en torno a los 300.000 millones de dólares. No existe una cifra oficial consolidada, pero sí consenso en que no hay hoy ninguna organización comparable en el mundo occidental.
Una riqueza sin accionistas… y con aportación obligatoria
Una de las claves centrales del modelo mormón es su sistema de financiación interno. A diferencia de otras organizaciones religiosas o filantrópicas, la Iglesia exige a sus miembros la donación del 10% de sus ingresos (tithing) como condición plena de pertenencia.
Este flujo constante y predecible de capital —recaudado de millones de personas— constituye una base financiera extraordinariamente estable, ajena a ciclos económicos, mercados financieros, o decisiones políticas. No hay inversores impacientes ni presión por resultados trimestrales: el horizonte es intergeneracional.
La riqueza no se concibe como un fin, sino como una herramienta de:
- autosuficiencia,
- expansión a largo plazo,
- y preservación de la comunidad en el tiempo.
Dimensión demográfica: una minoría global, una mayoría local
A escala mundial, la Iglesia cuenta con aproximadamente 17 millones de miembros, de los cuales alrededor de 6–7 millones residen en Estados Unidos. Aunque representan una minoría a nivel nacional, su concentración geográfica amplifica enormemente su influencia.
El epicentro histórico, cultural y demográfico es Utah, donde cerca del 60% de la población se identifica como mormona. En ningún otro estado estadounidense una confesión religiosa alcanza un peso comparable.
Utah funciona, en la práctica, como un ecosistema social, económico, y político cohesionado, donde redes comunitarias, empresariales, e institucionales se solapan con naturalidad.
Geografía del poder: Florida como símbolo patrimonial
Más allá de Utah, la huella territorial de la Iglesia es impresionante. En Florida, la organización es el mayor terrateniente privado, con aproximadamente 678.000 acres de tierra, principalmente destinados a actividades agroganaderas y de conservación.
Para poner la cifra en contexto, esta extensión equivale a más del doble de la superficie de la ciudad de Los Ángeles. Muy pocas entidades privadas – religiosas o no – controlan volúmenes de tierra comparables en Estados Unidos.
Un conglomerado empresarial discreto pero decisivo
El poder económico mormón se articula a través de un entramado de entidades que operan con bajo perfil público, pero con enorme peso real:
• AgReserves
El brazo agrícola de la Iglesia, responsable de millones de acres productivos en varios estados.
• Bonneville International
Grupo de medios con presencia nacional en radio, televisión y plataformas digitales.
• Deseret News
Uno de los periódicos más antiguos del país, con influencia cultural y social relevante.
• Deseret Industries
Red de tiendas que combina actividad económica con programas de empleo y reinserción.
• City Creek Center
Desarrollo inmobiliario emblemático en el centro de Salt Lake City, símbolo visible del músculo financiero de la Iglesia.
El objetivo no es la notoriedad, sino la estabilidad y el control a largo plazo.
Capital humano y disciplina colectiva
Más allá de los activos, el verdadero diferencial de la comunidad mormona es su capital social. La combinación de:
- fuerte ética del trabajo,
- cultura del ahorro,
- aportación económica obligatoria,
- y cooperación interna,
ha creado una red que funciona como una plataforma de coordinación económica. En sociedades modernas profundamente individualistas, este nivel de cohesión resulta excepcional.
Influencia política y figuras públicas
La Iglesia no actúa como un lobby clásico ni se alinea formalmente con un partido político, pero su influencia es tangible, especialmente en estados con alta concentración de miembros.
Entre los mormones más conocidos e influyentes de la vida pública estadounidense destacan:
- Mitt Romney – senador, exgobernador y candidato presidencial
- Jon Huntsman Jr. – exgobernador y embajador en China y Rusia
- Orrin Hatch – senador durante más de cuatro décadas
- Glenn Beck – influyente comunicador y empresario mediático
- Stephenie Meyer – autora de una de las sagas literarias más rentables de la historia reciente
No son excepciones aisladas, sino el reflejo de una capacidad sistemática para generar élites.
La riqueza que no necesita exhibirse
La fortuna mormona impresiona por su tamaño, pero sobrecoge por su método. Millones de miembros aportando de forma constante, décadas de reinversión paciente, activos reales distribuidos estratégicamente, y una visión que trasciende generaciones.
Poseen tierras que rivalizan con grandes ciudades, empresas que generan flujos estables y una comunidad dispuesta —por convicción— a sostener el sistema con el 10% de sus ingresos. En un mundo donde el capital suele ser volátil y ruidoso, la Iglesia mormona ha demostrado que la mayor forma de riqueza es la que se organiza bien, piensa a largo plazo, y no necesita exhibirse.
Quizá por eso su imperio económico no domina titulares, pero sigue creciendo, silencioso, recordando que el poder más duradero rara vez es el más visible.
