El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, sacudió el escenario político internacional durante el Foro Económico Mundial en Davos al anunciar un marco de acuerdo con la OTAN para abordar el futuro de Groenlandia y de, potencialmente, su estatus estratégico en el Ártico. Según Trump, este entendimiento abriría la puerta a:
- Pequeños territorios para uso estadounidense dentro de Groenlandia, vinculados a bases y presencia militar.
- Participación norteamericana en los derechos sobre recursos minerales de la isla.
- Exclusión de cualquier intervención de Rusia y China en esos acuerdos estratégicos.
- La instalación del sistema antimisiles “Golden Dome” en la región.
- La posibilidad de construir infraestructura con respaldo estadounidense.
Pero así como los detalles son escasos, también lo es la legitimidad del proceso anunciado: tal como señalaron legisladores groenlandeses y responsables políticos europeos, ni Dinamarca ni representantes oficiales de Groenlandia participaron en la negociación anunciada, lo que plantea serias dudas sobre su credibilidad y viabilidad legal.
¿Qué se ha anunciado realmente? El marco, no el acuerdo
Trump ha declarado que habría establecido “el marco para un futuro acuerdo” con Mark Rutte, secretario general de la OTAN, para cooperar en la seguridad del Ártico y, según él, para satisfacer intereses estadounidenses en la isla. En esta declaración se incluyó lo relativo a la futura defensa —por ejemplo, el sistema Golden Dome— y el acceso a recursos naturales.
Pero varios hechos clave emergen de las reacciones oficiales:
- Dinamarca insiste en que la soberanía danesa de Groenlandia no fue discutida en el encuentro y no puede ni debe ser objeto de negociación sin su consentimiento.
- Un miembro groenlandés del Parlamento danés afirma que la OTAN no tiene mandato para negociar sobre Groenlandia sin los groenlandeses.
- Varios parlamentarios daneses describen las declaraciones de Trump como exageradas o “no reales”, subrayando que cualquier acuerdo sobre derechos «mineral rights», territorio o seguridad debe contar con Groenlandia y Dinamarca como partes contractuales.
En resumen: lo anunciado es un marco de discusión política y diplomática, no un tratado vinculante. El uso de Rutte como contraparte carece de base legal concreta para asuntos de soberanía o transferencia territorial. La OTAN, que es una alianza de defensa colectiva, no tiene autoridad para adjudicar o transferir soberanía de un Estado miembro o de un territorio autónomo dentro de él.
¿Puede creerse un “acuerdo Trump-Rutte”?
La narrativa anunciada por Trump cumple varias funciones políticas internas y externas:
- Reforzar su imagen de líder estratégico firme frente a China y Rusia en un punto geoestratégico crítico.
- Retirar amenazas de aranceles a Europa tras tensiones comerciales recientes, presentándolo como un triunfo diplomático.
- Mantener la atención mediática y pública sobre su política exterior aspiracional (especialmente hacia el electorado estadounidense).
Pero a nivel práctico y jurídico internacional, no hay indicios de que un acuerdo real sobre soberanía o cesión de territorio haya sido ni siquiera formalmente iniciado. Cualquier transferencia de soberanía, concesión de derechos territoriales o disputa sobre recursosmar-continental requeriría un tratado con Dinamarca y probablemente con el propio gobierno de Groenlandia, que es autónomo en muchas materias interiores y que ha rechazado reiteradamente la idea de “venta” o cesión de su territorio.
¿Están Dinamarca y Groenlandia de acuerdo?
La respuesta, según declaraciones públicas y reacciones de líderes involucrados, es claramente no:
- Dinamarca ha subrayado que la soberanía del reino sobre Groenlandia no es negociable y que cualquier discusión debe respetar la integridad territorial del Reino de Dinamarca.
- Representantes groenlandeses han condenado la idea de que la OTAN pueda negociar en su nombre y han repudiado la noción de que Groenlandia esté “en venta” o subordinada a decisiones de terceros.
- Protestas populares y demandas de respeto por la autodeterminación han marcado el debate doméstico—en Groenlandia y en Dinamarca—rechazando cualquier intento de cesión unilateral.
Esto sugiere que, si bien Estados Unidos busca asociaciones estratégicas más sólidas en el Ártico, no existe consenso interno ni mandato político para transferir soberanía, territorios ni derechos exclusivos sin negociación directa con los gobiernos y poblaciones afectadas.
Conclusión: ¿ficción diplomática o negociación realista?
El anuncio de Trump en Davos representa una visión geopolítica ambiciosa, pero no un tratado concreto:
- Una declaración de intención con elementos de política declarativa y disuasoria frente a competidores globales.
- Un intento de reconducir tensiones transatlánticas mediante un mensaje de cooperación estratégico con la OTAN.
- Una reconfiguración retórica de viejos intereses geoestratégicos de Estados Unidos en el Ártico.
Sin embargo, no sustituye ni puede sustituir negociaciones soberanas entre Estados (Estados Unidos y Dinamarca) y los representantes legítimos de Groenlandia, y no existe base legal para transformar un marco de diálogo con la OTAN en transferencia de soberanía o derechos exclusivos sobre territorios o recursos. Cualquier avance real dependerá de procesos diplomáticos formales, discusiones parlamentarias y, en última instancia, de la voluntad política de Groenlandia y Dinamarca.

