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19/02/26

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Holanda abre la puerta a gravar las ganancias no realizadas

Holanda abre la puerta a gravar las ganancias no realizadas: un giro fiscal con implicaciones profundas para el ahorro y la inversión en Europa

La aprobación en la Cámara Baja de Países Bajos de un impuesto del 36% sobre las ganancias no realizadas marca un punto de inflexión en el debate fiscal europeo. La reforma —pendiente aún del Senado y con entrada en vigor prevista para 2028— rompe con un principio largamente asentado en los sistemas tributarios occidentales: que los impuestos sobre el capital se pagan cuando la ganancia se materializa, no cuando se estima.

La propuesta sitúa a Holanda a la vanguardia de una discusión que hasta ahora había sido más teórica que práctica en economías avanzadas. En Estados Unidos, la idea fue sugerida por la candidata demócrata Kamala Harris como parte de un debate más amplio sobre cómo gravar a los grandes patrimonios, pero nunca llegó a traducirse en legislación efectiva. En Europa, ningún gran país ha implantado hasta ahora un esquema comparable de forma generalizada.

La presión fiscal y la búsqueda de nuevas bases imponibles

El contexto explica parte del movimiento. En la mayoría de países europeos, los tipos marginales sobre las rentas del trabajo ya se sitúan en niveles elevados: Francia (54%), Alemania (48%), Dinamarca (56%), Bélgica (50%), Suecia (53%), Finlandia (57%) y España (47%). Con poco margen político y económico para seguir elevando estos porcentajes, los gobiernos buscan nuevas fuentes de financiación en un entorno de envejecimiento demográfico, mayores costes sanitarios, y transición energética.

Gravar las ganancias latentes —especialmente en activos financieros— aparece así como una forma de ampliar la base fiscal sin tocar directamente los salarios. El mensaje implícito es claro: una parte relevante de la acumulación de riqueza se produce hoy a través de la revalorización de activos, no de ingresos corrientes.

¿Cómo funcionaría el nuevo impuesto?

El diseño aprobado en la Cámara Baja holandesa contempla aplicar el gravamen sobre la revalorización anual estimada de activos financieros, incluso aunque no se hayan vendido. El contribuyente pagaría impuestos por un beneficio “en papel”, con independencia de que disponga de liquidez para afrontarlo. En una fase inicial, el alcance se limitaría a instrumentos financieros, pero el propio texto abre la puerta a extenderlo en el futuro a otros activos, como inmuebles o participaciones empresariales.

Este enfoque rompe con el principio de “realización” que ha dominado la fiscalidad del capital durante décadas y plantea desafíos técnicos y económicos significativos.

 Impacto sobre el ahorro a largo plazo y la inversión

Los críticos advierten de que el impuesto podría desincentivar el ahorro a largo plazo, especialmente en productos de inversión destinados a la jubilación. Al tributar año a año por revalorizaciones no materializadas, los inversores podrían verse forzados a vender activos para pagar impuestos, reduciendo el efecto del interés compuesto.

Desde el punto de vista de la inversión, el riesgo es una mayor aversión a activos volátiles pero productivos, como acciones, en favor de instrumentos más estables o estructuras destinadas a minimizar la valoración fiscal. En el extremo, algunos economistas alertan de un posible traslado de capital hacia jurisdicciones con marcos fiscales más previsibles, especialmente si la medida no se coordina a nivel europeo.

El problema de la valoración y los activos no cotizados

Uno de los puntos más delicados es la aplicación del impuesto a activos sin precios transparentes. Mientras que las acciones cotizadas ofrecen valoraciones diarias de mercado, el panorama es mucho más complejo para participaciones en empresas privadas, fondos ilíquidos, o activos alternativos.

En estos casos, la determinación de la base imponible puede convertirse en una fuente constante de litigios, arbitrariedades, y costes administrativos elevados. Además, la volatilidad de las valoraciones podría dar lugar a situaciones paradójicas: pagar impuestos en un año por una ganancia estimada que desaparece —o se revierte— al siguiente.

¿Un modelo exportable al resto de Europa?

La gran incógnita es si el experimento holandés se extenderá a otros países europeos. A corto plazo, muchos gobiernos observan con cautela. La introducción de un impuesto sobre ganancias no realizadas requiere una capacidad administrativa elevada, consenso político, y aceptación social, tres elementos difíciles de alinear.

Sin embargo, si la medida logra recaudar de forma significativa sin provocar fuga de capitales ni distorsiones graves, podría convertirse en un referente para otros Estados con sistemas fiscales tensionados. La alternativa —seguir elevando tipos marginales ya cercanos a sus límites políticos— parece cada vez menos viable.

Un cambio de paradigma fiscal

Más allá de su impacto inmediato, la reforma holandesa plantea una cuestión de fondo: qué se considera renta imponible en una economía dominada por activos financieros y valorizaciones continuas. Si el Senado da su aprobación, Holanda no solo habrá introducido un nuevo impuesto, sino que habrá abierto un debate que probablemente marcará la agenda fiscal europea durante la próxima década.

El resultado determinará si el gravamen sobre las ganancias no realizadas se consolida como una herramienta estructural de financiación pública o queda como un experimento ambicioso en los márgenes del sistema tributario tradicional.

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