La Reserva Federal de Estados Unidos afronta hoy la última reunión de política monetaria del año en un ambiente de fractura interna sin precedentes recientes. Lo que en otras ocasiones habría sido un encuentro predecible y relativamente técnico se ha transformado en un test decisivo para la credibilidad del banco central, en el que incluso no se descarta un resultado nunca visto: un empate en la votación del Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC).
La división entre alas “halcón” y “paloma”, amplificada por la escasez de datos derivada del reciente cierre parcial del Gobierno Federal, llega en un momento especialmente delicado para la institución presidida por Jerome Powell. La economía da señales mixtas: la inflación continúa moderándose, pero el mercado laboral muestra síntomas claros de enfriamiento. El FOMC se encuentra atrapado entre dos narrativas divergentes: contener la inflación de forma definitiva o proteger una actividad económica que pierde impulso con rapidez.
Aunque el consenso del mercado apuesta por un recorte de 25 puntos básicos, que llevaría la tasa al rango del 3,50–3,75%, la realidad interna es mucho menos monolítica. Diversos análisis apuntan a que la votación podría dividirse en dos bloques de tamaño equivalente —seis votos frente a seis—, un escenario nunca vivido en la práctica moderna de la Fed. Ese empate obligaría a Powell, como presidente del FOMC, a ejercer su voto de calidad, intensificando la dimensión política de una decisión que pretende ser estrictamente técnica.
Un banco central atrapado en la niebla de los datos
El reciente shutdown federal ha dejado a la Fed sin información crucial para calibrar su diagnóstico macroeconómico. Las cifras oficiales más recientes de empleo e inflación se remontan a Septiembre, y los datos correspondientes a Octubre y Noviembre llegarán después de la reunión. Esta ausencia de visibilidad ha sido calificada por varios miembros del FOMC como una situación “extraordinaria”, que obliga a tomar decisiones de calado sin una base estadística completa.
Esa “navegación en la niebla” acentúa las diferencias internas: los halcones exigen prudencia absoluta ante el riesgo de que la inflación se reactive, mientras que los más dovish consideran que el enfriamiento del mercado laboral ya justifica iniciar cuanto antes una senda de flexibilización monetaria.
El factor político: la sombra del relevo en la presidencia
A la tensión puramente económica se suma un componente político que este año adquiere un peso inusual. El mandato de Jerome Powell expira en Mayo de 2026, y en Washington crece la percepción de que su sucesor podría ser una figura más alineada con la actual administración, con nombres como Kevin Hassett circulando en los entornos económicos de la Casa Blanca.
La posibilidad de un viraje hacia un liderazgo más “pro-crecimiento” y menos preocupado por las presiones inflacionistas ha despertado inquietud entre analistas y bancos internacionales, que temen que la independencia histórica de la Fed pueda erosionarse gradualmente. Aunque no hay evidencias directas de interferencias, el mero hecho de que la sucesión se haya filtrado a los medios añade ruido a un momento en el que el banco central necesita proyectar unanimidad, claridad y estabilidad.
En este contexto, un empate en la votación —o un recorte interpretado como políticamente oportuno— sería munición para quienes alertan de que la Fed estaría operando bajo presiones externas, incluso aunque su intención sea estrictamente técnica.
Mercados cautos ante un 2026 plagado de riesgos
Más allá de la decisión inmediata sobre tipos, los inversores centran su atención en la hoja de ruta para 2026. El “dot plot”, el comunicado, y la conferencia de prensa de Powell serán analizados al detalle en busca de señales sobre la trayectoria futura de los tipos de interés.
A continuación, se presenta una cronología probable de escenarios para 2026, elaborada con base en los riesgos actuales y las previsiones de distintos servicios de análisis macroeconómico.
¿Qué esperar en 2026? Una cronología probable por trimestres
Enero–Marzo: pausa estratégica
- Tras el recorte de Diciembre, la Fed mantendría los tipos estables en el primer trimestre.
- La inflación seguiría moderándose, pero no lo suficiente para justificar más recortes inmediatos.
- La Fed optaría por un tono prudente para evitar interpretaciones políticas en pleno debate sobre la sucesión de Powell.
Abril–Junio: el relevo en la presidencia domina la agenda
- El mandato de Powell expira en Mayo de 2026, lo que convierte a esta etapa en la más políticamente sensible.
- Si el nuevo presidente de la Fed tiene un perfil claramente dovish, los mercados podrían anticipar un sesgo aún más expansivo.
- Un segundo recorte en Junio sería posible si el empleo muestra pérdida de tracción.
Julio–Septiembre: segundo recorte de tipos
- Hacia mediados de año, el desempleo podría superar el 4,5%, generando presión para una relajación adicional.
- La inflación, ya mucho más cerca del 2%, daría margen para un segundo recorte, probablemente en Septiembre.
Octubre–Diciembre: el tramo final del año con política monetaria a la vista
- El mensaje de la Fed se centraría en estabilizar expectativas y evitar sobrereacciones del mercado.
- La velocidad de los recortes dependerá de la profundidad del enfriamiento económico.
- Un tercer recorte no está descartado, pero solo ocurriría en caso de deterioro marcado en el empleo o una caída abrupta del consumo.
Una decisión que puede marcar el legado de Powell
La reunión de Diciembre no será recordada únicamente por su decisión sobre tipos, sino por lo que simboliza: un banco central dividido, obligado a operar casi a ciegas y bajo el escrutinio de un clima político cada vez más áspero.
Si la Fed logra sostener un mensaje coherente y técnico, incluso en medio de la fractura interna y la incertidumbre política, reforzará su reputación como institución independiente. Pero un empate histórico, una comunicación confusa, o una votación percibida como políticamente influida podrían dejar una señal duradera en la confianza que empresas, inversores, y ciudadanos depositan en el banco central más poderoso del mundo.
Sea cual sea el resultado, la reunión marcará el arranque de un 2026 en el que la Fed no solo se jugará su estrategia monetaria, sino la profundidad de su propia credibilidad institucional.


