Estados Unidos, China, y la carrera global por la conducción sin conductor
Cuando Waymo, la unidad de movilidad autónoma de Alphabet, comenzó a ofrecer viajes comerciales sin conductor en 2020, pocos anticiparon la rapidez con la que una tecnología largamente experimental se convertiría en el eje de una nueva industria global. Hoy, con operaciones consolidadas en múltiples ciudades estadounidenses y una expansión acelerada hacia nuevos mercados, Waymo representa el ejemplo más tangible de la transición hacia una economía del transporte sin conductores humanos.
Sin embargo, esta transformación no se limita a Estados Unidos. En paralelo, China ha desarrollado su propio ecosistema de conducción autónoma a gran escala, liderado por Baidu y su plataforma Apollo, dando lugar a una competencia tecnológica y geopolítica que definirá el futuro de la movilidad urbana.
De la vanguardia tecnológica a la calle principal
Waymo ha recorrido un largo camino desde sus orígenes como proyecto experimental dentro de Google hasta convertirse en una empresa con una flota de miles de robotaxis operando sin conductor de seguridad en ciudades como Phoenix, San Francisco, Los Ángeles, Austin, y Atlanta. Esta ausencia total de supervisores humanos a bordo sigue siendo una distinción clave frente a muchas iniciativas rivales.
El crecimiento operativo ha sido notable. Waymo supera actualmente los 450.000 viajes de pagos semanales, casi el doble que hace apenas unos meses, una señal clara de que la autonomía ya no es solo una demostración tecnológica, sino un servicio comercial funcional. En un sector donde la acumulación de datos reales es crítica, esta escala se ha convertido en una ventaja estructural difícil de replicar.
Miami: nueva frontera del robotaxi
Una de las expansiones más estratégicas de Waymo en 2025 es su entrada en Miami, donde ya ha iniciado operaciones sin conductor como preparación para un lanzamiento comercial previsto en 2026. La ciudad representa un entorno particularmente exigente: tráfico intenso, alta densidad turística y condiciones climáticas complejas.
Waymo se apoya en años de pruebas previas en la región para adaptar su tecnología a estas variables, y su llegada abre un mercado potencial de más de seis millones de residentes, además de millones de visitantes anuales. Miami se suma así a una ambiciosa hoja de ruta que incluye ciudades como Dallas, Houston, Orlando, y San Antonio a lo largo de 2026, reforzando la apuesta de la compañía por el transporte autónomo a escala metropolitana.
Números y economía del robotaxi
En un sector marcado por inversiones masivas en investigación, hardware y cumplimiento regulatorio, Waymo ya ha logrado convertir parte de esa inversión en ingresos reales. Con una tarifa promedio estimada cercana a los 20 dólares por viaje, la empresa podría estar generando decenas de millones de dólares mensuales solo a partir de su operación actual.
Aun así, la rentabilidad plena sigue siendo un objetivo pendiente. Alphabet agrupa los resultados de Waymo dentro de la división “Other Bets”, históricamente deficitaria, reflejo de los elevados costes de despliegue. Un robotaxi completamente equipado puede superar los 175.000 dólares por unidad, debido al coste de sensores LiDAR, sistemas de cómputo y redundancias de seguridad.
Para reducir estos costes, Waymo está diversificando plataformas vehiculares, incorporando modelos más eficientes y estableciendo alianzas estratégicas con fabricantes y operadores de flotas, una señal clara de transición desde la fase experimental hacia una lógica industrial.
Tesla: ¿competidor real o apuesta a futuro?
Mientras Waymo consolida su modelo, Tesla busca posicionarse como un competidor disruptivo, aunque con un enfoque radicalmente distinto. La compañía ha iniciado pruebas sin supervisores humanos en Austin, Texas, con vehículos Model Y operando de forma autónoma en calles públicas, un avance que ha generado gran atención mediática.
El enfoque de Tesla se basa casi exclusivamente en cámaras y visión artificial, prescindiendo de sensores como el LiDAR. Esta estrategia apunta a reducir drásticamente los costes de hardware y facilitar una escalabilidad masiva. Elon Musk ha reforzado esta visión con el anuncio de vehículos específicos para robotaxi, como el Cybercab, diseñado sin volante ni pedales.
No obstante, Tesla enfrenta un entorno regulatorio más complejo. En California, la empresa ha sido objeto de cuestionamientos sobre cómo comunica las capacidades reales de su tecnología de conducción autónoma. Además, muchos de sus despliegues actuales siguen dependiendo de supervisión remota o personal técnico, lo que contrasta con el modelo plenamente operativo de Waymo.
China y Baidu Apollo: el otro polo del poder autónomo
Mientras Estados Unidos avanza de forma gradual, China ha acelerado el despliegue de la conducción autónoma mediante un modelo altamente coordinado entre Estado e industria. En el centro de este avance se encuentra Apollo, la plataforma de Baidu, y su servicio de robotaxis Apollo Go.
Desde 2020, Apollo Go opera en más de 10 grandes ciudades chinas, incluidas Beijing, Wuhan, Chongqing, Shenzhen y Shanghai. En ciudades como Wuhan y Chongqing, Baidu ha desplegado flotas de cientos de robotaxis completamente autónomos, sin conductor de seguridad, cubriendo distritos urbanos completos con millones de habitantes.
El volumen operativo es significativo: Apollo Go ha acumulado millones de viajes y realiza cientos de miles de trayectos mensuales sin intervención humana, acercándose —y en algunos entornos superando— la escala de Waymo.
Regulación, costes y modelo chino
El avance chino se explica en gran medida por un marco regulatorio centralizado. El gobierno define zonas piloto, facilita el acceso a infraestructura y datos urbanos, y acelera los permisos de circulación autónoma. Este enfoque reduce fricciones y permite pasar rápidamente de pruebas a operaciones comerciales.
Además, Baidu ha logrado reducir de forma drástica los costes de sus robotaxis. Mientras los primeros prototipos superaban los 300.000 dólares, las generaciones actuales se estiman entre 30.000 y 40.000 dólares por vehículo, gracias a producción local de sensores, chips propios y economías de escala. Esta reducción de costes otorga a Apollo una ventaja clave en términos de rentabilidad potencial.
¿Está China más avanzada que Estados Unidos?
La respuesta no es absoluta, sino contextual.
China lidera en:
- Velocidad de despliegue
- Escala territorial autorizada
- Integración entre reguladores y empresas
- Reducción de costes por vehículo
Estados Unidos mantiene ventaja en:
- Validación tecnológica en entornos más diversos
- Transparencia regulatoria
- Confianza institucional y legal
- Madurez comercial con tarifas sostenidas
En términos prácticos, China ha llevado la conducción autónoma a más ciudadanos en menos tiempo, mientras que EEUU, con Waymo como principal exponente, ha priorizado un crecimiento más cauteloso y jurídicamente robusto.
Impacto competitivo y riesgos persistentes
La ventaja de Waymo radica en su experiencia acumulada, su infraestructura comercial y su historial de seguridad. Tesla aporta marca, base instalada y potencial de escalabilidad futura. Baidu, por su parte, combina escala, bajo coste y apoyo estatal.
Ninguno está exento de riesgos. Los sistemas autónomos aún enfrentan desafíos en situaciones complejas, eventos imprevisibles y aceptación pública. Cada incidente recuerda que la autonomía plena es una transición gradual, no un salto instantáneo.
Conclusión: un tablero de juego multipolar
La carrera por los robotaxis no tendrá un único ganador global. Se perfila un mundo multipolar, donde Waymo lidera en Estados Unidos, Apollo domina China, y Tesla apuesta por una disrupción futura basada en producción masiva y software.
Más allá de la tecnología, la conducción autónoma se ha convertido en una infraestructura estratégica, donde convergen innovación, regulación y geopolítica. Waymo ha avanzado primero en el mercado occidental, pero las piezas siguen en movimiento. El futuro del transporte autónomo no solo se decidirá en las calles, sino también en los marcos regulatorios, las cadenas de suministro, y la confianza del público.
La revolución ya está en marcha. La pregunta no es si los robotaxis llegarán a dominar las ciudades, sino quién controlará esa movilidad cuando lo hagan.

