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28/09/26

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INFORME GEOPOLÍTICO MONOGRÁFICO SOBRE LA ONU – Gustavo de Arístegui

INFORME GEOPOLÍTICO MONOGRÁFICO

La ONU al cierre de la 81.ª Asamblea General: si no existiese, habría que inventarla. Pero no así

 

I. INTRODUCCIÓN

Hoy, lunes 28 de septiembre, se cierra en Nueva York el debate general del 81.º periodo de sesiones de la AGNU (United Nations General Assembly, Asamblea General de las Naciones Unidas), celebrado bajo el lema «Restaurar la confianza, gestionar la transformación: unas Naciones Unidas que cumplan para todos». Este informe monográfico, construido sobre el artículo del autor publicado ayer en La Razón («Si la ONU no existiese, habría que inventarla. Pero no así»), examina el estado real de la ONU (United Nations, Organización de las Naciones Unidas) al término de su semana de alto nivel: lo que la Asamblea ha dejado de ser, el defecto congénito del veto, la anatomía de su gasto, una propuesta de reforma jurídicamente viable y la sucesión de António Guterres, cuyo mandato expira el 31 de diciembre.

La tesis central es doble. Por un lado, la Organización sigue siendo imprescindible: ninguna otra instancia ofrece un foro verdaderamente universal, ni despliega sobre el terreno agencias que, como el ACNUR o el PMA, sostienen a millones de personas en los escenarios más peligrosos del planeta. Por otro, su arquitectura está agotada: el veto absoluto de los cinco miembros permanentes, heredado de San Francisco, ha convertido al CSNU (United Nations Security Council, Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas) en un órgano prácticamente inoperante ante las guerras que hoy definen el orden internacional.

La semana que termina lo ha demostrado con crudeza. La única iniciativa de peso sobre la guerra con Irán —la propuesta del régimen de Teherán para reabrir el estrecho de Ormuz en siete días— se ha tramitado a través de mediadores como Pakistán, Catar y Omán, no en el Consejo de Seguridad, y el presidente Trump la rechazó el sábado. Mientras tanto, la ofensiva de los terroristas hutíes contra Arabia Saudí ha precipitado una coalición de hecho entre Riad, Islamabad y Ankara, al margen de cualquier mandato de Naciones Unidas. La diplomacia decisiva de 2026 ocurre fuera del edificio.

Conforme a la fórmula empleada en el monográfico del 11 de septiembre, las noticias más destacadas de las últimas 24 horas no se agrupan en una sección propia, sino que se incorporan al Rack de Medios (sección III) y al Semáforo de Riesgos (sección IV).

II. ANÁLISIS MONOGRÁFICO

1. Una Asamblea que ya no sirve para lo que servía

Hechos

Durante la Guerra Fría, y paradójicamente, la Asamblea General era el centro de la diplomacia mundial. Las reuniones en los márgenes del plenario constituían un hervidero de contactos que a los países pequeños y medianos les habría resultado muy difícil organizar en una era sin comunicaciones instantáneas: en los pasillos se improvisaban despachos, mientras las potencias se reunían discretamente, con todos los medios a su alcance, en sus misiones permanentes o en la residencia de su embajador. Aquella Asamblea servía para algo.

La de este año ha servido, sobre todo, para medir cuánto se ha degradado. António Guterres, en su última semana de alto nivel, pidió un mundo construido sobre la interdependencia y recordó a las superpotencias que su poder no es tan «súper». Apenas una hora después, Donald Trump ofreció la lectura contraria, al presentarse como quien no ha prometido fuerza, sino que la ha usado. El presidente estadounidense amenazó con «aniquilar» a Irán si no hay acuerdo, acusó a la Organización de imponer la agenda de extrema izquierda de burócratas globalistas y arremetió contra la CPI (International Criminal Court, Corte Penal Internacional). La única noticia diplomática tangible de la semana fue que sus enviados se reunieron durante tres horas con funcionarios iraníes en los márgenes de la Asamblea: en los márgenes, como en la Guerra Fría; no en el plenario, que ya no sirve para eso.

Desde esa misma tribuna, el régimen iraní propuso reabrir el estrecho de Ormuz en el plazo de una semana si se cumplían siete condiciones, entre ellas el levantamiento del bloqueo naval estadounidense, la liberación de sus fondos congelados y el cese de los ataques en todos los frentes, incluido el Líbano. En lo sustancial, la oferta equivalía a regresar al memorándum de entendimiento de junio, y Teherán añadió que la reapertura debería articularse mediante un acuerdo bilateral ya cerrado con Omán. Trump la rechazó el sábado; el domingo, el ministro de Exteriores, Abbas Araghchi, replicó que Irán no rebajará sus condiciones y aguardará una respuesta oficial a través de Pakistán, Catar y Omán.

La excepción al tono general, unánimemente elogiada como el mejor discurso de la sesión —para el nivel de la sesión, conviene precisarlo—, fue la intervención del presidente de Finlandia, Alexander Stubb. Citó a Kofi Annan, planteó la disyuntiva como una elección entre cooperación o conflicto y pidió una refundación, un nuevo «momento San Francisco»: al menos dos nuevos asientos permanentes para África, dos para Asia-Pacífico y uno para Iberoamérica; que ningún Estado tenga por sí solo derecho de veto; y que a todo miembro del Consejo que viole la Carta se le suspenda el voto.

Implicaciones

El plenario se ha convertido en una sucesión de monólogos dirigidos a las audiencias nacionales de cada orador, mientras la negociación real se desplaza a los pasillos o, directamente, a capitales mediadoras ajenas al sistema de Naciones Unidas. Que el canal sobre Ormuz pase por Islamabad, Doha y Mascate, y no por el Consejo de Seguridad, es la prueba más elocuente de que la Organización asiste como espectadora a la crisis de mayor impacto económico mundial del año.

A ello se suma la calidad de las otrora élites políticas, hoy simples clases políticas, que es una de las causas del agravamiento. Basta imaginar los pasillos de la ONU y las reuniones bilaterales con figuras de la talla de Adenauer, De Gaulle o Eisenhower y, más cerca de nuestro tiempo, Kohl, Mitterrand, Felipe González o José María Aznar, para medir la distancia con el presente. El discurso de Stubb demuestra que el debate sobre la reforma sigue vivo entre las democracias medianas, pero carece de valedores entre los cinco miembros permanentes, que son quienes deciden.

Perspectivas y escenarios

  • Escenario base (más probable): el debate general concluye hoy sin resultados operativos, y la atención se traslada a la reunión de alto nivel sobre la eliminación de las armas nucleares prevista para mañana, 29 de septiembre, y a la carrera sucesoria en el Consejo de Seguridad.
  • Escenario alternativo: los contactos en los márgenes cristalizan en un canal estable entre Washington y Teherán a través de los mediadores, lo que hoy parece poco probable tras el rechazo de Trump y la negativa iraní a flexibilizar sus condiciones.
  • Escenario de riesgo: la semana de Nueva York queda como un paréntesis diplomático antes de una nueva escalada en Ormuz, con ataques a buques y represalias estadounidenses limitadas contra activos navales del CGRI (Sepah-e Pasdaran-e Enqelab-e Eslami, Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica).

2. Una crisis de origen: el veto de San Francisco

Hechos

La crisis de las Naciones Unidas es de origen, aunque no estable: nace en San Francisco con el sistema de veto concedido a los vencedores de la guerra, y desde entonces ha ido cuesta abajo. El propio Harry Truman lo reconoció al clausurar la Conferencia el 26 de junio de 1945, cuando afirmó que la Carta, como la Constitución americana, «se ampliará y mejorará con el paso del tiempo», pues nadie pretendía que fuese un instrumento definitivo ni perfecto. Ochenta y un años después, sigue prácticamente intacta.

A ese defecto congénito se sumó el crecimiento de la institución en miembros —de los 51 fundadores a los 193 actuales—, en atribuciones y en agencias especializadas: un verdadero laberinto de responsabilidades cruzadas y de competencia entre organismos, y entre sus líderes, movidos por ambiciones y egos no pocas veces desmedidos. El secretario general no es el jefe de los jefes de Estado —y menos mal—, pero la administración que dirige con poderes bastante omnímodos es, en el mejor de los casos, que además es la mayoría, mediocre en su funcionamiento, cuando no simplemente incompetente. El propio Guterres admitió en agosto, en declaraciones al Financial Times, que el Consejo de Seguridad está prácticamente paralizado por los vetos, sobre todo de Estados Unidos y Rusia.

Implicaciones

El veto absoluto ha degenerado en un sistema de irresponsabilidad protegida: cada miembro permanente se blinda a sí mismo y blinda a sus clientes. Rusia ha vetado sistemáticamente cualquier resolución que condene su agresión contra Ucrania y su pretensión de adquirir territorio por la fuerza, en abierta contradicción con el artículo 2.4 de la Carta; Estados Unidos ha ejercido el suyo en los proyectos sobre Gaza; China protege a sus socios cuando lo exige su interés. El resultado es un Consejo que no puede actuar precisamente en los conflictos para los que fue concebido. Que el secretario general saliente describa su propia impotencia es un difícil epitafio para diez años de mandato.

Perspectivas y escenarios

Sin reforma, el Consejo seguirá siendo sorteado por coaliciones ad hoc y mediaciones bilaterales, y la centralidad de la Carta se erosionará a favor de un minilateralismo de geometría variable. La semana ofrece dos ejemplos nítidos: la mediación paquistaní, catarí y omaní en Ormuz, y la respuesta coordinada de Arabia Saudí, Pakistán y Turquía frente a los terroristas hutíes, con Francia desplegando tropas para proteger la terminal petrolera saudí de Yanbu sin sumarse formalmente al conflicto. Ninguna de esas dinámicas pasa por Nueva York.

3. Lo que cuesta y lo que se hace

Hechos

Sobre el coste de la Organización circulan cifras para todos los gustos, y conviene ordenarlas con claridad. El presupuesto ordinario de la Secretaría —lo que pagan los Estados por cuotas obligatorias— se ha recortado para 2026 hasta unos 3.240 millones de dólares, un 15 % menos que en 2025, con una reducción del 18,8 % de los puestos de trabajo, porque, en palabras del secretario general, la ONU corre una «carrera hacia la bancarrota» si los Estados no pagan a tiempo; solo los atrasos acumulados a final de 2025 sumaban 760 millones. De ese presupuesto ordinario, aproximadamente el 70 % es nómina y el 30 % restante se destina a edificios, tecnología, seguridad, conferencias, traducción y viajes.

Sería un error, sin embargo, deducir de ahí que la ONU gasta el 70 % en burocracia y el 30 % en ayudar. La ayuda humanitaria, los refugiados, la alimentación o las vacunas no salen de ese presupuesto, sino de las contribuciones voluntarias que financian a los fondos y programas. Si se mira el sistema entero, el gasto anual ronda los 67.000 millones de dólares, y casi la mitad es asistencia humanitaria.

Hay agencias que llevan a cabo una labor ejemplar, con funcionarios y empleados locales que son verdaderos héroes anónimos: el ACNUR (Office of the United Nations High Commissioner for Refugees, Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados), el PMA (World Food Programme, Programa Mundial de Alimentos) e incluso las misiones sobre el terreno de UNICEF (United Nations Children’s Fund, Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia), de la OMS (World Health Organization, Organización Mundial de la Salud) o del PNUD (United Nations Development Programme, Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo). Yemen lo ilustra estos días: según el representante de UNICEF en el país, al menos 146.000 personas se han visto desplazadas en las últimas tres semanas, sobre todo en la gobernación de Taiz, y la agencia ha verificado al menos 15 niños muertos y 14 heridos desde principios de septiembre. La OCHA (Office for the Coordination of Humanitarian Affairs, Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios) calcula que más de 22 millones de yemeníes necesitan asistencia, 18,3 millones sufren inseguridad alimentaria aguda y 2,2 millones de menores de cinco años padecen desnutrición aguda.

Implicaciones

El problema, por tanto, no es que la Organización sea cara en bruto —el presupuesto ordinario de la ONU es inferior al de muchas ciudades europeas—, sino que el dinero de las cuotas se destina casi íntegramente a una estructura que duplica funciones, que se pelea por competencias entre agencias y cuya eficacia nadie audita con criterios de resultados. La paradoja es que la parte que funciona, la que salva vidas sobre el terreno, depende de contribuciones voluntarias sujetas a la voluntad cambiante de los donantes. El contraste entre esa gente y los pasillos de la Secretaría en Nueva York es la mejor prueba de que el problema no es la idea, sino su arquitectura.

Perspectivas y escenarios

La crisis de liquidez ofrece al próximo secretario general una oportunidad, pero también un riesgo. La oportunidad consiste en fusionar agencias con mandatos solapados, reducir sedes y someter cada programa a auditorías de resultados. El riesgo es que los recortes, a falta de reforma, acaben recayendo sobre las operaciones de terreno, que son precisamente las que justifican la existencia de la Organización ante la opinión pública de los países contribuyentes.

4. Reformar el veto sin pedir imposibles

Hechos

Aquí es donde el discurso de Stubb, con toda su nobleza, se estrella contra la Carta. La abolición del veto exige enmendar el artículo 27.3, y el artículo 108 establece que toda enmienda requiere dos tercios de la Asamblea General y la ratificación por dos tercios de los Estados miembros, incluidos todos los miembros permanentes del Consejo: los cinco tendrían que ratificar su propia decapitación. Lo mismo ocurre con la suspensión del voto a quien viole la Carta: el artículo 5 ya permite suspender a un Estado, pero solo previa recomendación del Consejo de Seguridad, esto es, sujeta a veto. Rusia se vetaría a sí misma con toda tranquilidad. Pedir a los cinco que renuncien al veto es como pedirles que se amputen los dos brazos.

Existe, sin embargo, un precedente de reforma aceptada. En 1963 la Asamblea aprobó la resolución 1991 (XVIII), que amplió el Consejo de once a quince miembros; la Unión Soviética y Francia votaron en contra y Estados Unidos se abstuvo, pero los cinco acabaron ratificándola, y la enmienda entró en vigor en 1965. Es la única enmienda que ha conocido el Consejo, y demuestra que los grandes aceptan lo que no pueden bloquear políticamente. La práctica, además, ha ido erosionando el veto sin tocar una coma: la CIJ (International Court of Justice, Corte Internacional de Justicia), en su opinión consultiva sobre Namibia de 1971, confirmó que la abstención voluntaria de un miembro permanente no equivale a veto, contra la letra estricta del artículo 27.3; y desde 2022 la resolución 76/262 de la Asamblea obliga a que todo veto se debata y justifique ante el plenario.

Lo que algunos llevamos años pidiendo es más modesto y, precisamente por eso, posible. El cuadro siguiente compara las tres opciones en liza.

ModeloQué suponeViabilidad
Veto absoluto (statu quo)Un solo miembro permanente bloquea cualquier decisión sustantiva, incluidas las del Capítulo VII.Vigente. Produce la parálisis que el propio Guterres ha reconocido.
Abolición del veto (propuesta Stubb)Ningún Estado podría bloquear por sí solo; suspensión del voto a quien viole la Carta.Nula a corto y medio plazo: exige la ratificación de los cinco, que tendrían que renunciar a su privilegio (art. 108).
Veto ponderado (propuesta del autor)Las decisiones del Capítulo VII se entenderían aprobadas con nueve votos afirmativos salvo que dos o más miembros permanentes votasen en contra.Difícil pero negociable: sigue requiriendo la ratificación de los cinco, pero les pide renunciar a un monopolio, no a su poder.

 

Implicaciones

La propuesta tiene dos pilares. Primero, la incorporación de nuevos miembros permanentes: India y Japón sin discusión, quizás Alemania, junto a representación africana e iberoamericana. Segundo, transformar el veto absoluto en un veto ponderado, que es casi una contradicción en los términos pero tiene una traducción jurídica precisa: añadir al artículo 27.3 una regla especial para las decisiones adoptadas en virtud del Capítulo VII —las que atañen a la paz y la seguridad internacionales, las únicas de obligado cumplimiento—, de modo que se entenderían aprobadas con el voto afirmativo de nueve miembros salvo que dos o más miembros permanentes emitiesen voto negativo.

Un solo veto dejaría de bastar; haría falta un socio de veto. Eso no elimina el privilegio de los cinco, pero lo convierte en un poder de coalición y no de capricho, y obligaría a Moscú a buscar a Pekín, o a Washington a buscar a Londres o París, cada vez que quisiera bloquear una resolución sobre Ucrania, Gaza, Sudán o el Sahel, o nuevas sanciones contra Rusia o Irán. El coste político de bloquear aumentaría de forma considerable, porque todo veto pasaría a ser, necesariamente, una alianza visible y justificable ante el plenario, en la línea que ya inauguró la resolución 76/262.

Perspectivas y escenarios

  • A corto plazo, el escenario más probable es el statu quo, con una erosión práctica del veto por la vía de la rendición de cuentas ante la Asamblea.
  • A medio plazo, la ampliación del Consejo con nuevos miembros permanentes —con o sin veto para los recién llegados— es la reforma más viable, porque reproduce la lógica de 1963: una presión mayoritaria que los grandes no pueden bloquear sin coste.
  • A largo plazo, el veto ponderado constituye el horizonte negociador realista, frente a una abolición que, por loable que sea, solo sirve para que nada cambie.

5. La sucesión de Guterres: se decide entre los cinco

Hechos

Conforme al artículo 97 de la Carta, el secretario general es nombrado por la Asamblea General a recomendación del Consejo de Seguridad. El Consejo celebró el pasado 18 de septiembre su tercera ronda de straw polls (sondeos informales), sin un claro favorito. Según los resultados filtrados, Rebeca Grynspan, costarricense y secretaria general de la UNCTAD (United Nations Conference on Trade and Development, Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo), recuperó el liderazgo con nueve votos de aliento, cinco de desaliento y una abstención de opinión, seguida de la guyanesa Carolyn Rodrigues-Birkett, con ocho votos de aliento.

Tras ese sondeo, en el que obtuvo un solo voto de aliento frente a once de desaliento, la expresidenta chilena Michelle Bachelet retiró su candidatura el sábado 19 de septiembre. Quedan, por tanto, siete aspirantes: Grynspan, Rodrigues-Birkett, el argentino Rafael Grossi, director general del OIEA (International Atomic Energy Agency, Organismo Internacional de Energía Atómica), el expresidente senegalés Macky Sall, la ecuatoriana María Fernanda Espinosa, su compatriota Ivonne A-Baki, presentada por Tonga, y el ugandés Olara Otunnu. No hay fecha para el cuarto sondeo, las papeletas aún no distinguen por colores los votos de los miembros permanentes y el Consejo aspira a formular su recomendación en octubre. Todavía pueden entrar nuevos candidatos.

Implicaciones

Mientras las papeletas no se diferencien por colores, nadie sabe si los votos de desaliento que ha recibido cada candidato proceden de algún miembro permanente, es decir, si equivalen a un veto encubierto. La elección, por tanto, se dirime en la trastienda de los cinco, como siempre. Quien resulte elegido heredará una Organización en quiebra técnica, un Consejo bloqueado y una guerra en el Golfo que ya ha cerrado de hecho la principal arteria energética del planeta. La convención de rotación regional apunta a Iberoamérica, lo que abre la posibilidad del primer secretario general iberoamericano desde el peruano Javier Pérez de Cuéllar, un asunto que debería interesar a la diplomacia española más de lo que hasta ahora ha dejado ver.

Perspectivas y escenarios

  • Escenario A: Grynspan consolida su ventaja si en los próximos sondeos, ya con papeletas de colores, ningún miembro permanente la desalienta.
  • Escenario B: el bloqueo entre los cinco favorece a un candidato de compromiso, incluso uno de nueva entrada, como ocurrió en 1981 con el propio Pérez de Cuéllar.
  • Escenario C: la parálisis se prolonga hasta noviembre o diciembre, con el consiguiente acortamiento del periodo de transición y un nuevo secretario general debilitado desde el primer día.

III. RACK DE MEDIOS

Selección de las informaciones más relevantes de las últimas 24 horas, publicadas por medios de la lista de referencia, con la lectura correspondiente.

Al Jazeera (Doha) — Ormuz tras el rechazo de Trump.

Horas después de que Washington descartase la hoja de ruta iraní, los medios iraníes informaron de explosiones cerca de la isla de Qeshm, atribuidas a misiles antibuque y drones lanzados contra buques que transitaban sin autorización de Teherán. El CGRI difundió el domingo un vídeo de lo que presenta como el segundo dron submarino estadounidense capturado este mes, y la autoridad iraní del estrecho amenazó con incluir en una lista negra a los fletadores que ordenen rutas no autorizadas. Lectura: el régimen oligárquico-yihadista combina la oferta en Nueva York con la extorsión en el agua; es el mismo chantaje con dos rostros.

Al Jazeera (Doha) — Desmentido estadounidense.

Washington rechazó la afirmación iraní de haber capturado un dron «avanzado» en Ormuz. Lectura: la guerra de relatos sobre el control del estrecho es tan intensa como la operativa; cada parte necesita proyectar dominio ante sus opiniones públicas y ante los mercados.

Bloomberg (Nueva York) — Teherán no cede.

Irán asegura que aguarda una respuesta estadounidense definitiva a su propuesta de siete días, pero advierte de que no suavizará sus condiciones. Lectura: la oferta no era una concesión, sino un intento de recuperar el memorándum de junio con el bloqueo levantado y los fondos liberados.

Fox News (Nueva York) — Trump: victoria «muy pronto».

El presidente afirmó que la guerra con Irán se ganará muy pronto, no descartó nuevos ataques y aseguró que durante la noche salió del estrecho una cantidad récord de crudo, superior a la previa a la guerra. Lectura: la retórica triunfalista choca con los datos de tránsito comercial y con la ausencia de un plan para el día después; el éxito táctico no se está traduciendo en éxito geopolítico.

CBS (Nueva York) — Entrevista a Pezeshkian.

En una entrevista emitida el domingo, el presidente iraní afirmó que su país cumplirá sus compromisos y se mostró abierto a reanudar las negociaciones nucleares si Estados Unidos acepta su propuesta. Lectura: Pezeshkian sigue siendo la cara amable de un sistema en el que el poder real reside en el aparato de seguridad; sus palabras no comprometen a quienes deciden.

Al Jazeera (Doha) — Yemen: contraofensiva gubernamental en Taiz.

Las fuerzas del Gobierno legítimo yemení afirman haber llevado a cabo múltiples operaciones aéreas y terrestres contra los terroristas hutíes en Taiz en 24 horas, tras la toma hutí de Moca y el avance sobre Bab el Mandeb. La coalición liderada por Arabia Saudí interceptó el sábado dos misiles balísticos y dos drones lanzados contra Riad y Jamis Mushait; el ministro saudí de Exteriores pidió en la Asamblea General la condena internacional de esos ataques, el secretario general del CCG (Gulf Cooperation Council, Consejo de Cooperación del Golfo) los calificó de violación flagrante de la soberanía saudí y el ministro de Defensa saudí invocó el Acuerdo de Defensa Conjunta de La Meca con Pakistán. Lectura: se consolida un eje Riad-Islamabad-Ankara frente al terrorismo hutí, mientras Teherán niega cualquier papel, una negación que nadie en la región se cree.

The Kyiv Independent (Kiev) — Ofensiva aérea rusa y respuesta ucraniana.

Los ataques rusos causaron 14 muertos y 57 heridos en Ucrania, con un ataque masivo contra la región de Odesa y el lanzamiento de 170 drones de tipo Shahed. Ucrania, por su parte, golpeó una planta de la Corporación de Misiles Tácticos en Azov que fabrica componentes de misiles, y Polonia se ofreció a albergar una línea de producción de sistemas Patriot para Ucrania tras obtener Kiev la licencia estadounidense. Lectura: mientras la Asamblea discute sobre la reforma del Consejo, el miembro permanente que la bloquea sigue bombardeando a la población civil de un Estado miembro.

Ukrinform (Kiev) — Kiev bajo los drones.

Nueve personas resultaron heridas en Kiev el domingo, y Rusia empleó 277 drones de ataque, 155 de ellos de propulsión a chorro, desde el día anterior; en el distrito de Bucha murieron dos personas. Lectura: la proporción creciente de drones a reacción plantea un desafío cualitativo para la defensa antiaérea ucraniana en vísperas del invierno.

UN News (fuente institucional) — Quinta jornada del debate general.

La inteligencia artificial y la migración dominaron la sesión del sábado; el ministro alemán de Exteriores, Johann Wadephul, sostuvo que cuando el poder se vuelve global, también debe hacerlo la responsabilidad, y Yibuti pidió ayuda internacional ante la llegada de miles de refugiados que huyen de Yemen. Lectura: la agenda de la Asamblea sigue desconectada de su competencia real; se habla de todo y se decide casi nada.

  1. SEMÁFORO DE RIESGOS
ÁmbitoNivelJustificación
Estrecho de Ormuz y guerra con Irán● CRÍTICORechazo estadounidense a la propuesta iraní, explosiones cerca de Qeshm y amenazas de represalia del CGRI: el ciclo de ataques y réplicas limitadas ha vuelto a activarse y el tránsito comercial sigue prácticamente paralizado.
Mar Rojo, Yemen y Bab el Mandeb● CRÍTICOLos terroristas hutíes controlan Moca, lanzan misiles y drones contra Riad y Jamis Mushait y amenazan la ruta alternativa saudí; la coalición de hecho con Pakistán y Turquía eleva el riesgo de internacionalización.
Guerra de Ucrania● ALTOAtaques masivos contra Odesa y Kiev con uso creciente de drones a reacción; la respuesta ucraniana contra la industria de misiles rusa y la oferta polaca de producir Patriot mantienen el equilibrio de desgaste.
Parálisis del Consejo de Seguridad● ALTORiesgo estructural: el veto absoluto impide actuar en todas las guerras abiertas y desplaza la diplomacia hacia mediadores ajenos al sistema.
Liquidez y financiación de la ONU● ALTOPresupuesto ordinario recortado un 15 %, atrasos de 760 millones al cierre de 2025 y riesgo de que los ajustes recaigan sobre las operaciones de terreno.
Sucesión del secretario general● MODERADOSiete candidatos, ningún consenso entre los cinco y papeletas todavía sin colores; posible prolongación del bloqueo hasta finales de año.
Reforma incremental del Consejo● OPORTUNIDADEl precedente de 1963 y la resolución 76/262 demuestran que la ampliación y la rendición de cuentas del veto son posibles; el veto ponderado ofrece un horizonte negociador realista.

 

V. COMENTARIO EDITORIAL

El 26 de junio de 1954, nueve años exactos después de que Truman clausurase la Conferencia de San Francisco, Winston Churchill dejó en la Casa Blanca una de sus fórmulas más citadas: «To jaw-jaw is always better than to war-war» (siempre es mejor hablar y hablar que guerrear y guerrear). Era una defensa modesta, casi escéptica, de las instituciones de diálogo, y conviene leerla con la misma modestia. La semana que hoy termina en Nueva York ha demostrado que la Asamblea General sigue siendo el único lugar donde todos hablan con todos; también ha demostrado que hablar allí ya no equivale a negociar.

La guerra de Irán lo resume. El régimen oligárquico-yihadista de Teherán ha utilizado la tribuna para presentar como iniciativa de paz lo que en realidad es un chantaje: reabrir un estrecho que él mismo ha cerrado a cambio de que se le levante el bloqueo, se le liberen los fondos y se detengan los ataques contra sus terroristas de Hizbulá en el Líbano. Washington ha hecho bien en no aceptar el regreso a un memorándum que el propio régimen incumplió. Pero el rechazo, pronunciado entre amenazas de aniquilación y alardes sobre récords de crudo, no sustituye a una estrategia: a la eficacia táctica y militar de la campaña se sigue contraponiendo la ausencia de un plan para el día después, y eso convierte un éxito militar en un fracaso geopolítico. Cabe confiar en que el sistema estadounidense, y figuras como Marco Rubio, acaben imponiendo la prudencia sobre el exabrupto.

Henry Kissinger sostuvo, en World Order (2014), que ningún orden internacional perdura si no descansa a la vez sobre un equilibrio de poder y sobre un principio de legitimidad compartido; la cita se ofrece aquí en estilo indirecto. Las Naciones Unidas nacieron para dotar de legitimidad al equilibrio surgido de 1945, y el veto era el precio que las potencias exigieron para aceptarla. Ochenta y un años después, ese precio se ha comido la legitimidad: el Consejo no puede condenar la agresión rusa contra Ucrania porque el agresor tiene derecho de veto, ni ordenar la reapertura de Ormuz porque el régimen iraní cuenta con valedores en él. El poder se ha quedado; la legitimidad se ha ido a Islamabad, a Doha, a Mascate y a Riad.

Europa, entretanto, vuelve a asistir como espectadora. Salvo Francia, que ha desplegado tropas para proteger la terminal de Yanbu, ninguna capital europea tiene un papel reconocible en las dos crisis que están redibujando el mapa energético del mundo. España, que podría jugar la baza de un secretario general iberoamericano y de su propia experiencia en la reforma del Consejo, no ha dicho nada relevante esta semana. Es la misma incapacidad de tomarse en serio la propia seguridad que venimos denunciando desde hace años.

Dag Hammarskjöld dejó dicho en 1954 que las Naciones Unidas no fueron creadas para llevar a la humanidad al cielo, sino para salvarla del infierno. Con esa vara de medir, y a pesar de todos sus graves defectos y carencias, hay que decirlo sin rodeos: si la ONU no existiese, la tendríamos que inventar. Pero la inventaríamos con menos edificios y más Cascos Azules, con menos secretarías y más cocinas de UNICEF, y con un Consejo de Seguridad en el que un solo Estado no pudiera secuestrar la paz del mundo.

Gustavo de Arístegui

Diplomático / Exembajador de España / Escritor / Analista geopolítico

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