La administración de Donald Trump ha solicitado al Congreso un presupuesto de defensa sin precedentes para el ejercicio fiscal 2027, elevando el gasto militar hasta los 1,5 trillones de dólares, frente a los aproximadamente 900 billones aprobados para 2026, un incremento cercano al 60%. La cifra situaría el gasto en defensa en torno al 30% de los ingresos fiscales federales, un nivel no visto desde los grandes conflictos del siglo XX.
La propuesta, que marcaría el mayor esfuerzo militar en tiempos de paz de la historia moderna de Estados Unidos, refleja un giro inequívoco en las prioridades fiscales de Washington: la seguridad nacional pasa a ocupar el centro del escenario, incluso a costa de programas domésticos y del deterioro de las cuentas públicas.
Un giro estructural en las prioridades presupuestarias
El plan presupuestario plantea no solo un aumento masivo del gasto en defensa, sino también una reducción del gasto no militar de aproximadamente 73.000 millones de dólares, mediante recortes en múltiples agencias federales y programas sociales.
Funcionarios de la Casa Blanca justifican esta reorientación como una respuesta a un entorno geopolítico volátil y a los conflictos en curso, con nuevas inversiones en defensa antimisiles, construcción naval, industria militar, y aumentos salariales para las fuerzas armadas.
Sin embargo, incluso con los recortes y con el aumento previsto de ingresos por aranceles, analistas presupuestarios estiman que el déficit federal superará con creces los 2 trillones de dólares, por encima de los niveles actuales cercanos a 1,8–1,9 trillones, debido principalmente al aumento del gasto militar.
El mensaje político: el Gobierno federal no puede “pagarse todo”
La lógica de la Casa Blanca quedó resumida en un vídeo difundido en redes sociales en el que el presidente afirmó:
“We’re fighting wars. It’s not possible for us to take care of day care, Medicaid, Medicare, all these individual things. They can do it on a state basis. You can’t do it on a federal.”
El mensaje político es claro: el Gobierno federal debe centrarse en defensa, mientras que muchos programas sociales deberían trasladarse a los estados.
Partidas que se recortan y ahorro estimado
El presupuesto incluye recortes en múltiples departamentos y programas federales. Entre los principales:
Agricultura
- Programas agrícolas y desarrollo rural: –4.900 millones
- Programa McGovern-Dole de alimentación internacional: –240 millones
- Subvenciones a instalaciones comunitarias rurales: –659 millones
Comercio e industria
- Economic Development Administration: –449 millones
- NOAA (investigación climática y océanos): –1.600 millones
- NIST (tecnología e industria): –993 millones
- NTIA (infraestructura telecomunicaciones): –2.200 millones
Educación
- Eliminación y consolidación de programas K-12: –8.500 millones
- Programas de educación superior: –2.700 millones
- Programas de aprendizaje de inglés: –890 millones
- Formación técnica y empleo: –1.500 millones
Energía y medio ambiente
- Programas de energía limpia y clima: –15.200 millones
- Office of Science: –1.100 millones
- ARPA-E (innovación energética): –150 millones
Salud y servicios sociales
- LIHEAP (ayuda energética a hogares vulnerables): –4.000 millones
- Programas de refugiados: –768 millones
- Community Services Block Grant: –775 millones
- NIH (investigación médica): –5.000 millones
- Programas de salud pública y preparación hospitalaria: –240 millones
Seguridad nacional interior
- FEMA programas no relacionados con desastres: –1.300 millones
- CISA (ciberseguridad): –707 millones
Vivienda
- Community Development Block Grant: –3.300 millones
- HOME Investment Partnerships: –1.300 millones
- Programas para personas sin hogar: –393 millones
- Vivienda para personas con VIH/SIDA: –529 millones
Otros recortes por departamento
- Salud y Servicios Humanos: –15.400 millones
- Vivienda y Desarrollo Urbano: –10.700 millones
- Departamento de Estado y ayuda exterior: –15.500 millones
- EPA: –4.600 millones
- NASA: –5.600 millones
- National Science Foundation: –4.800 millones
- Departamento de Trabajo: –3.500 millones
En conjunto, los recortes en gasto no militar ascienden a decenas de miles de millones, aunque insuficientes para compensar el aumento del gasto en defensa.
Financiación y déficit
La administración sostiene que parte del aumento del gasto se financiará mediante aranceles comerciales. Sin embargo, incluso con mayores ingresos y recortes domésticos, el aumento del gasto militar empujará el déficit federal muy por encima de los 2 trillones de dólares, consolidando una trayectoria de deuda creciente.
Un debate político e histórico
Más allá de su viabilidad legislativa, el presupuesto de 2027 constituye una declaración estratégica: Estados Unidos priorizará su papel como potencia militar global incluso a costa de reducir el alcance del Estado federal en sanidad, educación, vivienda, e investigación.
El debate que se abre en Washington no es únicamente contable, sino histórico: si Estados Unidos está entrando en una nueva economía de guerra en la que la defensa vuelve a ocupar el centro de la política fiscal, desplazando el gasto social que ha definido el modelo federal durante las últimas décadas.
En última instancia, la cuestión es cuánto Estado del bienestar está dispuesto a sacrificar Estados Unidos para financiar su seguridad en un mundo cada vez más inestable.

