I. BREVE INTRODUCCIÓN
Hay jornadas en las que el mapa del mundo se entiende mejor mirando el agua que mirando la tierra. La de ayer fue una de ellas. En menos de veinticuatro horas, el régimen de Teherán y su proxy (delegado) yemení han logrado algo que la Unión Soviética no consiguió en cuarenta años de Guerra Fría: someter a amenaza simultánea los dos estrechos de los que depende el comercio entre Asia y Europa. Ormuz lleva meses convertido en un peaje extorsionador; Bab el-Mandeb acaba de incorporarse a la lista. El Brent superó los cien dólares por barril y el mundo volvió a descubrir, con la torpeza de quien tropieza dos veces en la misma piedra, que la globalización no flota en el aire, sino sobre unas pocas millas náuticas de agua estrecha y vigilada.
El resto de la jornada confirma un patrón que este informe viene señalando desde hace meses. Washington firmó el miércoles un acuerdo nuclear civil con Riad y veinticuatro horas después reescribió sus condiciones en una red social. La Oficina del Representante de Comercio (El equivalente de ministro de comercio exterior en los EEUU) levantó una nueva muralla arancelaria sobre sesenta socios comerciales que representan el noventa y nueve por ciento de las importaciones estadounidenses. En Manila, Marco Rubio y Serguéi Lavrov se vieron las caras sin resultado alguno mientras Volodímir Zelenski descabezaba de nuevo su alto mando militar. Y el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria declaró «objetivo legítimo» las bases británicas, situando por primera vez el territorio metropolitano de un aliado europeo de la OTAN en el punto de mira explícito de Teherán.
Cerramos con Elon Musk, que ha vuelto a hacer lo que mejor sabe hacer: convertir una entrevista en un acontecimiento geopolítico. Sus profecías parecen descabelladas y desde luego eso espero porque son de lo más inquietantes. Su inmensa influencia es muchas veces criticada junto al de los demás magnates tecnológicos, pues se considera que no tiene ningún control y que son ya mucho más poderosos que los estados. Hay quien dice que se debe vigilar mucho más a estas grandes corporaciones. Esa es siempre la obsesión de Europa y por eso no las tenemos en nuestro continente. Europa sigue sin querer aprender, espero no haberles amargado el fin de semana.
II. LAS SEIS NOTICIAS MÁS IMPORTANTES DE LAS ÚLTIMAS 24 HORAS
1.El doble estrangulamiento marítimo: Bab el-Mandeb se suma a Ormuz y el Brent rompe la barrera de los cien dólares
Hechos
- Los hutíes yemeníes, alineados Teherán, reivindicaron el jueves 23 ataques con misiles y drones contra dos petroleros saudíes en el mar Rojo, identificados como Encelia y Layla. La agencia oficial saudí SPA confirmó un incendio en la proa del buque Encelia. No se han reportado víctimas. Es el primer ataque desde que el grupo anunciara el lunes un bloqueo naval contra los puertos saudíes, en represalia por el bloqueo saudí de Yemen y por un ataque contra el aeropuerto internacional de Saná.
- El efecto sobre el tráfico fue inmediato. Cinco petroleros modificaron rumbo el miércoles para evitar Bab el-Mandeb y tres cargados con crudo saudí con destino a China e India dieron media vuelta el martes. El Institute for the Study of War contabiliza al menos siete buques desviados.
- El Brent superó los cien dólares por barril por primera vez en dos meses. El West Texas Intermediate avanzó más de un seis por ciento en una sola sesión hasta situarse por encima de los noventa y dos dólares, quinta jornada consecutiva al alza y máximo desde primeros de junio. Goldman Sachs advierte de que el Brent podría rebasar los ciento veinte dólares en el cuarto trimestre si Ormuz permanece interrumpido.
- Los tránsitos por Ormuz han caído en torno a un noventa por ciento. Según el análisis de HSBC, los flujos de líquidos por el estrecho se han situado en los últimos seis días por debajo de dos millones de barriles diarios, frente a más de seis millones en junio y más de diez a principios de julio.
- El Mando Central estadounidense completó su duodécima noche consecutiva de ataques sobre Irán. Teherán reivindicó, a su vez, ataques contra sistemas de misiles, armamento y depósitos de combustible estadounidenses en Jordania, así como contra posiciones militares en Kuwait, entre ellas la base aérea de Ali Al Salem y los campamentos de Arifjan y Doha.
- El presidente Trump había anunciado el miércoles una doctrina de represalia automática: por cada buque atacado en Ormuz, Estados Unidos destruirá un puente o una central eléctrica en Irán, sin excluir objetivos situados en la capital o en sus inmediaciones. Una fuente militar iraní citada por la agencia Tasnim replicó que Teherán golpearía infraestructuras, puentes e instalaciones energéticas de toda la región donde Estados Unidos tenga intereses.
- Como daño colateral, el Ministerio de Energía de Kazajistán suspendió las operaciones de carga en la terminal del Consorcio del Oleoducto del Caspio en Novorosíisk y ha recortado producción, ante la amenaza de ataques ucranianos contra infraestructura petrolera y buques en el mar Negro.
Implicaciones
Bab el-Mandeb no es un estrecho cualquiera. Por él circula alrededor del doce por ciento del comercio mundial y una cuarta parte del tráfico global de contenedores, en la ruta que une Europa y Asia a través del canal de Suez. Que los dos accesos a la península arábiga estén simultáneamente comprometidos significa que ya no hablamos de una crisis regional, sino de una disfunción estructural del comercio mundial. La ironía es amarga: los mismos analistas que durante años sostuvieron que la interdependencia económica hacía impensable la guerra descubren ahora que la interdependencia, sin capacidad de protegerla, no es un seguro sino una vulnerabilidad.
Conviene entender la lógica del adversario, porque es más inteligente de lo que se le reconoce. Teherán no necesita cerrar Ormuz: le basta con hacerlo impredecible. Las primas de seguro, los desvíos de ruta y el encarecimiento de los fletes hacen el resto sin necesidad de disparar un solo misil más. Es lo que en estos informes hemos llamado la guerra de temperatura variable: ni paz ni guerra abierta, sino un termostato que el régimen sube y baja a voluntad para extraer rentas políticas y económicas. El bloqueo hutí sobre Saná y el mar Rojo es la extensión de ese mismo termostato a un segundo cuello de botella.
Y aquí es obligado volver la mirada sobre el hombre que hoy manda en el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria. Desde el 1 de marzo, tras la muerte de Mohammad Pakpour en la primera jornada de la guerra, el CGRI está al mando del general Ahmad Vahidi. Conviene recordar su currículum, porque explica mucho de lo que estamos viendo: fue el primer comandante de la Fuerza Quds, antes que Soleimani; pesa sobre él una notificación roja de Interpol por su presunta participación como ideólogo del atentado de la AMIA en Buenos Aires; y fue sancionado por el Tesoro estadounidense por la brutal represión de las protestas posteriores a la muerte de Mahsa Amini. Los especialistas que mejor conocen la estructura de poder iraní coinciden en que es todavía más radical que su antecesor y en que es uno de los enemigos acérrimos de cualquier compromiso con Washington.
Es la paradoja del descabezamiento en su forma más pura. Se eliminó a la cúpula del régimen —incluido el propio Alí Jamenei— en la expectativa de que el sistema se plegara o implosionara, y lo que ha ocurrido es exactamente lo contrario: la orfandad de mando ha entregado el aparato coercitivo a los hombres más duros del edificio, precisamente aquellos que no tienen nada que negociar porque su supervivencia personal depende de que no haya negociación. Quien no planifica el día después no debería sorprenderse de que el día después lo planifiquen otros.
Hay, además, una dimensión saudí que no puede pasarse por alto. Riad se encuentra atacado en sus dos flancos marítimos exactamente en la semana en que firma con Washington un acuerdo nuclear civil y en que el presidente estadounidense le exige, en público, reconocer a Israel. La secuencia es, cuando menos, desafortunada.
Perspectivas y escenarios
Escenario primero, el más probable a corto plazo: desgaste de temperatura variable. Ataques esporádicos sin cierre formal de ninguno de los dos estrechos, represalias estadounidenses nocturnas y un Brent oscilando en una horquilla amplia entre los noventa y los ciento quince dólares. HSBC considera que la amenaza hutí sobre las exportaciones saudíes está sobrevalorada y la debilidad de la demanda china de crudo actúa como amortiguador. Es el escenario que conviene al régimen, porque le permite cobrar el peaje sin cruzar el umbral que provocaría una respuesta terminal.
Escenario segundo, de escalada: Trump ejecuta literalmente la doctrina del puente o la central eléctrica contra objetivos próximos a Teherán, Irán responde golpeando infraestructura energética del Golfo, y el Brent se dispara por encima de los ciento veinte dólares, con la referencia histórica de los ciento veintiocho de 2022 al alcance. La probabilidad no es despreciable, y aumenta con cada noche de bombardeos y cada buque incendiado.
Escenario tercero, de desescalada: una mediación omaní o catarí que restablezca un régimen de tránsito verificable. Es la salida sensata y, por eso mismo, la menos probable mientras el CGRI esté mandado por quien lo manda. Vigílense en todo caso los movimientos de Mascate, que ya presentó una propuesta tentativa de gestión de rutas en el estrecho.
2.Washington firma el acuerdo nuclear civil con Riad y veinticuatro horas después lo condiciona a los Acuerdos de Abraham
Hechos
- El miércoles 22, el secretario de Energía Chris Wright y su homólogo saudí firmaron el llamado acuerdo 123 de cooperación nuclear civil. Según fuentes oficiales estadounidenses, tiene un horizonte de treinta años y un valor de decenas de miles de millones de dólares, e incorpora un acuerdo bilateral de salvaguardias destinado a impedir cualquier derivación militar del programa. Va acompañado de un acuerdo bilateral de protección.
- El Organismo Internacional de Energía Atómica confirmó haber sido notificado de la intención de solicitarle medidas de verificación vinculadas al acuerdo bilateral, y declaró estar a la espera de recibir formalmente esa petición.
- El jueves 23, el presidente Trump publicó en Truth Social que el acuerdo «será aprobado, pero queda totalmente sujeto» a que Arabia Saudí se incorpore a los Acuerdos de Abraham, y añadió que no habrá enriquecimiento de material. La portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, confirmó ante la prensa que, para el presidente, el acuerdo decae si no se cumple esa condición.
- Dos funcionarios estadounidenses habían indicado a ABC News que el texto deja abierta la posibilidad de un enriquecimiento doméstico futuro. Distintos medios apuntan a un estudio de viabilidad de dos años sobre ese extremo. El Congreso dispone de noventa días de sesión para revisar el acuerdo antes de su entrada en vigor.
- Desde Manila, el secretario de Estado Marco Rubio subrayó que el acuerdo garantiza que Riad trabaje con empresas estadounidenses y no con competidores, mencionando a China, Corea del Sur, Francia y Rusia como alternativas a las que el reino podría recurrir.
- Benjamin Netanyahu saludó públicamente la perspectiva de una adhesión saudí a los Acuerdos de Abraham, aunque el acuerdo nuclear había suscitado críticas previas en medios oficiales israelíes. Riad no se pronunció sobre la condición impuesta por Trump. El reino ha venido rechazando la normalización con Israel sin una vía seria hacia la creación de un Estado palestino.
Implicaciones
Empecemos por lo esencial, porque en este punto conviene ser claros y no sumarse al coro fácil de la equidistancia: el acuerdo nuclear civil con Arabia Saudí es una buena noticia y merece aplauso, no censura. No estamos ante un doble rasero. Washington verificará que el programa saudí permanezca estrictamente civil —y el OIEA ha sido ya notificado a tal efecto—, mientras que nadie, absolutamente nadie, puede responder de las intenciones del programa iraní. Riad lo obtiene porque es un aliado sólido de Estados Unidos y un pilar de estabilidad regional, y porque quiere de verdad dejar de quemar crudo y gas para generar electricidad, lo que es tan legítimo como razonable. El mensaje que se envía es el correcto: Occidente comparte tecnología con quien quiere un programa genuinamente pacífico, mientras que las instalaciones de doble uso, el plutonio y los enriquecimientos por encima del noventa por ciento revelan por sí solos la intención de quien las opera. Y hay un mensaje disuasorio implícito que Teherán haría bien en descifrar: la cooperación nuclear entre Washington y Riad podría reorientarse de lo civil a lo militar si Irán cruza el umbral atómico.
Dicho esto, y precisamente porque el fondo nos parece acertado, el método merece una crítica severa. Firmar un tratado de treinta años el miércoles y reescribir sus condiciones esenciales el jueves en una red social no es negociación dura: es improvisación transaccional. Devalúa la firma de los Estados Unidos, que es el activo estratégico más valioso que posee la primera potencia mundial, y coloca a un socio en la humillante posición de negociar en público lo que había cerrado en privado. Es exactamente el patrón de intuición y exabrupto que venimos criticando, y que contrasta con la línea sobria, argumentada y estratégicamente inteligible que representa el secretario Rubio, cuya intervención de ayer en Manila —el argumento del competidor, no el del chantaje— es la que debería haber prevalecido.
Hay además un problema de secuencia. Exigir a Riad el reconocimiento de Israel en el preciso momento en que sus petroleros arden en el mar Rojo y sus puertos están bajo bloqueo hutí es pedirle que asuma el máximo coste político interno en su hora de máxima vulnerabilidad. Ningún gobierno del mundo, y menos una monarquía que gobierna sobre la custodia de los Santos Lugares del islam, puede permitirse que se le vea canjeando el reconocimiento de Israel por reactores mientras su flota es atacada. El objetivo —la ampliación de los Acuerdos de Abraham— es magnífico y merece perseguirse con determinación; el momento y la forma escogidos hacen ese objetivo más difícil, no más fácil.
Queda la contradicción no resuelta entre lo que el presidente afirma —que no habrá enriquecimiento— y lo que sus propios funcionarios describen: un texto que deja la puerta entreabierta a un estudio de viabilidad. Esa ambigüedad será el eje del debate en el Capitolio, y no le faltará munición a la corriente no proliferacioncita del Senado.
Perspectivas y escenarios
El Congreso escrutará el acuerdo con lupa y la batalla se librará sobre la cláusula de enriquecimiento, no sobre la de normalización. Es previsible una coalición transversal de escépticos que exija salvaguardias de oro —el llamado gold standard, es decir, la renuncia expresa al enriquecimiento y al reprocesamiento— como condición para no bloquearlo.
Riad no normalizará bajo coacción y en plena crisis del mar Rojo. Lo más probable es un avance discreto, ligado a algún gesto verificable sobre la cuestión palestina, y desde luego no antes de que las aguas del Golfo se calmen. Si el acuerdo descarrila, el resultado será el peor de todos: el reino acudirá a Pekín, Seúl, París o Moscú, y entonces la verificación occidental que hoy se discute no existirá en absoluto. Quienes se oponen al acuerdo por celo no proliferacionista deberían preguntarse qué alternativa están favoreciendo en la práctica.
3.La nueva muralla arancelaria: entre el 10 % y el 12,5 % a sesenta socios comerciales por trabajo forzoso
Hechos
- La Oficina del Representante de Comercio de Estados Unidos (es el ministro de comercio exterior) anunció el jueves la imposición de aranceles de entre el diez y el doce y medio por ciento sobre las importaciones procedentes de sesenta socios comerciales, que representan el noventa y nueve por ciento de las importaciones estadounidenses. Entran en vigor a las 00:01 del viernes, justo cuando expira el arancel global temporal del diez por ciento.
- La base jurídica es la Sección 301 de la Ley de Comercio de 1974, relativa a prácticas comerciales desleales, tras una investigación abierta a mediados de marzo sobre la supuesta falta de imposición y aplicación efectiva de la prohibición de importar bienes producidos con trabajo forzoso.
- El reparto: diecisiete socios quedan en el diez por ciento por haber adoptado al menos algunas restricciones —entre ellos el Reino Unido, Canadá, México y la India, cuyo tipo bajó del doce y medio inicial—; treinta y ocho quedan en el doce y medio, incluidos Vietnam y China; y cinco, entre ellos la Unión Europea, quedan sujetos a un gravamen complementario para alcanzar el tipo correspondiente.
- Quedan exentos el petróleo, el gas y los fertilizantes, así como los productos que cumplen los requisitos de franquicia del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá. Los nuevos tipos no se acumulan con los aranceles vigentes. El acero, el aluminio y los componentes de automoción siguen bajo la Sección 232.
- El contexto judicial es determinante: el Tribunal Supremo anuló en febrero los aranceles del llamado Día de la Liberación, impuestos al amparo de la Ley de Poderes Económicos de Emergencia Internacional, por exceso de atribuciones. El arancel global del diez por ciento adoptado después bajo la Sección 122 fue declarado ilegal por el Tribunal de Comercio Internacional en mayo, si bien un tribunal de apelación suspendió esa resolución. Es, por tanto, la tercera base jurídica en seis meses.
- El representante de comercio, Jamieson Greer, sostuvo que Estados Unidos aplica desde hace casi un siglo su propia prohibición de importaciones producidas con trabajo forzoso y que ya es hora de que sus socios hagan lo mismo. La Unión Europea rechazó la acusación con firmeza antes incluso de conocerse la determinación final.
Implicaciones
Que conste en acta nuestra posición, que es la de siempre y no ha variado: no compartimos las cortapisas al libre comercio internacional. Nos situamos en la tradición de Ronald Reagan, para quien la apertura comercial no era una concesión a los demás sino una fuente de prosperidad, de libertad para las democracias y de fortaleza estratégica para los propios Estados Unidos. Un arancel es un impuesto, lo pagan las empresas y los consumidores estadounidenses, y ninguna retórica sobre la reindustrialización cambia esa aritmética elemental.
El trabajo forzoso es una lacra real y gravísima, y quien escribe estas líneas no necesita que le convenzan de ello: la explotación cuasi-esclavista en Xinjiang y en tantos otros lugares del mundo, es uno de los crímenes sistemáticos de nuestro tiempo y merece la respuesta más contundente. Pero precisamente por eso duele el uso instrumental de una causa moral incontestable. Cuando se aplica el mismo tipo arancelario al Reino Unido, a Canadá y a la Unión Europea que a regímenes autoritarios que practican el trabajo forzoso como política de Estado, no se combate el trabajo forzoso: se trivializa la acusación y se irrita a los aliados. La denuncia moral, cuando se convierte en pretexto recaudatorio universal, pierde exactamente aquello que la hacía eficaz.
Hay un segundo problema, más profundo, que es el del tiovivo jurídico. Tres bases legales distintas en seis meses para sostener una misma política comercial no es firmeza: es la confesión de que la política precede al fundamento y de que el fundamento se busca después. La seguridad jurídica es un activo estratégico de primer orden, quizá el más infravalorado de todos, y erosionarla sale caro a largo plazo, aunque produzca titulares a corto.
Y hay una cuestión de oportunidad geoeconómica que merece subrayarse. Levantar una muralla arancelaria la misma semana en que el Brent rompe los cien dólares es superponer un choque inflacionista a otro choque inflacionista. El consumidor estadounidense pagará dos veces: en el surtidor y en el supermercado. Con la Reserva Federal ya en una incómoda pausa defensiva, la combinación no es precisamente afortunada.
Perspectivas y escenarios
Habrá litigio, otra vez. Pero conviene advertir que la Sección 301 pisa terreno jurídico bastante más firme que la Ley de Poderes Económicos de Emergencia: es el instrumento clásico para las prácticas desleales, exige investigación previa —que aquí ha existido— y ha resistido impugnaciones anteriores. Quien espere una anulación rápida probablemente se llevará un desengaño.
La respuesta europea será, previsiblemente, calibrada: negociación antes que represalia, con el instrumento anti-coerción como amenaza latente y no como primera opción. Es lo sensato y es lo que hará Bruselas, aunque volverá a demostrar que la Unión reacciona siempre un paso por detrás del acontecimiento.
Obsérvese con atención el caso indio. Nueva Delhi ha logrado rebajar su tipo del doce y medio al diez endureciendo su normativa. Ese es el mecanismo real que el instrumento premia, y ese es el precedente que otros socios intentarán replicar en las próximas semanas. La negociación técnica bilateral será, más que el pleito, la vía de salida.
4.Manila: Rubio y Lavrov se ven sin resultado mientras Zelenski vuelve a descabezar su alto mando
Hechos
- El 23 de julio, al margen de la reunión de ministros de Exteriores de la ASEAN en Manila, se entrevistaron el secretario de Estado Marco Rubio y el ministro ruso de Asuntos Exteriores, Serguéi Lavrov. Ambas partes transmitieron que no hubo avance ni motivo alguno de optimismo. La mediación estadounidense permanece congelada mientras Washington concentra su atención en la guerra del Golfo.
- El portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, reiteró el 22 de julio que las condiciones maximalistas expuestas por Vladímir Putin en junio de 2024 —retirada ucraniana de las provincias de Lugansk, Donetsk, Zaporiyia y Jersón y renuncia a la adhesión a la OTAN— siguen siendo la base de la posición rusa. Bloomberg informó, citando a tres personas próximas al Kremlin, de que Moscú no está dispuesta a devolver ningún territorio ocupado.
- La Duma estatal aprobó el 22 de julio un proyecto que permite a ciudadanos con antecedentes penales no cancelados, incluidos los relativos a narcotráfico y crimen organizado, firmar contratos con el Ministerio de Defensa durante los periodos de movilización formal.
- Volodímir Zelenski cesó a su comandante en jefe, Oleksandr Sirski, sustituido por Mijaílo Drapati. El relevo llega apenas dos semanas después del cese del ministro de Defensa —noticia que este informe fue de los primeros en recoger a mediados de julio—, cuyo índice de confianza, según los sondeos publicados, ha crecido con fuerza al calor de las protestas hasta superar al del propio presidente.
- Los embajadores de la Unión Europea aprobaron el vigesimoprimer paquete de sanciones contra Rusia tras el levantamiento del veto griego, y lo elevaron al Consejo para su aprobación.
- El comandante de las Fuerzas de Sistemas No Tripulados ucranianas, Robert Brovdi, cifró en ciento noventa y seis los buques rusos atacados en los mares Negro y de Azov entre el 6 y el 22 de julio, incluidos petroleros y graneleros. En la noche del 23, Rusia lanzó un misil balístico Iskander-M, cinco misiles Kh-59/69 y ciento sesenta y ocho drones de distintos tipos sobre territorio ucraniano.
Implicaciones
Nuestra posición sobre esta guerra no admite matices y no ha cambiado desde el primer día: estamos contra la agresión rusa a Ucrania y contra el uso de la fuerza como medio de adquirir territorios, que es el principio que sostiene el orden internacional desde 1945. Todo lo demás son detalles de ejecución.
Dicho lo cual, la fotografía de Manila es demoledora en su elocuencia. Dos ministros se sientan a hablar de una guerra que dura más de cuatro años y ninguno de los dos finge siquiera esperanza. La mediación estadounidense está congelada no porque haya fracasado técnicamente, sino porque la atención presidencial ha migrado al Golfo, y en esta administración la atención presidencial es el recurso escaso que todo lo determina. Aquí sí somos críticos con el presidente Trump, y lo somos con conocimiento de causa: la negociación con Rusia carece de estrategia sostenida, de secuencia y de arquitectura. Se confía en el golpe de efecto y en la relación personal, y el Kremlin, que lleva siglos negociando con paciencia geológica, se limita a esperar.
Porque eso es exactamente lo que hace Moscú. Que la Duma abra las filas del ejército a condenados por narcotráfico y crimen organizado en vísperas de una eventual movilización no es el gesto de quien se prepara para firmar la paz: es el de quien se prepara para reconstruir masa. Rusia no negocia, calcula. Y su cálculo consiste en sobrevivir al tiempo de atención de Washington.
Del lado ucraniano, dos descabezamientos en quince días —el ministerio de Defensa y el estado mayor— son un lujo que no se puede permitir un país en guerra de desgaste. La estabilidad del mando es un multiplicador de fuerza y su ausencia, un divisor. Y el fenómeno del ministro cesado cuya popularidad se dispara por encima de la del presidente es el síntoma clásico de un ejecutivo de guerra que gasta capital político más deprisa de lo que lo genera. Lo advertimos cuando se produjo aquel cese, y lo reiteramos ahora: conviene seguir de cerca esa trayectoria, porque en las democracias en guerra los ministros defenestrados con más confianza que su jefe de gobierno acaban siendo, tarde o temprano, un factor político de primer orden.
Un apunte de convergencia que merece atención: la campaña ucraniana de largo alcance contra el tráfico marítimo ruso ha forzado la suspensión de cargas kazajas en Novorosíisk. Es decir, el frente ucraniano y el frente del Golfo se están sumando en el mismo mercado de crudo. Quien quiera entender el precio del barril de esta semana tendrá que mirar simultáneamente a Ormuz, a Bab el-Mandeb y al mar Negro.
Perspectivas y escenarios
No habrá alto el fuego antes del otoño. Se anuncian contactos trilaterales previos a esa fecha, con Steve Witkoff y Jared Kushner como interlocutores, pero mientras Moscú mantenga sus condiciones maximalistas y Washington mantenga su atención en el Golfo, esas conversaciones serán exploratorias en el mejor de los casos.
El riesgo que vigilar es el de la vinculación entre teatros: un Kremlin que monetiza el precio del petróleo disparado por la crisis del Golfo obtiene precisamente el oxígeno fiscal que las sanciones pretendían negarle. El vigesimoprimer paquete europeo llega en el peor momento posible para su eficacia, y eso debería hacer reflexionar a quienes siguen confiando en las sanciones como sustituto de una política de defensa.
5.Londres, en la diana: el CGRI declara «objetivo legítimo» las bases británicas
Hechos
- El Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica emitió el 23 de julio un comunicado en el que advierte de que cualquier base militar británica utilizada por Estados Unidos para atacar Irán constituye un objetivo legítimo, y señala nominalmente la base aérea de la Real Fuerza Aérea en Fairford, en el condado de Gloucestershire.
- El comunicado sostiene que Estados Unidos ha recurrido a bombarderos B-1B Lancer despegados desde Fairford después de que los buques de guerra desplegados en el océano Índico agotaran sus existencias de misiles de crucero. Los portales de seguimiento de vuelos registraron la salida de un B-1 de Fairford en la noche del martes con rumbo hacia el espacio aéreo iraní. Teherán acusa además a Londres de ser uno de los principales arquitectos de la inestabilidad en Oriente Medio y le advierte de que no agrave su historial.
- Horas antes de la amenaza, dos aviones de guerra electrónica EA-37B Compass Call llegaron a Fairford procedentes de Estados Unidos.
- El nuevo primer ministro británico, Andy Burnham, ha confirmado la continuidad de la política de su predecesor Keir Starmer, autorizando el uso por parte estadounidense de las bases de Diego García, en el océano Índico, y de Fairford para ataques defensivos contra emplazamientos de misiles iraníes que amenacen el tráfico marítimo en Ormuz.
- La respuesta oficial británica fue que sus fuerzas armadas están preparadas para defender el país tanto en su territorio como en el exterior. Existe un precedente: el 20 de marzo, Irán lanzó dos misiles balísticos intercontinentales Jorramshahr-4 contra Diego García; uno falló en vuelo y el otro fue interceptado.
Implicaciones
Que un Estado terrorista designe por su nombre una base situada en el territorio metropolitano de un miembro europeo de la OTAN no es un episodio retórico que pueda archivarse con un encogimiento de hombros. Es la primera vez en esta guerra que la amenaza se formula así, y merece ser tomada exactamente en serio: ni un grado más, para no hacerle el juego propagandístico al régimen, ni un grado menos, para no repetir el error de quienes durante décadas confundieron la fanfarronería de Teherán con inocuidad. La oligarquía yihadista que gobierna Irán lleva cuarenta y siete años exportando terrorismo por delegación, y sus proxies han golpeado en Beirut, en Buenos Aires, en Bagdad y en el mar Rojo. Sabe hacerlo.
Pero la lección verdaderamente incómoda de esta noticia no está en Teherán, está en Europa. Obsérvese el reparto de papeles. Londres actúa: presta sus bases, asume el riesgo, y su nuevo primer ministro —de quien cabía esperar un giro— mantiene la continuidad atlantista de su predecesor, lo que le honra. París y Berlín hablan. Y Madrid mira hacia otro lado, después de haberse desmarcado incluso de la misión naval en Ormuz. Un país que obtiene del comercio marítimo una parte sustancial de su prosperidad, que tiene en el Estrecho de Gibraltar su propio cuello de botella y que aspira a ser tomado en serio en los foros donde se decide, no puede permitirse el lujo de la ausencia sistemática. La ausencia también es una política, y tiene un precio que se cobra en el momento menos oportuno.
Y aquí procede ser severos con el asunto que mejor resume la mediocridad de la clase política europea del siglo XXI: el entierro del avión de combate de sexta generación. En junio, París y Berlín certificaron el final del programa FCAS —más de cien mil millones de euros, el buque insignia de la llamada autonomía estratégica europea— no por una discrepancia estratégica de fondo, no por un cambio en la amenaza, sino por un pulso irreconciliable de reparto industrial entre Dassault y Airbus sobre quién controlaba el desarrollo tecnológico y la nube de combate. Léase de nuevo: Europa renunció a su capacidad aérea de superioridad para las próximas cuatro décadas por una disputa de porcentajes accionariales.
El consejo de ministros franco-alemán de Colonia, el 17 de julio, se dedicó a maquillar el cadáver con el anuncio de una participación convencional alemana en una maniobra nuclear francesa. El canciller Merz llegó a sostener que el FCAS era mucho más que un avión de combate, que era un sistema. Tenía razón: era mucho más que un avión, y por eso resulta mucho más grave que ahora sea mucho menos que un avión. La ministra española de Defensa, Margarita Robles, calificó el desenlace de fracaso sin ninguna duda y culpó a las empresas por anteponer sus intereses económicos a la seguridad de Europa. El diagnóstico es correcto; la omisión, clamorosa. Las empresas hacen lo que hacen las empresas. Son los gobiernos —el francés, el alemán y también el español— los que tenían la obligación política de imponer el interés estratégico sobre el reparto industrial, y no lo hicieron. España, socio de pleno derecho a través de Indra, asistió al naufragio como convidado de piedra, sin peso, sin voz y sin plan alternativo.
El resultado es de una ironía cruel: el gran beneficiario de la autonomía estratégica europea se llama Lockheed Martin. Las fuerzas aéreas del continente seguirán comprando F-35 y actualizando plataformas de cuarta generación y media, y Europa seguirá siendo, en el aire, cliente perpetuo del Pentágono. Que conste que somos atlantistas de corazón y que la relación transatlántica nos parece el activo más valioso de Occidente; precisamente por eso resulta insoportable que Europa sea un socio subordinado por incompetencia propia y no por necesidad. Una alianza entre un adulto y un menor de edad no es una alianza: es una tutela.
Perspectivas y escenarios
La probabilidad de un ataque iraní efectivo contra territorio metropolitano británico es baja: el fracaso de marzo contra Diego García expuso las limitaciones de precisión del arsenal balístico de largo alcance iraní, y las alternativas que se barajan —municiones de racimo para compensar la imprecisión— tienen un valor más propagandístico que militar. Pero la probabilidad no es cero, y basta un intento para abrir un debate sobre el artículo 5 para el que la Alianza no está preparada políticamente.
Si tal cosa ocurriera, Europa descubriría de golpe que no tiene ni la defensa antiaérea ni la doctrina ni las existencias de munición para sostener nada más allá de unos días. Es la conversación que lleva veinte años posponiéndose y que ningún Consejo Europeo quiere abrir en serio.
En el terreno industrial, obsérvense dos vías que se abren: la configuración germano-española del llamado Team Gen 6, con Suecia rondando y con la industria española —Airbus, GMV, Grupo Oesía, Indra, ITP Aero y Sener— ofreciendo capacidades; y la eventual incorporación al programa británico-italiano-japonés GCAP, donde España tendría la ventaja de su experiencia previa en el Eurofighter. Madrid tendrá que elegir, y llevará un lustro de retraso haga lo que haga.
6.Musk en The Economist: la profecía como método y el poder privado sin contrapesos
Hechos
- The Economist publicó el jueves 23 una entrevista de noventa minutos con Elon Musk realizada por su directora, Zanny Minton Beddoes, grabada el lunes 20 en el vestíbulo principal de la gigafactoría de Tesla en Texas. Es su primera entrevista extensa desde la salida a bolsa de SpaceX en junio, operación que lo convirtió brevemente en el primer billonario de la historia.
- Sus tres predicciones principales: la inteligencia artificial podría superar en unos cinco años la suma de la inteligencia humana; en diez años la robótica en el puesto de trabajo generará tal abundancia que el dinero perderá su sentido; y el Reino Unido se verá sumido en una guerra civil dentro de veinte años.
- Reconoció que la probabilidad de que la inteligencia artificial salga catastróficamente mal no es cero, aunque considera que el desenlace más probable es la abundancia generalizada. Sostuvo asimismo que el Tesoro debería sencillamente emitir cheques a los ciudadanos, y que ello no generaría inflación sino deflación por exceso de producción, tesis que su entrevistadora cuestionó en directo.
- Admitió haberse dejado arrastrar por la política durante su etapa al frente del llamado Departamento de Eficiencia Gubernamental. Anunció además la fusión de su compañía de inteligencia artificial con SpaceX y su intención de alimentar esa actividad con centros de datos en órbita, proyecto sobre el que diversos expertos han advertido consecuencias muy graves para el entorno terrestre.
Implicaciones
Conviene separar tres cosas que la cobertura mediática tiende a mezclar.
La primera es el pronóstico tecnológico. Que la inteligencia artificial transformará radicalmente la economía y la seguridad internacional es una certeza; que lo haga en los plazos exactos que Musk anuncia es una conjetura, y conviene recordar que el mismo autor ha errado repetidamente en sus calendarios anteriores. Los plazos concretos son, en su boca, un instrumento de movilización de capital más que una previsión calibrada.
La segunda es la profecía política, y esta sí es sencillamente irresponsable. Anunciar una guerra civil en una democracia aliada —desde una plataforma de la que se es propietario, sobre un país que no se visita desde hace años y con una obsesión declarada por sus debates sobre inmigración— no es análisis: es intervención. Las palabras del hombre más rico del mundo, dueño de una red social global y de una constelación de satélites de la que dependen ejércitos enteros, no son opiniones privadas: son hechos geopolíticos que mueven mercados, alteran debates públicos y envalentonan a los extremos. Rechazamos los extremismos vengan de donde vengan, y la profecía catastrofista es su combustible favorito.
La tercera, y la más importante para nuestros lectores, es la concentración sin precedentes de capacidades estratégicas —lanzamiento espacial, conectividad orbital y ahora computación— en manos de un único actor privado sin contrapesos, sin rendición de cuentas democrática y sin sujeción a los intereses de su Nación o de su política exterior es extraordinariamente preocupante. Ya vimos en Ucrania hasta qué punto la conectividad de Starlink podía condicionar una operación militar. Europa depende hoy, para su conectividad, su acceso al espacio y su capacidad de cómputo, de infraestructuras que no controla, que no regula con eficacia y que no está en condiciones de sustituir. Es exactamente la misma lección del FCAS trasladada a otro dominio, y con las mismas causas: falta de visión, exceso de retórica y ausencia de voluntad política.
Una última observación de sentido común económico. Un Tesoro que emite cheques contra la promesa de una productividad futura tiene un nombre bien conocido en la historia económica, y no es el de abundancia. Bastaría con preguntar en Buenos Aires o en Caracas.
Perspectivas y escenarios
Cabe esperar fricción regulatoria creciente en la Unión Europea y en el Reino Unido, sobre todo tras una profecía de guerra civil formulada sobre este último. Londres tiene ahora un incentivo político añadido para endurecer su marco de supervisión de plataformas.
En el plano corporativo, la consolidación entre SpaceX y la actividad de inteligencia artificial crea un actor con capacidades duales de una envergadura que ningún marco regulatorio occidental contempla actualmente. Es un asunto de seguridad global disfrazado de operación bursátil, y así debería tratarse en Washington y en Bruselas.
III. RACK DE MEDIOS
Selección de enfoques dominantes en la prensa internacional durante las últimas veinticuatro horas. Contenidos parafraseados.
Prensa anglosajona de referencia
- The Economist. Publica la entrevista con Elon Musk y la acompaña de un editorial que se pregunta abiertamente si hay motivos para temerle. El planteamiento de fondo es la concentración de poder privado, no la plausibilidad técnica de sus pronósticos.
- Financial Times y Bloomberg. Dominio absoluto del ángulo energético y comercial. Bloomberg titula sobre la reconstrucción de la muralla arancelaria tras la brecha abierta por el Tribunal Supremo, y sobre el Brent por encima de los cien dólares tras el ataque hutí.
- The Wall Street Journal. Insiste en el detalle sensible del acuerdo saudí: la disposición que abriría un estudio sobre el enriquecimiento doméstico, contradicha públicamente por el presidente.
- The New York Times y The Washington Post. Encuadre de política interna: la sucesión de bases jurídicas para sostener los aranceles y el escrutinio que aguarda en el Capitolio al acuerdo nuclear con Riad.
- The Times, The Telegraph y The Guardian. La amenaza del CGRI sobre Fairford desplaza todo lo demás. El Telegraph y The Times subrayan la exposición del territorio británico y la continuidad atlantista del primer ministro Burnham; The Guardian carga contra el papel habilitador de Londres en la campaña estadounidense.
- CNN, CBS, Fox News y CNBC. Cobertura en directo del duodécimo ciclo de ataques y de la doctrina del puente o la central eléctrica. Fox subraya el elogio de Rubio a la posición china sobre la libertad de navegación; CNBC se centra en el barril y en la advertencia de Goldman sobre los ciento veinte dólares.
- Axios, Politico y The Hill. Detalle procedimental: los noventa días de sesión del Congreso para revisar el acuerdo 123 y la confirmación por la portavoz de la Casa Blanca de que el acuerdo decae sin adhesión saudí a los Acuerdos de Abraham.
Prensa continental europea
- Le Monde, Le Figaro y Libération. Atención preferente al doble estrangulamiento marítimo y a sus efectos sobre la inflación europea. Persiste en los tres el análisis sobre las consecuencias industriales del abandono del caza de sexta generación.
- FAZ y Die Welt. Foco en el impacto arancelario sobre la industria exportadora alemana y en el gravamen complementario que corresponde a la Unión Europea. Die Welt mantiene el hilo crítico sobre el rumbo de la política de defensa alemana tras el fracaso franco-alemán.
- Corriere della Sera. Lectura mediterránea de la crisis del mar Rojo: costes de flete, tráfico del canal de Suez y afectación directa a los puertos italianos.
- L’Osservatore Romano. Llamamiento a la protección de la población civil en Yemen y en Irán y advertencia sobre el coste humano de una escalada energética que golpeará antes y más fuerte a los países más pobres.
- Politico Europe. La respuesta comunitaria a los aranceles y el debate recurrente sobre el instrumento anticoerción.
Prensa de Oriente Medio
- Asharq Al-Awsat, Arab News y Al Riyadh. Tratamiento contenido del ataque a los petroleros y silencio elocuente sobre la condición impuesta por Washington. Se subraya el carácter estrictamente civil del programa nuclear y el cumplimiento de los más altos estándares internacionales de seguridad y no proliferación.
- Gulf News, Khaleej Times y The Peninsula. Preocupación por el encarecimiento de fletes y seguros y por la exposición de las infraestructuras energéticas del Consejo de Cooperación del Golfo.
- Yedioth Ahronoth, Israel Hayom y The Jerusalem Post. Satisfacción por el condicionamiento del acuerdo a los Acuerdos de Abraham y persistencia de las reservas sobre cualquier capacidad de enriquecimiento en suelo saudí.
- Escéptico sobre la viabilidad de una normalización saudí sin avance verificable en la cuestión palestina.
- Al-Jazeera. Insiste en la opacidad del acuerdo nuclear y en la contradicción entre lo firmado y lo declarado después por el presidente estadounidense.
- Al-Arabiya. Cobertura destacada de la autorización británica al uso de sus bases y de la reacción iraní.
Prensa asiática
- South China Morning Post y China Daily. Énfasis en el arancel del doce y medio por ciento aplicado a China y en la acusación de trabajo forzoso, rechazada de plano. Se recoge con interés el reconocimiento de Rubio a la posición china sobre la libertad de navegación.
- The Times of India, Hindustan Times e Indian Express. Celebración de la rebaja del tipo indio del doce y medio al diez por ciento como éxito diplomático, junto a la preocupación por el crudo saudí desviado en el mar Rojo.
- Yomiuri Shimbun y The Straits Times. Riesgo para las cadenas de suministro asiáticas y encarecimiento de las rutas alternativas al canal de Suez.
- Cobertura intensiva de los buques desviados y del efecto sobre los precios de la energía en el subcontinente.
Prensa rusa, ucraniana y de Europa central
- TASS y Russia Today. Revisión de prensa moscovita centrada en tres asuntos: el cese del comandante en jefe ucraniano, el acuerdo nuclear con Riad y la autorización británica a los ataques desde sus bases. Encuadre previsible: Occidente dividido y sobreextendido.
- Ukrainska Pravda, Ukrinform, Kyiv Post y The Kyiv Independent. Reacciones al relevo en el mando militar, sondeos sobre la confianza en el ministro de Defensa cesado y balance de la campaña de ataques de largo alcance contra el tráfico marítimo ruso.
- Gazeta Wyborcza y Helsingin Sanomat. Aprobación del vigesimoprimer paquete de sanciones tras el levantamiento del veto griego y preparativos rusos de una eventual movilización.
Institutos de análisis y publicaciones especializadas
- Institute for the Study of War. Contabiliza al menos siete buques desviados del Bab el-Mandeb y documenta la extensión de los ataques estadounidenses al oeste y noroeste de Irán, más allá del sur del país.
- HSBC y Goldman Sachs. Lecturas divergentes que conviene contrastar: HSBC considera sobrevalorada la amenaza hutí sobre las exportaciones saudíes; Goldman advierte de un Brent por encima de los ciento veinte dólares en el cuarto trimestre si Ormuz sigue interrumpido.
- RUSI, IISS, CSIS e IFRI. Convergen en el análisis de la fragmentación de la industria aeronáutica militar europea tras el abandono del programa conjunto y en las consecuencias para la base industrial y tecnológica del continente.
- Foreign Affairs y The National Interest. Debate de fondo sobre los límites de la coerción como sustituto de la estrategia y sobre la ausencia de un plan para el día después en Irán.
IV. SEMÁFORO DE RIESGOS
Evaluación a veinticuatro horas. Rojo: riesgo crítico y activo. Naranja: riesgo elevado con escalada en curso. Amarillo: riesgo moderado, situación bajo vigilancia. Verde: sin novedad relevante en el periodo.
- 🔴Estrecho de Ormuz e Irán. Duodécima noche consecutiva de ataques estadounidenses, doctrina de represalia automática anunciada, tránsitos desplomados en torno al noventa por ciento y un CGRI mandado por el general Ahmad Vahidi, el sector más irreductible del régimen. Sin canal de desescalada operativo.
- 🔴Bab el-Mandeb y mar Rojo. Bloqueo naval hutí sobre puertos saudíes, primer ataque efectivo contra dos petroleros y desvíos de tráfico en aumento. Segundo cuello de botella activado en la misma semana.
- 🔴Mercados energéticos. Brent por encima de los cien dólares, quinta sesión consecutiva al alza, suspensión de cargas kazajas en Novorosíisk y advertencias de proyección hacia los ciento veinte dólares. Riesgo inflacionista global de primer orden.
- 🟠Guerra de Ucrania. Reunión Rubio-Lavrov sin resultado, condiciones maximalistas rusas intactas, preparativos legislativos de movilización en Moscú e inestabilidad en el alto mando ucraniano.
- 🟠Territorio OTAN y bases británicas. Designación explícita de Fairford como objetivo legítimo por parte del CGRI. Probabilidad de ejecución baja, pero implicaciones políticas y jurídicas de máximo alcance si se materializa.
- 🟠Guerra comercial. Entrada en vigor de aranceles del diez al doce y medio por ciento sobre sesenta socios, con la Unión Europea, China y Vietnam entre los más afectados. Litigio y represalias previsibles.
- 🟡Normalización saudí-israelí. El condicionamiento público del acuerdo nuclear puede acelerar o descarrilar el proceso. Riad guarda silencio y no normalizará bajo presión mientras sus petroleros ardan.
- 🟡Defensa europea. Escombros del programa conjunto de sexta generación, reconfiguración industrial en curso y dependencia creciente del F-35. Erosión estructural, sin acontecimiento desencadenante inmediato.
- 🟡Líbano y proxies iraníes. Alto el fuego frágil y capacidad de reactivación de Hizbulá vinculada a la evolución de la campaña sobre Irán.
V. COMENTARIO EDITORIAL
Si hubiera que resumir esta jornada en una sola imagen, sería la del agua y la firma. El agua, porque dos estrechos que suman apenas unas decenas de millas náuticas tienen hoy en sus manos el precio de la energía, la inflación de cinco continentes y la estabilidad de docenas de gobiernos. La firma, porque un tratado nuclear de treinta años negociado durante años fue reescrito en una publicación de red social a las veinticuatro horas de rubricarse. Entre esos dos elementos —la vulnerabilidad física del comercio mundial y la volatilidad de la palabra dada— cabe casi todo lo que va mal en el orden internacional de 2026.
Empecemos por Irán, porque es el origen de casi todo lo demás. Este informe ha sostenido desde el primer día que la campaña contra el programa nuclear iraní era necesaria y estaba justificada: un régimen que financia a Hizbulá, a Hamás, a los hutíes y a las milicias iraquíes, que reprime a su propio pueblo con una crueldad documentada y que aspiraba al arma atómica no podía ser dejado en paz indefinidamente. Lo hemos escrito y lo mantenemos. Pero también hemos sostenido, con la misma insistencia y con creciente amargura, que la ausencia absoluta de planificación para el día después convertiría el éxito militar en un problema estratégico de mayor envergadura que el original. Ahí estamos. Se descabezó al régimen y el resultado no ha sido su moderación ni su implosión, sino su endurecimiento: el aparato coercitivo ha quedado en manos del general Ahmed Vahidi, un hombre con notificación roja de Interpol por el atentado de la AMIA en Buenos Aires en julio de 1994 y sancionado por la represión posterior a la muerte de Mahsa Amini, es decir, precisamente el perfil que no tiene absolutamente nada que ganar en una negociación y todo que perder. La paradoja del descabezamiento no es una elegancia teórica: es la factura que Occidente está pagando esta semana en el precio del barril.
Sobre el presidente Trump conviene ser justo, y ser justo obliga a decir dos cosas incómodas al mismo tiempo. La primera es que su política exterior ha acumulado en menos de dos años éxitos diplomáticos que sus predecesores no lograron en dos décadas: el conflicto entre Camboya y Tailandia, el proceso entre Azerbaiyán y Armenia, la arquitectura de los Acuerdos de Abraham y su ampliación, y ahora un acuerdo nuclear civil con Riad que, insistimos, es una excelente noticia y merece aplauso sin reservas. No es un doble rasero: Washington verificará el programa saudí y el OIEA ha sido ya notificado, mientras que del programa iraní nadie puede responder. Riad es un aliado sólido, un pilar de estabilidad y un país que legítimamente quiere dejar de quemar su propio crudo para generar electricidad. Y hay un mensaje disuasorio implícito que Teherán debería leer con atención: lo que hoy es cooperación civil podría reorientarse mañana.
La segunda cosa incómoda es que ese mismo presidente devalúa sistemáticamente sus propios logros con un comportamiento errático, transaccional e intuitivo, presidido por el exabrupto. Firmar el miércoles y reescribir el jueves; exigir a un socio el reconocimiento de Israel en la semana en que sus petroleros arden; superponer una muralla arancelaria a un choque petrolero; sostener una política comercial sobre la tercera base jurídica en seis meses. Nada de esto es dureza negociadora: es ausencia de una estrategia clara y coherente por lo menos en el plano geopolítico, quizás tenga rédito en política interna pero francamente lo dudo. Confiamos —y lo escribimos con la esperanza de quien ha visto funcionar los sistemas institucionales en momentos peores— en que la sensatez de quienes le rodean, y muy señaladamente la del secretario Marco Rubio, cuya intervención de ayer en Manila fue un modelo de argumentación estratégica, acabe imponiéndose sobre el impulso. Los aciertos de esta administración llevan casi siempre la firma de Rubio; los tropiezos, casi siempre la del exabrupto.
Y llegamos a Europa, que es donde este comentario se vuelve necesariamente severo. Mientras Teherán amenaza por su nombre una base aérea en Gloucestershire y el Reino Unido asume el riesgo de la solidaridad atlántica, el continente sigue absorto en su propia irrelevancia. En junio, Francia y Alemania enterraron el avión de combate de sexta generación —el programa insignia de la autonomía estratégica europea, más de cien mil millones de euros— no por una discrepancia sobre la amenaza, sino por un pulso de reparto industrial entre Dassault y Airbus. Se sacrificó la superioridad aérea del continente para las próximas cuatro décadas en el altar de un porcentaje accionarial, y en Colonia se cubrió el cadáver con la sábana de una maniobra nuclear conjunta. Las empresas defendieron sus intereses, que es lo que hacen las empresas; fueron los gobiernos quienes tenían la obligación de imponer el interés estratégico, y no lo hicieron. España, socio de pleno derecho, asistió al naufragio como convidado de piedra, sin peso, sin voz y sin plan alternativo, del mismo modo que se desmarcó de la misión naval en Ormuz. El gran vencedor de la autonomía estratégica europea se llama Lockheed Martin, y lo decimos como atlantistas de corazón a quienes precisamente por serlo les resulta insoportable que Europa sea un socio subordinado por incompetencia propia.
Hay una línea que une todos los asuntos de este informe, y conviene enunciarla sin eufemismos. Ormuz y Bab el-Mandeb demuestran que Occidente no controla las arterias de su propio comercio. El FCAS demuestra que no está dispuesto a pagar el precio de controlarlas. La entrevista de Musk demuestra que las capacidades estratégicas del futuro —el espacio, la conectividad, el cómputo— están pasando a manos privadas sin contrapeso democrático alguno, mientras los gobiernos europeos debaten reglamentos. Y el vaivén arancelario demuestra que ni siquiera la potencia que sostiene ese orden acierta a defenderlo con instrumentos coherentes. Son cuatro síntomas de la misma enfermedad: una clase política que gestiona el corto plazo con la mirada puesta en el ciclo electoral mientras las decisiones que importan tienen horizontes de veinte y cuarenta años.
Termino con una convicción y una advertencia. La convicción es que la democracia liberal representativa, la economía de mercado abierta y un estado del bienestar bien gestionado siguen siendo el mejor sistema que la humanidad ha concebido, y que defenderlos exige capacidades, no discursos. La advertencia es que los regímenes que hoy nos desafían —la oligarquía yihadista de Teherán, la Rusia de Putin, el expansionismo chino, las narcodictaduras del Caribe— comparten una lectura común de nuestro tiempo: creen que Occidente ya no está dispuesto a pagar el precio de sus propios principios. Esta semana, en dos estrechos y en un programa de aviación cancelado, les hemos dado motivos para pensarlo. Corregir esa impresión es urgente, y no se corrige con comunicados.
