por

17/05/26

Tags:

LA IMPLOSIÓN LABORISTA Y LA CRISIS POLÍTICA Y SISTÉMICA DEL REINO UNIDO – Gustavo de Arístegui

I. RADIOGRAFÍA DE UNA CATÁSTROFE ANUNCIADA

El Reino Unido atraviesa en este momento una crisis política de una profundidad que no tiene precedente desde el colapso del gobierno de Liz Truss en 2022 —y que, con alta probabilidad, lo supera en alcance sistémico. De hecho, es sorprendente que cada primer ministro británico desde Cameron a Starmer es más incompetente, más imprudente o estrafalario (Boris Johnson) que el anterior.

Lo menos malo fue Rishi Sunak que fue un excelente canciller del Exchequer y un pasable primer ministro. Por lo menos era serio, trabajador y previsible. Lo demás se movía entre el oportunismo y la falta de visión acompañado de la más alarmante falta de coraje político en el caso de Cameron al disparate inconmensurable de Liz Truss y su canciller del Exchequer Kwasi Kwarteng a quien sus brillantes diplomas de Cambridge y Harvard no le impidieron casi arruinar el Tesoro británico y la libra esterlina en el tiempo récord de 10 días. El Partido Laborista, liderado por el primer ministro Keir Starmer, afronta una crisis de liderazgo causada por un resultado históricamente devastador en las elecciones locales de 2025 y 2026, agravada por el escándalo de designación de Peter Mandelson como embajador en Washington.

Lo que hace especialmente grave la situación presente es su carácter acumulativo: no se trata de un único golpe político, sino de la convergencia simultánea de cinco crisis que se retroalimentan —económica, institucional, electoral, de liderazgo y de confianza pública— en un momento en que la arquitectura política británica se reconfigura a velocidad vertiginosa.

II. EL HUNDIMIENTO ELECTORAL: LAS CIFRAS DE UN NAUFRAGIO

Las elecciones locales del 7 de mayo de 2026 han sido el detonante inmediato de la crisis, pero también su manifestación más descarnada. Labour perdió el control de 35 consejos municipales y cerca de 1.500 concejales —aproximadamente el 60% de los escaños en disputa. La proyección de voto nacional de la BBC sitúa a Labour en el 17% del voto, en tercer lugar, juntamente con los Conservadores, lo que supone casi la mitad de su resultado en las elecciones generales de 2024.

La escala del colapso laborista tiene pocos precedentes: en las circunscripciones donde el partido defendía escaños, sólo ha conservado el 23%. Labour ya ha perdido el control de al menos cinco consejos, incluidos bastiones del norte que llevaban décadas bajo su control. Tameside (verdadero feudo laborista) cayó tras 47 años de gobierno laborista.

Reform UK, el partido de la derecha dura populista y antieuropea de Nigel Farage, obtuvo un total de 1.454 escaños locales en Inglaterra, convirtiendo el derrumbe laborista en sus propias ganancias. El movimiento es doble y devastador: Labour pierde simultáneamente su electorado más izquierdista —sobre todo ante los Verdes en las grandes ciudades— y su flanco más socialdemócrata  tradicional  y el votante obrero sindicalizado de izquierda dura—ante Reform UK en los bastiones obreros del norte de Inglaterra, donde históricamente nació el movimiento laborista.

«Labour retiene sólo el 23% de los escaños que defendía. Tameside: 47 años de gobierno laborista, perdidos en una noche»

 

III. EL ESCÁNDALO MANDELSON-EPSTEIN: LA HERIDA INSTITUCIONAL

Si las elecciones locales fueron el detonante, la llaga profunda que las hizo tan letales es el affaire Mandelson. Antes de designar a Mandelson para el puesto de embajador en Washington en diciembre de 2024, Starmer era plenamente consciente de sus estrechas conexiones con el financiero y traficante sexual Jeffrey Epstein, incluida la relación mantenida incluso después de que éste fuera condenado e ingresado en prisión.

El Servicio de Verificación de Seguridad del Reino Unido informó en enero de 2025 al Ministerio de Exteriores de que los factores de riesgo de Mandelson desaconsejaban concederle la habilitación de seguridad para uno de los puestos más críticos del Estado. Starmer afirmó no haber sido informado de este rechazo hasta el 14 de abril de 2026. La secretaria de Exteriores Yvette Cooper despidió al alto funcionario del Ministerio, Olly Robbins, quien declaró ante la Comisión de Asuntos Exteriores del Parlamento haber sido sometido a «presión constante» por Downing Street para proceder con el nombramiento.

El jefe de gabinete de Starmer, Morgan McSweeney, dimitió en febrero para aliviar la presión sobre el primer ministro. La suma de estas piezas —nombramiento impropio, negación de los hechos, sacrificio de subordinados como cortafuegos— ha instalado en la opinión pública la imagen de un liderazgo que no sólo comete errores, sino que trata de ocultarlos. Es el tipo de percepción que en política no se revierte.

 

IV. LA REBELIÓN INTERNA: LA ANATOMÍA DE UN MOTÍN

A 12 de mayo de 2026, noventa y dos diputados laboristas han exigido a Starmer que fije una fecha para su salida del cargo; cuatro subsecretarios parlamentarios han dimitido; cuatro ministros (el segundo rango del ejecutivo británico) han presentado su renuncia, incluida la ministra de Protección a la Infancia, Jess Phillips; y dos ministros de Gabinete (secretarios, el primer nivel del ejecutivo) animan en privado al primer ministro a marcharse. En sentido contrario, 103 diputados de 403 que tiene Labour en la Cámara de los Comunes, han firmado un comunicado conjunto en defensa de Starmer.

La primera dimisión ministerial fue la de Miatta Fahnbulleh, ministra de Vivienda y Comunidades. Le siguieron dos más antes del mediodía del martes. La secretaria (la ministra del Interior del Reino Unido) del Interior, Shabana Mahmood, se convirtió en la voz ministerial más prominente en pedir públicamente la marcha del primer ministro.

Un desafío a la dirección del partido requeriría el respaldo de 81 diputados laboristas. Los posibles candidatos para suceder a Starmer incluyen al secretario de Sanidad (ministro de Sanidad), Wes Streeting, a la ex viceprimera ministra Angela Rayner y sobre todo al muy popular y carismático alcalde del Gran Mánchester, Andy Burnham. Starmer consciente de enorme tirón electoral de Andy BURNHAM maniobró de manera muy torticera para bloquear su vuelta a la Cámara de los Comunes en elecciones parciales. Recordemos que para se líder del partido laborista y para poder ser primer ministro es imprescindible ser diputado, miembro de la Cámara de los Comunes. Todo va a cambiar pues el popular super-alcalde del Gran Mánchester Burnham se va a presentar a las elecciones parciales (by-election) de la circunscripción de Makersfield por la dimisión del diputado Josh SIMONS. La gran incógnita es saber si la cirugía mayor de cambio de líder por alguien de tan sólidas credenciales políticas y electorales, va a ser suficiente para sacar al laborismo de su coma terminal en la UVI.

El mapa de la rebelión revela algo estructuralmente significativo: no es una revuelta de la izquierda radical contra el centrismo en apariencia blairista de Starmer, sino una rebelión transversal que incluye a figuras del centro y de la derecha del partido. Esto hace que el «paraguas» habitual —acusar a los rebeldes de ser corbynistas nostálgicos— no funcione como estrategia defensiva.

 

V. EL PROBLEMA DE LA SUCESIÓN: NADIE TIENE LA LLAVE

Paradójicamente, una de las razones por las que Starmer podría sobrevivir es la ausencia de un sucesor incuestionable. La mayoría de sondeos de opinión muestran que Andy Burnham, el alcalde de Mánchester, es el político más popular de Gran Bretaña. Allí donde Starmer es acusado de carecer de visión política, Burnham defiende el «Manchesterism» —un socialismo aspiracional y favorable a los negocios que busca reponer servicios esenciales en manos públicas y hacer la vida «manejable» para los británicos corrientes. Pero Burnham no es miembro del Parlamento, por lo que no puede presentarse aún a la dirección de Labour.

Al menos 81 de los actuales 403 diputados laboristas tendrían que unirse detrás de un mismo candidato, algo que en este momento no parece probable que ocurra en breve plazo. Wes Streeting, el secretario de Sanidad se mantuvo en silencio y no habló a los medios al salir de la reunión del Gabinete del martes. Angela Rayner, ex viceprimera ministra, dimitió el año pasado por no haber pagado correctamente sus impuestos sobre la propiedad.

Esta fragmentación de la oposición interna es el principal escudo de Starmer —y también la trampa mortal a medio plazo: un partido que no puede resolver su sucesión seguirá sangrando apoyos mientras debate sin actuar.

VI. EL IMPACTO ECONÓMICO: LOS MERCADOS VOTAN PRIMERO

La crisis política ha tenido consecuencias inmediatas y severas en los mercados de deuda soberana. El mercado de bonos del Reino Unido se desplomó, impulsando el rendimiento de la deuda a largo plazo a los niveles más altos en casi tres décadas: el GILT a 30 años (los bonos soberano en libras esterlinas que cotizan en la Bolsa de Londres) tocó brevemente el 5,81%, el máximo desde 1998. La libra cedió un 0,6% hasta los 1,3523 dólares. NatWest Group y Lloyds Banking Group cayeron más de un 3% ante las especulaciones de los analistas sobre posibles subidas de impuestos bajo una nueva administración.

Los costes de financiación del Reino Unido ya estaban subiendo más que los de otras grandes economías antes de la crisis de liderazgo. La incertidumbre política no ha hecho sino agravar ese diferencial. Andrew Goodwin, economista jefe del Reino Unido en Oxford Economics, espera que los rendimientos de los bonos se mantengan «altos durante más tiempo», dado que el aumento del gasto público parece cada vez más probable mientras Starmer intenta recuperar popularidad.

«La economía del Reino Unido lleva varios años atrapada en un ciclo de crecimiento débil», según Caterina Batog, analista de la British Chambers of Commerce. «La productividad sigue rezagada respecto a otras economías avanzadas, la inversión empresarial es débil y la incertidumbre política ha pesado enormemente sobre la confianza empresarial».

«El gilt a 30 años alcanza el 5,81%, máximo desde 1998. La libra se desploma. Los mercados votan antes que el parlamento.»

VII. EL ASCENSO DE REFORM UK: LA RECONFIGURACIÓN ESTRUCTURAL

El verdadero dato sísmico de esta crisis no es la caída de Starmer, sino el fenómeno que la ha precipitado. Reform UK está registrando entre el 25 y el 30% de intención de voto en los sondeos nacionales, frente al 15% obtenido en las elecciones generales de 2024. En el sistema electoral británico de circunscripciones uninominales, con un 31% del voto nacional, los modelos electorales proyectan 335 escaños para Reform UK —por encima de la mayoría absoluta de 326.

Nigel Farage ha declarado: «Estamos demostrando de manera clara que podemos ganar en zonas que Labour ha dominado desde el final de la Primera Guerra Mundial. Se está produciendo un cambio histórico en la política británica. El nuestro es ahora el partido más nacional de todos. Somos competitivos en el norte de Escocia, en Cornualles. Somos competitivos en todo el país. Y hemos venido para quedarnos».

Al mismo tiempo, desde la elección de Zack Polanski como líder el pasado septiembre, la militancia del Partido Verde ha superado los 180.000 miembros —superando primero a los Liberal Demócratas y luego a los Conservadores— en los sondeos más fiables el partido Verde se sitúa en torno al 15%.

El resultado es un escenario político radicalmente distinto al que conoció el Reino Unido en las últimas décadas catastrófico para los partidos tradicionales, Labour y los Conservadores empatan en el tercer puesto en los sondeos con en el 17% del voto proyectado. La arquitectura bipartidista que vertebró la democracia británica durante un siglo está en proceso de implosión.

 

VIII. LAS CAUSAS PROFUNDAS: MÁS ALLÁ DEL ERROR PERSONAL

Sería un error analítico reducir esta crisis a los errores de Starmer. Las raíces son más profundas. En un país en evidente declive, la ciudadanía está desesperada por un gobierno dispuesto a abordar el deterioro del nivel de vida, el encarecimiento de la energía, la crisis de la vivienda, el colapso del sistema sanitario y el período más largo de estancamiento salarial desde la era napoleónica. Pero el managerialismo instintivo de Starmer es hostil al tipo de ruptura decisiva necesaria para siquiera afrontar estos problemas.

Para enero de 2026, YouGov situaba la opinión desfavorable sobre Starmer en el 75% de los encuestados, con un índice neto de popularidad de -57, empatando únicamente con Liz Truss. Luke Tryl, de la encuestadora More in Common, señaló que Starmer «se ha convertido en un recipiente de la frustración de la ciudadanía con el sistema».

En marzo de 2026, Unite, uno de los mayores sindicatos, recortó su afiliación a Labour en un 40% por «el comportamiento incompetente del partido» durante la huelga de limpieza de Birmingham. La secretaria general Sharon Graham declaró: «Los trabajadores se preguntan de qué lado está Labour, a quién representa realmente, porque desde luego no es a los trabajadores».

De las comunidades obreras del norte de Inglaterra, Escocia y Gales que construyeron y desarrollaron Labour, a los graduados universitarios, profesionales de mentalidad liberal y comunidades de minorías étnicas de las grandes ciudades que han respaldado lealmente al partido durante décadas: millones de personas se han marchado. La coalición electoral del partido se deshace en todas las direcciones.

IX. PERSPECTIVAS: TRES ESCENARIOS POSIBLES

Escenario 1 — Starmer aguanta hasta el otoño

La falta de unanimidad en torno a un sucesor, la proximidad del Discurso del Rey —celebrado el 13 de mayo— y el argumento de que una transición caótica agravaría la crisis financiera permiten a Starmer ganar tiempo. Es el escenario más probable a corto plazo, pero no resuelve ninguno de los problemas estructurales.

Escenario 2 — Salida negociada y transición ordenada

Starmer fija un calendario de salida, se abre un proceso de liderazgo y Labour intenta un «reset» antes de las elecciones generales de 2029. Este escenario requiere un candidato de consenso —probablemente Burnham, si consigue un escaño parlamentario— y que el partido sea capaz de superar sus divisiones internas antes de que los mercados pierdan la paciencia definitivamente.

Escenario 3 — Implosión y fragmentación

Si la crisis de liderazgo se prolonga sin resolución, Labour podría entrar en una espiral de irrelevancia similar a la que sufrió el Partido Liberal en el siglo XX. Reform UK consolidaría su dominio de la derecha, los Verdes harían lo propio con la izquierda, y el bipartidismo británico quedaría definitivamente sepultado.

 

COMENTARIO EDITORIAL

 

Lo que el Reino Unido está experimentando en este momento no es simplemente una crisis de gobierno; es la manifestación política de un declive nacional que viene gestándose desde hace una generación. El Brexit, lejos de ser la causa, fue el síntoma de una fractura profunda entre una élite política percibida como ensimismada e ineficaz, y una ciudadanía que siente que ningún partido existente la representa.

Starmer llegó al poder con la promesa implícita de ser el antídoto al caos: un hombre serio, metódico, de formación jurídica, que restauraría la credibilidad de las instituciones. El problema es que la seriedad sin visión, en momentos de crisis estructural, se convierte en indecisión; y la indecisión, en el lenguaje de los mercados y de las urnas, se paga con intereses.

El ascenso de Farage no es un accidente. Es la respuesta de una parte importante del electorado británico —mayoritariamente de clase trabajadora, mayoritariamente fuera de Londres— a la sensación de haber sido olvidado sistemáticamente por todos los partidos del establishment. Que Reform UK se convierta en el primer partido del país con tan sólo entre el 25 y el 30% del voto es, ante todo, un indicio de la atomización de un sistema político que ya no procesa adecuadamente las demandas sociales.

El drama presente puede resolverse con la salida de Starmer. Pero la crisis del Reino Unido —económica, identitaria, institucional— no tiene solución parlamentaria a la vista.

 

Rabat, 15 de mayo de 2026

Gustavo de Arístegui y San Román

Diplomático · ExEmbajador · Escritor · Analista Geopolítico

Deja una respuesta

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.