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31/10/26

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Trump se enfrenta a un examen decisivo.

Las elecciones de mitad de mandato del 3 de Noviembre pueden transformar los dos últimos años de la presidencia de Trump en una etapa de bloqueo político, investigaciones parlamentarias, y mayor incertidumbre económica. Aunque la Cámara de Representantes parece prácticamente perdida para los republicanos el Senado continúa siendo una incógnita.

El próximo martes 3 de Noviembre los estadounidenses acudirán a las urnas para unas elecciones de mitad de mandato que pueden marcar un punto de inflexión en la presidencia de Donald Trump. A menos de dos años de las próximas elecciones presidenciales los indicadores apuntan a un importante retroceso republicano y a la posibilidad de que los demócratas recuperen el control de ambas cámaras del Congreso limitando considerablemente la capacidad de actuación de la Casa Blanca durante la segunda mitad de su mandato.

Los sondeos reflejan un deterioro significativo de la popularidad presidencial. La aprobación de Trump se sitúa entre el 31% y el 37%, mientras que el descontento económico, el encarecimiento del coste de la vida, y las consecuencias de la intervención militar en Irán se han convertido en los principales factores de desgaste político. El resultado puede ser una de las correcciones electorales más importantes de los últimos años.

La Cámara de Representantes: una derrota republicana prácticamente descontada

La Cámara de Representantes constituye el frente más complicado para los republicanos. Los 435 escaños están en juego y las proyecciones apuntan a una mayoría demócrata de aproximadamente 231 representantes frente a 204 republicanos una diferencia considerable respecto a la actual distribución de fuerzas.

Los demócratas necesitan obtener únicamente unos tres escaños netos para alcanzar la mayoría. Los mercados de predicción sitúan en torno al 90% la probabilidad de que consigan recuperar el control de la Cámara.

La tendencia de las encuestas resulta especialmente significativa: la media nacional refleja una ventaja demócrata de 8,6 puntos y ninguno de los sondeos considerados ofrece actualmente una ventaja a los republicanos.

Una derrota en la Cámara tendría consecuencias inmediatas para Trump. Los demócratas recuperarían el control de las comisiones parlamentarias, la capacidad de supervisar a la Administración, y una influencia determinante sobre la aprobación de los presupuestos federales. Esto permitiría abrir investigaciones sobre la gestión de la guerra con Irán, las decisiones comerciales de la Casa Blanca, y los negocios de la familia Trump.

La experiencia de 2018 durante el primer mandato de Trump ofrece un precedente bastante ilustrativo: la recuperación de la Cámara por parte de los demócratas dio paso a dos años de confrontación institucional y supervisión parlamentaria mucho más intensa.

El Senado: la verdadera batalla electoral

La situación es considerablemente más incierta en el Senado donde se renuevan 35 de los 100 escaños. Los demócratas necesitan obtener cuatro escaños netos para alcanzar una mayoría de 51 representantes frente a los 53 que actualmente controlan los republicanos.

Las principales batallas electorales se concentran en Carolina del Norte, Ohio, Texas, Alaska, Kansas, Maine, e Iowa. En prácticamente todos estos estados las diferencias entre candidatos son reducidas lo que convierte el resultado en una auténtica incógnita.

Carolina del Norte parece ser la oportunidad más clara para los demócratas con una ventaja de más de diez puntos. Sin embargo, Ohio, Texas, Alaska, y Maine presentan diferencias mucho más ajustadas. Nebraska también merece atención donde un candidato independiente mantiene opciones de competir por un escaño actualmente republicano.

Los modelos de predicción sitúan la probabilidad de una mayoría demócrata en el Senado entre el 56% y el 75%. Se trata por tanto de una posibilidad real pero todavía lejos de constituir un resultado asegurado.

Conviene recordar que las encuestas también pueden equivocarse. En las elecciones de 2024 los sondeos infravaloraron el apoyo a Trump en estados como Ohio e Iowa. Un error de magnitud similar podría alterar el resultado de algunas de las carreras más ajustadas y mantener el control del Senado en manos republicanas.

El coste de la vida y la guerra con Irán pasan factura

El principal problema de Trump es que el descontento electoral parece responder a cuestiones económicas y de política exterior que afectan directamente a los hogares estadounidenses.

Seis de cada diez votantes identifican el coste de la vida como su principal preocupación económica. La persistencia de las presiones inflacionistas, el encarecimiento de la gasolina, y la incertidumbre sobre los tipos de interés están erosionando el respaldo al Gobierno.

A esta situación se añade el conflicto con Irán. Aproximadamente seis de cada diez estadounidenses se oponen a la intervención militar, mientras que el encarecimiento de la energía desde el inicio de la guerra está intensificando la preocupación por la inflación.

La política comercial constituye otro frente de desgaste. El 81% de los encuestados considera que los aranceles perjudican al coste de la vida. Aunque estas medidas cuentan con un respaldo considerable entre los votantes republicanos, el rechazo entre otros segmentos del electorado puede estar contribuyendo a explicar la ventaja demócrata.

El dato más llamativo es la evolución del voto independiente: los demócratas mantienen una ventaja de 28 puntos en este segmento que en 2024 se había repartido prácticamente entre ambos partidos. Si esta tendencia se confirma en las urnas supondría un cambio político especialmente relevante.

¿Qué supondría para Trump perder el Congreso?

Una victoria demócrata en la Cámara de Representantes incluso aunque los republicanos consiguieran conservar el Senado transformaría profundamente el funcionamiento de la Administración Trump.

El primer efecto sería una mayor dificultad para aprobar presupuestos y financiar las prioridades del Gobierno. La Cámara tiene la llave del gasto público y podría utilizar las negociaciones presupuestarias para condicionar determinadas decisiones de la Casa Blanca elevando también el riesgo de nuevos cierres parciales de la Administración federal.

El segundo sería el incremento de las investigaciones parlamentarias. Los demócratas podrían utilizar sus facultades de citación para exigir documentación y comparecencias a altos cargos, investigar los negocios de la familia Trump, y examinar la gestión del conflicto con Irán.

Sin embargo conviene distinguir entre capacidad de supervisión y capacidad de modificar las políticas presidenciales. Perder el Congreso no obliga al presidente a dimitir ni supone automáticamente la paralización de su agenda. Trump conservaría importantes competencias ejecutivas, especialmente en política exterior y comercial.

Tampoco resultaría sencillo revertir sus principales decisiones. Para superar un veto presidencial se necesitan mayorías de dos tercios en ambas cámaras algo prácticamente inalcanzable para los demócratas en el escenario actual.

En el Senado por su parte el control tiene una dimensión institucional especialmente importante: permite confirmar jueces federales, ministros, y embajadores. Si los republicanos mantienen la mayoría, Trump conservaría una herramienta fundamental para configurar el poder judicial y completar sus nombramientos durante los dos últimos años de mandato.

Las consecuencias internacionales: Ucrania, OTAN, Irán, y aranceles

El resultado electoral también tendrá repercusiones fuera de Estados Unidos aunque probablemente menos inmediatas de lo que podría sugerir una victoria demócrata.

En Ucrania un Congreso controlado por los demócratas podría introducir nuevas partidas de ayuda militar y financiera en las leyes presupuestarias utilizando su capacidad de negociación para condicionar otras prioridades de la Casa Blanca. Sin embargo no podría obligar directamente a Trump a modificar su estrategia diplomática hacia Rusia.

En la OTAN la mayoría demócrata podría reforzar las garantías presupuestarias y legislativas sobre el mantenimiento de tropas estadounidenses en Europa. Existe una legislación de defensa que limita la posibilidad de reducir determinadas fuerzas desplegadas en el continente. No obstante la presión de Washington sobre los aliados europeos para incrementar el gasto militar difícilmente desaparecerá independientemente del resultado electoral.

Respecto a Irán los demócratas podrían impulsar investigaciones sobre la intervención militar y tratar de introducir restricciones en la financiación de determinadas operaciones. Pero cualquier limitación que pretendiera imponerse frente a un veto presidencial necesitaría mayorías de dos tercios.

En materia comercial tampoco cabe esperar una modificación sustancial e inmediata de los aranceles. Tras la anulación judicial de los aranceles globales en Febrero la Administración mantiene desde el 24 de Julio un recargo del 10% sobre las importaciones además de gravámenes del 50% sobre acero, aluminio, y cobre. Estas medidas se apoyan en instrumentos legales que no requieren necesariamente la aprobación del Congreso. Por tanto una victoria demócrata no supondría automáticamente su eliminación.

Tres escenarios para los dos últimos años de mandato

El resultado electoral puede dar lugar a tres escenarios políticos claramente diferenciados.

  1. Control demócrata de ambas cámaras. Sería el escenario de mayor dificultad para Trump y el que actualmente contemplan las principales proyecciones. La Casa Blanca se vería obligada a negociar sus prioridades presupuestarias y legislativas mientras que las comisiones parlamentarias intensificarían las investigaciones sobre la Administración. La política económica y exterior quedaría sometida a una mayor supervisión aunque los demócratas no tendrían capacidad suficiente para superar los vetos presidenciales ni para imponer por sí solos una agenda legislativa ambiciosa.
  2. Cámara demócrata y Senado republicano. Probablemente sería el escenario de mayor bloqueo institucional. Los demócratas controlarían las investigaciones y las negociaciones presupuestarias pero Trump conservaría el respaldo del Senado para confirmar jueces, embajadores, y altos cargos. El resultado podría traducirse en una confrontación política constante con episodios recurrentes de tensión presupuestaria y dificultades para alcanzar acuerdos.
  3. Continuidad republicana en ambas cámaras. Sería el resultado más favorable para Trump y supondría una sorpresa frente a las tendencias actuales de las encuestas. El presidente llegaría reforzado a los dos últimos años de mandato y dispondría de mayor margen para desarrollar su agenda económica, comercial, y exterior, con una oposición parlamentaria considerablemente más limitada.

La lectura para los mercados y Europa

Desde una perspectiva económica y financiera el principal riesgo no es necesariamente una victoria demócrata sino la posibilidad de que Estados Unidos entre en una etapa prolongada de bloqueo político e institucional.

Una Cámara de Representantes controlada por la oposición puede dificultar la aprobación de nuevos presupuestos, aumentar la incertidumbre sobre determinadas partidas de gasto, y elevar la volatilidad política. En un contexto de elevado endeudamiento público, déficit fiscal estructural, y tipos de interés todavía sensibles a las expectativas de inflación, cualquier episodio de confrontación presupuestaria podría añadir presión a los mercados de deuda.

Para Europa las implicaciones también son relevantes. Una mayoría demócrata podría aportar mayor estabilidad legislativa al compromiso estadounidense con la OTAN y ofrecer cierta previsibilidad en las relaciones transatlánticas. Sin embargo sería un error interpretar este resultado como un cambio automático en la política exterior de Washington.

Los aranceles sobre las importaciones europeas especialmente sobre productos industriales y agroalimentarios como el acero, el aluminio, el aceite, y el vino, seguirían siendo un factor de incertidumbre. La capacidad de actuación del Congreso sobre las medidas comerciales vigentes es limitada.

Existe además un riesgo político menos evidente: un Trump debilitado internamente podría intentar recuperar protagonismo mediante una política exterior más contundente, mientras que una victoria republicana podría reforzar su disposición a mantener una posición exigente frente a los aliados europeos.

Un referéndum sobre Trump, pero no el final de su presidencia

Las elecciones del 3 de Noviembre no decidirán quién ocupará la Casa Blanca en 2028, pero sí determinarán el margen de maniobra del presidente durante los dos últimos años de su mandato.

La historia electoral estadounidense muestra que el partido del presidente suele perder representación en las elecciones de mitad de mandato. Desde 1946 la pérdida media ha sido de 26 escaños en la Cámara de Representantes, una cifra que aumenta hasta 37 cuando la aprobación presidencial se sitúa por debajo del 50%.

Trump se enfrenta por tanto, a una combinación especialmente desfavorable: una popularidad reducida, una economía sometida a presiones sobre el coste de la vida, una intervención militar impopular, y una política arancelaria que genera incertidumbre entre empresas y consumidores.

El desenlace más probable es que los demócratas recuperen la Cámara de Representantes y que el control del Senado se decida por un margen muy estrecho. Si se confirma este escenario, los dos últimos años de Trump estarán marcados menos por la capacidad de impulsar nuevas reformas y más por la necesidad de defender sus decisiones frente a un Congreso mucho más hostil.

La cuestión ya no es únicamente si Trump perderá el control del Congreso, sino hasta qué punto esa derrota condicionará su capacidad para gobernar, su política exterior, y la estabilidad económica de Estados Unidos en la antesala de las elecciones presidenciales de 2028.

 

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