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21/07/26

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Informe de geopolítica – Gustavo de Arístegui (21/07/26)

I.Breve Introducción

Hay jornadas en las que la actualidad, caprichosa, coloca sobre la misma mesa dos noticias en apariencia distantes y, sin embargo, unidas por un hilo conductor que el analista tiene el deber de desvelar. Hoy es una de ellas. En Londres, Andy Burnham cruzaba el umbral del número 10 de Downing Street sin haber pasado por las urnas; en la garganta meridional del mar Rojo, los hutíes anuncian el bloqueo del estrecho de Bab el-Mandeb y abren, con ello, un segundo frente marítimo en la guerra que enfrenta a los Estados Unidos con el régimen oligárquico-yihadista de Teherán.

Dos escenarios, dos latitudes, un solo denominador común: el precio de la energía y la crónica incapacidad de Occidente para tomarse en serio su propia seguridad. Nos ceñiremos, a estos dos asuntos, y lo haremos sin ahorrar juicio, porque el análisis que se pretende aséptico no es análisis, sino notaría.

II. Noticias más importantes de las últimas 24 horas

1.Andy Burnham, primer ministro sin urnas

Hechos

El pasado lunes 20 de julio, Andy Burnham —durante casi una década alcalde del Gran Mánchester y apodado, no sin sorna, «el Rey del Norte» (King of the North)— se convirtió en primer ministro del Reino Unido, el séptimo en poco más de diez años. Sucede a Sir Keir Starmer, que dimitió como líder laborista en junio pese a la aplastante mayoría cosechada apenas dos años antes.

No ha mediado elección general alguna: en el sistema parlamentario británico basta con imponerse en la pugna por el liderazgo del partido gobernante para heredar el poder, sin debate de investidura ni refrendo directo de los ciudadanos. El rey Carlos III le encomendó formar Gobierno en Buckingham Palace, mera formalidad constitucional. Rachel Reeves abandonó la Cancillería del Exchequer (Ministerio de Economía y Hacienda), y los mercados reaccionaron sin demora: el rendimiento del bono británico a diez años (gilt) escaló hasta el entorno del 5,04 %, el del papel a treinta años tocó el 5,75 %, máximo de dos meses, y la libra cedió terreno, todo ello a raíz de la insinuación del nuevo premier de emplear «cualquier flexibilidad dentro de las reglas fiscales». La designación del nuevo canciller —las informaciones más recientes apuntan a John Healey, que en su día dimitió por la insuficiencia del gasto en defensa— importó menos a los operadores que la señal fiscal de fondo. Donald Trump se apresuró a felicitarle y a celebrar sus planes sobre el petróleo y el gas del mar del Norte.

Implicaciones

Conviene detenerse en la naturaleza minoritaria de esta designación. Burnham accede a la jefatura del Gobierno merced al voto mayoritario de los diputados de su propio partido, no del cuerpo electoral. Tiene mayoría absoluta, sí, pero carecen sus decisiones del oxígeno y legitimidad de una elección directa. El contraste con el Japón de Sanae Takaichi es aleccionador: llegada a la jefatura del Gobierno en octubre pasado, la primera mujer que preside el país convocó de inmediato elecciones anticipadas y, el 8 de febrero, arrasó —entre 315 y 316 de los 465 escaños de la Cámara Baja, la mayor victoria del Partido Liberal Democrático desde su fundación en 1955—. He aquí lo que es una democracia real y sólida, y de lo que buena parte de Europa debería tomar nota. En cuanto al perfil ideológico del nuevo inquilino de Downing Street, no faltan quienes lo describen como un híbrido entre Starmer y Jeremy Corbyn: más escorado a la izquierda que el primero y que muchos de sus compañeros —socialdemócratas de cuño clásico—, y más próximo en no pocas de sus políticas al populismo del segundo. Está, en suma, más cerca del sanchismo que de la vieja socialdemocracia europea —la SPD alemana, el Partido Socialista francés, el laborismo clásico y más aún el de la Tercera Vía (Third Way) de Tony Blair, paradigma de aquella moderación—. El telón de fondo es una fragilidad fiscal severa: los costes de financiación británicos son los más altos del G-7, disparados en mayo hasta máximos de dieciocho años por el choque energético (energy shock) de la guerra de Irán, y sobre Londres pesa la huida —y digo bien, huida— de en torno a 16.500 grandes patrimonios solo en 2025, según Henley & Partners, con el consiguiente drenaje de recaudación, consumo, crecimiento y empleo. La sombra alargada del Brexit, aquel disparate mayúsculo, lo envenena todo.

Perspectivas y escenarios

Todo está por ver. Habrá que examinar con lupa su primer presupuesto, las prometidas reformas fiscales y sus medidas iniciales de gobierno, sobre las que en próximos informes ofreceremos un análisis pormenorizado. Se dibujan dos escenarios contrapuestos. En el primero, la disciplina del mercado de bonos y la sensatez de un canciller ortodoxo imponen contención, y Burnham gobierna a la defensiva; ya su propia predecesora en Hacienda le advirtió de que, si pretende «dejar de estar cautivo de los mercados», corre el riesgo de «acabar como Liz Truss». En el segundo, la tentación de un giro a la izquierda en el gasto público desata una nueva sacudida en los gilts. La incógnita mayor es si, como Takaichi, se atreverá a buscar en las urnas la legitimidad que hoy le falta; su debilidad de partida invita a pensar que no. Mientras tanto, se venderá el acuerdo sobre Gibraltar como muestra de flexibilidad británica cuando es, en rigor, muestra de debilidad española: las concesiones de Londres son coyunturales; las de Madrid, estructurales.

 

2.Los hutíes cierran Bab el-Mandeb: la segunda garganta

Hechos

El mismo lunes 20 de julio, el portavoz “militar” de los hutíes (un terrorista disfrado de uniforme), Yahya Sarea, anunció en un vídeo un bloqueo naval «con efecto inmediato» contra Arabia Saudí bajo la divisa del «ojo por ojo», con la amenaza explícita de cerrar el estrecho de Bab el-Mandeb —la «Puerta de las Lágrimas»—, por el que transita en torno al 12 % del comercio mundial. El detonante inmediato fue el bombardeo saudí del aeropuerto de Saná el 13 de julio, después de que un aparato de Mahan Air, que repatriaba a cuadros hutíes desde el funeral del difunto líder supremo iraní, desafiara el embargo aéreo. La escalada llega con el estrecho de Ormuz cerrado por Teherán desde finales de febrero, tras los ataques norteamericano-israelíes: un cierre completo de Bab el-Mandeb restaría alrededor del 7 % de la oferta mundial de crudo, que se sumaría al 10 % ya detraído por la guerra del Golfo. Los precios del petróleo y las primas de seguro del transporte por el mar Rojo repuntaron. La coalición liderada por Riad prometió responder con la fuerza. En el plano humano, dos soldados estadounidenses murieron el viernes en un ataque iraní contra una base en Jordania. Mediadores de Pakistán y de Catar tratan de alumbrar un alto el fuego.

Implicaciones

Empiezo por lo esencial, porque las palabras no son inocentes: los hutíes no son «milicianos», como se empeñan en llamarlos incluso medios de centroderecha y de derecha, sino terroristas con uniforme militar. Que algunos procedan del antiguo ejército regular yemení dice bien poco: el Yemen fue durante décadas dos naciones artificial y artificiosamente reunificadas, y esa fractura —norte contra sur, y por debajo la sectaria— sigue viva. El cierre de la garganta responde, en realidad, a la estrategia del triunvirato que hoy comanda la Guardia Revolucionaria, encabezado por el general Ahmad Vahidi —jefe supremo del cuerpo desde el 1 de marzo, antiguo primer comandante de la Fuerza Quds y reclamado por la justicia internacional por el atentado de la AMIA en Buenos Aires—. Son tres los objetivos que, como venimos sosteniendo, persiguen: primero, ganar la batalla del poder en el interior del régimen descabezado; segundo, enviar a la región el mensaje de que Teherán regresa con más fuerza para reconstruir sus canales de influencia allí donde los había perdido —singularmente en Siria, tras la implosión del régimen de Bashar al-Assad— y rearmar a sus proxis (delegados) terroristas: Hamás, Hizbulá, las milicias proiraníes de Irak y los propios hutíes; y tercero, exprimir el chantaje que disfrazan de «peaje» para engrosar las arcas de la Guardia Revolucionaria —que no las de Irán— y volver a sembrar el terror.

Perspectivas y escenarios

El riesgo de un segundo frente marítimo es mayúsculo y sus efectos, globales. Si los hutíes pasan de la amenaza a la acción sostenida, el tráfico mercante deberá rodear el cabo de Buena Esperanza, con el consiguiente encarecimiento de fletes y seguros y un nuevo latigazo a los precios de la energía que, no se olvide, es el mismo que dispara los rendimientos de la deuda británica: el círculo se cierra sobre el primer asunto de este informe. La vía diplomática que diseña Doha y que cabalga Islamabad es, por ahora, frágil. Y planea sobre todo ello la incógnita mayor del tablero iraní: la ausencia de un plan occidental para tratar de cubrir y anticioarse a todos los escenarios posibles de esta guerrea. Una intensificación de la lucha por el poder en Irán podría generar una orfandad de mando aún más aguda que la del 28 de febrero de 2026 y podría incluso provocar la implosión del régimen y eso a su vez degenerar en caos regional.

III. Rack de Medios

La prensa internacional de las últimas veinticuatro horas se concentra, como no podía ser de otro modo, en estos dos ejes. Ofrecemos una selección representativa de cabeceras y centros de análisis efectivamente consultados:

  • The Washington Post, NPR, CBS News, CNN y NBC. Subrayan que Burnham es el séptimo primer ministro británico en una década y recogen su promesa de un «cortacircuitos» (circuit breaker) frente al ciclo de inestabilidad; insisten en que ningún elector lo ha votado directamente.
  • CNBC, Reuters, Euronext, Saxo y Mizuho. Ponen el foco en la reacción de los gilts y de la libra, en la salida de Rachel Reeves y en la señal fiscal como verdadera clave de bóveda de la nueva etapa.
  • The Washington Times, Fox News y NBC News. Tratan el bloqueo hutí como la apertura de un nuevo frente en la guerra contra Irán, con el estrecho de Ormuz ya cerrado y los mercados energéticos en tensión.
  • Council on Foreign Relations (CFR) y CSIS. El primero se pregunta abiertamente si el mar Rojo será «otro Ormuz» y cuantifica el peso del estrecho en el comercio y el crudo mundiales; el segundo había diseccionado la contundente victoria electoral de Takaichi, útil espejo para el caso británico.
  • AP, Euronews y The Week. Reproducen la retórica del «ojo por ojo» del portavoz hutí y atienden a la amenaza sobre las exportaciones saudíes y al recurso del reino a su oleoducto Este-Oeste como alternativa a Ormuz.

IV. Semáforo de Riesgos

🔴 Cierre efectivo de Bab el-Mandeb y apertura de un segundo frente marítimo: riesgo máximo, con choque energético global de efecto inmediato.

🔴 Estrecho de Ormuz cerrado y guerra abierta entre los Estados Unidos e Irán: riesgo máximo y persistente.

🟠 Estabilidad fiscal británica y tensión en el mercado de gilts: riesgo elevado.

🟠 Vacío de poder y ausencia de plan para el «día después» en Irán: riesgo elevado.

🟡 Deriva izquierdista del laborismo y credibilidad económica de Burnham: riesgo moderado.

🟡 Contencioso de Gibraltar y sus concesiones estructurales: riesgo moderado.

🟢 Mediación de Pakistán y Catar: única señal templada, aunque frágil.

V. Comentario Editorial

Andy Burnham es tan popular como podría resultar populista. Su gestión al frente del Gran Mánchester, que le valió el apodo de Rey del Norte, no destacó por ningún aspecto concreto, pero sí supo transmitir una sensación de liderazgo firme. La pregunta pertinente es qué aporta de distinto respecto de Starmer o de Corbyn. Hay quien lo tiene por un híbrido de ambos: más a la izquierda que Starmer y que muchos de sus compañeros —laboristas socialdemócratas de verdad—, pero más cercano en muchas de sus políticas al socialismo radical de Corbyn, en una línea más afín al sanchismo que a la socialdemocracia europea clásica, esa cuya expresión más lograda fue la Tercera Vía de Tony Blair. Las incógnitas se acumulan porque ni siquiera ha presentado un programa; y como en el Reino Unido no hay debate de investidura, basta vencer a los rivales en la pugna interna del partido para gobernar. Es, por tanto, una elección muy minoritaria: tiene mayoría absoluta, pero no le respalda una elección directa. Recuérdese lo ocurrido en Japón, donde Sanae Takaichi sucedió a un compañero de partido, puso en marcha reformas, convocó de inmediato elecciones y mejoró de manera extraordinaria el resultado de su formación. Eso es una democracia real y sólida, y en muchas partes de Europa deberíamos tomar nota.

El Reino Unido, aunque ya no forme parte de la Unión Europea —por más que tantos insensatos sigan anclados en aquel disparate mayúsculo que fue el Brexit—, sufrió con aquella decisión más daño que el que nos causó al resto, y lo sigue pagando hoy, como sostuve en mi artículo de La Razón de 21 de junio de 2026 “Brexit: anatomía de un disparate”. Habrá que ver cómo intenta el laborismo compensar sus nefastas consecuencias con algún acuerdo.

Y cuidado con las lecturas interesadas: se presentará el acuerdo entre la Comisión Europea y el Reino Unido sobre Gibraltar como una muestra de flexibilidad británica cuando es, en realidad, una muestra de debilidad del Gobierno español, porque todas las concesiones que hace Londres son coyunturales y todas las que ha hecho España son estructurales.

No conviene olvidar, además, que el Reino Unido atraviesa una crisis social y económica muy profunda: Londres está en clara recesión, con la huida —y digo bien, huida— de más de 16.000 grandes fortunas que aportaban a las arcas públicas y a la economía del Gran Londres cantidades ingentes en forma de gasto, crecimiento, prosperidad y empleo. Analizaremos con detalle el programa —si es que lo tiene—, el presupuesto cuando lo presente y las primeras medidas cuando se concreten.

 

Vamos con los hutíes.

Es importante subrayar que incluso medios de centroderecha y de derecha se empeñan en llamarlos milicianos: no lo son. Son terroristas disfrazados con uniforme militar. Que algunos provengan del ejército regular del Yemen significa muy poco, porque el Yemen fue durante mucho tiempo dos naciones artificial y artificiosamente reunificadas, y esa división —norte contra sur, suníes contra chiíes— sigue muy presente en la vida del país. Curiosamente, algunos yemeníes pertenecen a la escuela zaidí, perseguida en Irán y, sin embargo, aliada de Irán en el Yemen. Tales son los extraños compañeros de cama (strange bedfellows) que engendran el terrorismo y la extorsión del régimen yihadista.

Conviene recordar cómo, allá por 1988, el ya moribundo Jomeini, tras haber ganado la guerra entre chiíes del Líbano de la que fui testigo directo—“la guerra de los hermanos” o de “las banderas negras” librada entre 1986 y 1988 con la derrota de Amal, apoyado por el régimen sirio, mientras Teherán sostenía a su criatura, su monstruo, Hizbulá—, concedió a los alauíes (no confundir esta secta religiosa con la dinastia) de los Asad, como prenda, una fatua (edicto religioso) en la que, incomprensiblemente, declaraba que la secta alauí, que es  una herejía, eran en realidad una rama del islam chií, tratando así de legitimarlos. Recuérdese que para los alauíes el Corán es un libro secundario; poseen libros para iniciados, a los que solo acceden los varones consagrados en la secta, y cuya revelación acarrea no ya la exclusión de la comunidad, sino incluso la condena a muerte; no rezan en mezquitas, aunque hoy acudan a mezquitas chiíes y entierren allí a sus muertos. Aquella concesión no demuestra otra cosa que el carácter no dogmático, sino pragmáticamente terrorista, del régimen iraní, capaz de hacer aliados de quienes ideológicamente deberían ser sus peores enemigos. Ahí reside la gran diferencia con los salafistas —esa ideología terrorista derivada del wahabismo y de los Hermanos Musulmanes—, para quienes todo el que se desvía de la ortodoxia, sea de la escuela que sea, es un apóstata y, por tanto, un enemigo. Los iraníes tratarán de ampliar su coalición terrorista incorporando elementos claramente no musulmanes, como los alauíes; y no se olvide que hay mucha menos distancia entre un chií duodecimano (twelver) y un zaidí que entre cualquiera de ellos y un alauí.

En lo puramente geoestratégico, el bloqueo de Bab el-Mandeb es una vuelta de tuerca más del triunvirato de la Guardia Revolucionaria —esos jerarcas reclamados por la justicia internacional que hoy encarna el general Vahidi— y responde a los tres objetivos que siempre hemos destacado: primero, ganar la batalla por el poder en el seno del propio régimen; segundo, mandar a la región el mensaje de que van a regresar con más fuerza para reconstruir sus canales de influencia allí donde toda esperanza de dominio parecía perdida —como en la Siria posterior a la implosión del régimen de Bashar al-Assad— y para rearmar a sus proxis terroristas, Hamás, Hizbulá, las milicias proiraníes de Irak o los propios hutíes; y tercero, utilizar el chantaje que disfrazan de peaje para obtener, para la Guardia Revolucionaria y no para Irán, ingresos ingentes con los que rehacer sus armas, su influencia y su capacidad de sembrar terror, inestabilidad e inseguridad en toda la región.

 

Gustavo de Arístegui

Rabat, 20 de julio de 2026

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