I. INTRODUCCIÓN
Escribo esta entrega en una de esas jornadas en las que la actualidad confirma, con una nitidez casi didáctica, cuanto vengo describiendo desde hace meses. El alto el fuego provisional entre los Estados Unidos y el régimen oligárquico-yihadista de Irán ha saltado por los aires, y lo ha hecho con el presidente Trump proclamándolo «terminado» desde la cumbre de la OTAN en Ankara, entre dos noches consecutivas de castigo aéreo norteamericano y represalias iraníes sobre las bases del Golfo. La guerra de temperatura variable ha vuelto, pues, a subir de grado justo cuando parecía enfriarse, y lo ha hecho por la razón de fondo que este analista lleva semanas subrayando: no es ya el expediente nuclear lo que dirime la contienda, sino quién manda en el estrecho de Ormuz.
En el flanco oriental, Ucrania perfecciona su estrangulamiento energético de la maquinaria bélica rusa mientras Moscú castiga a la población civil. La prensa norteamericana amanece, además, con la advertencia israelí de un complot iraní para asesinar a Trump —dato que conviene leer con la debida cautela—, y Washington rehabilita a la Siria de posguerra. Cuatro asuntos, un mismo hilo conductor: la desproporción creciente entre la capacidad de destruir y la incapacidad de ordenar el día después. He aquí las cuatro noticias que, a mi juicio, mejor explican las últimas veinticuatro horas, analizadas esta vez con mayor profundidad.
II. LAS NOTICIAS MÁS IMPORTANTES DE LAS ÚLTIMAS 24 HORAS
1.El alto el fuego con Irán, «terminado»: la batalla por Ormuz reabre la guerra de temperatura variable
Hechos. — La mecánica del colapso es tan precisa como reveladora. El martes 7 de julio, Irán atacó tres buques mercantes que atravesaban el estrecho de Ormuz por la ruta meridional próxima a la costa de Omán —y no por el esquema de separación de tráfico que Teherán pretende imponer—: el metanero catarí Al Rekayyat, que sufrió un incendio en la sala de máquinas, el petrolero saudí Wedyan y un tercer buque frente a Omán. La respuesta norteamericana fue fulminante: en torno a ochenta objetivos la noche del martes y unos noventa la del miércoles —más de ciento setenta blancos en cuarenta y ocho horas, según el propio Mando Central (CENTCOM)—, contra defensas antiaéreas, nudos de mando y control, radares costeros, capacidades de misiles antibuque y más de sesenta lanchas rápidas de los Guardianes de la Revolución; por primera vez en meses, también infraestructura en el interior de Irán, incluido —según vídeos geolocalizados por The New York Times— un puente ferroviario cerca de Agh Qala en la línea Teherán-Mashhad. Autoridades iraníes cifran en unos catorce los muertos y setenta y ocho los heridos.
Desde Ankara, Trump declaró «terminado» el memorando de entendimiento de Islamabad, lo calificó de «pérdida de tiempo», llamó «escoria» a los dirigentes iraníes y amenazó con golpes «mucho peores», llegando a evocar la toma de la isla de Kharg y ataques a infraestructura civil —puentes, plantas eléctricas, desaladoras—; en paralelo, el Tesoro revocó con efecto inmediato la exención que permitía a Irán vender petróleo (con plazo de cese el 17 de julio), retirándole el alivio económico recién obtenido. Irán respondió con una «respuesta punitiva» de misiles y drones contra bases estadounidenses en Kuwait y Baréin y diez misiles balísticos contra la base jordana de Al Azraq; Kuwait interceptó diez drones, tres balísticos y uno de crucero (daños por restos, un herido) y Jordania derribó ocho misiles. Ghalibaf, fiel a su bravuconería, proclamó que «no nos plegamos» y que Ormuz solo se abrirá «con arreglos iraníes»; el vicepresidente Vance advirtió de que el estrecho debe permanecer abierto so pena de represalia. Arabia Saudí, Egipto y el resto del Golfo condenaron la violación por Irán de la soberanía de las «naciones hermanas». Ya el jueves 9, con el portaaviones USS Abraham Lincoln armado y listo, Washington renunció al nuevo golpe y dejó actuar a la diplomacia —Catar y Pakistán median—, con la vista puesta en un marco nuclear hacia mediados de agosto. El tráfico por Ormuz se desplomó a una decena de buques en veinticuatro horas frente a los ciento diez previos a la guerra; los metaneros Al Ghariya, Duhail y Al Ruwais dieron media vuelta, la alerta marítima subió a «severa» y reaparecieron las interferencias de posicionamiento por satélite (GPS).
Implicaciones. — Estamos ante el arquetipo puro de lo que denomino guerras de temperatura variable: conflictos de baja resolución pero altísima destrucción, que nadie puede ganar ni permitirse perder. La secuencia golpear-pausar-golpear no es titubeo, sino una escalada calibrada en la que Washington conserva la lista de blancos como palanca de negociación —un alto cargo estadounidense lo resumió con crudeza: esto puede durar «un día, una semana o un mes»—. Y conviene decir con claridad cuál es el verdadero casus belli: no el centrifugado nuclear, sino el control del estrecho por el que antes de la guerra transitaba la quinta parte del petróleo y el gas del mundo. Irán aspira a institucionalizar un régimen permanente de peajes y de soberanía de facto sobre Ormuz; de lograrlo, liquidaría décadas de libertad de navegación garantizada por los Estados Unidos y alteraría el equilibrio estratégico de toda la región. Es la fractura sistémica contenida en su expresión más peligrosa.
El segundo plano es el que vengo llamando el problema del día después, y es demoledor: planificación militar, un diez; planificación geoestratégica, la eterna asignatura suspendida. El memorando de catorce puntos que Trump firmó en Versalles el 17 de junio dejó todas las minas sin desactivar: unos 440 kilogramos de uranio enriquecido al 60 % —material suficiente, si se llevara al 90 %, para una decena de artefactos— siguen sin control ni verificación, presumiblemente en el complejo de túneles de Isfahán; la dilución habría de hacerse «en suelo iraní» y sin mecanismo de inspección nombrado; y el programa de misiles balísticos y el sostén a los proxies quedaron sencillamente fuera del texto. El Institute for the Study of War y el Critical Threats Project (AEI) advierten de que Irán ha aprovechado la tregua para reconstituirse —radares portátiles que sustituyen a los fijos destruidos, misiles desenterrados y reparados—. Y el estrangulamiento económico, con la inflación iraní en el 50 % camino del 70 %, corre el riesgo de endurecer a los halcones antes que de quebrarlos. Lo digo sin eufemismos: Irán es una oligarquía yihadista, dictatorial y mafiosa, no una teocracia, y sus terminales terroristas —Hizbulah, los hutíes— salen debilitadas de la guerra, pero no liquidadas. Como reconocen incluso analistas de Carnegie, la cuestión nuclear no se resuelve a bombazos, y usar la fuerza en mitad de la negociación ha viciado los instrumentos diplomáticos que sí podrían contenerla.
Perspectivas y escenarios. — Escenario A (35 %): la diplomacia de retaguardia —Catar y Pakistán— recompone un alto el fuego remendado que conduzca, hacia mediados de agosto, a un marco nuclear minimalista de contención, no de resolución. Escenario B (40 %): se instala una temperatura variable prolongada —golpes intermitentes sin guerra abierta, Ormuz como cuello de botella crónico, repuntes recurrentes del crudo e Irán reconstituyéndose al amparo de las pausas—; es, a mi juicio, el desenlace más probable y el más corrosivo. Escenario C (25 %): un error de cálculo o un exceso —la isla de Kharg, un aparato norteamericano derribado, un impacto iraní afortunado o, precisamente, un atentado contra Trump— reabre la guerra total. La suma es del cien por cien.
2.Ucrania perfecciona sus «sanciones de largo alcance» y arranca la licencia Patriot; Rusia castiga a los civiles
Hechos. — El 9 de julio, las fuerzas ucranianas intensificaron lo que el presidente Zelenski denomina «sanciones de largo alcance» (long-range sanctions): drones alcanzaron una docena de petroleros rusos, un remolcador y un carguero en el mar de Azov —buques que abastecen al ejército ruso y que sirven a la flota fantasma para eludir las sanciones—, además de depósitos de crudo en Tver, Ufá (Baskortostán) y Stávropol y una terminal de carga en la región de Rostov, agravando una escasez de combustible que ya es nacional. «Cada día de retraso debe llevar la sensación de guerra a donde todo empezó, a Rusia», sentenció Zelenski. Moscú, por su parte, lanzó esa misma noche 94 drones y dos misiles balísticos; la defensa ucraniana derribó 72, pero 19 drones y ambos misiles impactaron en trece puntos, con un edificio residencial golpeado en Járkov y víctimas civiles. En Ankara, Trump se comprometió a conceder a Kiev una licencia para fabricar sistemas antiaéreos Patriot —aunque un alto cargo ucraniano advierte de que producir los interceptores llevará un año o más—, y Polonia acordó coproducir y mantener los misiles PAC-3 a través de un centro europeo de mantenimiento acordado con Washington y varios aliados. La cumbre comprometió, además, 70.000 millones de euros en ayuda militar para 2026, con nivel equivalente en 2027.
Implicaciones. — Ucrania ha comprendido, por fin, que la vía para doblegar a un agresor que se niega a detener la guerra pasa por asfixiar su economía bélica antes que por resistir indefinidamente en las trincheras. Los golpes a la flota fantasma y a la industria de refino son legítimos, necesarios y largamente debidos; son la excepción saludable a la pasividad con que Occidente ha contemplado durante demasiado tiempo el chantaje energético del Kremlin y la elusión sistemática de las sanciones. Y conviene no caer en la equidistancia cómoda: somos, sin matices, contrarios a la agresión rusa y al uso de la fuerza para adquirir territorios, y la represión de Moscú contra la población civil —ese edificio de viviendas en Járkov— no admite atenuantes. La licencia Patriot es un acierto pragmático de Trump, del Trump aconsejado por la sensatez de Rubio; ahora bien, que los interceptores tarden «un año o más» desnuda la brecha entre el anuncio y la capacidad real, y la financiación europea debe ser —como reza la propia Declaración de Ankara— equitativa, previsible y sostenible, y no un brindis al sol. Otra guerra de temperatura variable que se prolonga, en el fondo, porque a Europa le sigue faltando la determinación de acortarla.
Perspectivas y escenarios. — La guerra de infraestructuras energéticas se recrudecerá a lo largo del verano, con Ucrania apretando el nudo sobre las refinerías y la flota fantasma y Rusia respondiendo sobre las ciudades. La variable decisiva ya no es la voluntad ucraniana, que sobra, sino la constancia industrial europea: habrá que vigilar si la licencia Patriot y la coproducción del PAC-3 se traducen en interceptores reales antes de la ofensiva rusa del otoño, o si quedan, una vez más, en promesa solemne y papel mojado.
3.Israel alerta a Washington de un nuevo complot iraní para asesinar a Trump
Hechos. — The Wall Street Journal reveló la noche del jueves 9 —y lo confirmaron después dos fuentes a la CNN— que Israel compartió con los Estados Unidos inteligencia sobre un nuevo y específico plan iraní para asesinar al presidente Trump; el aviso habría llegado «esta semana». Washington venía captando un goteo constante de indicios sobre amenazas, pero este dato era nuevo, concreto y no verificado de forma independiente por los servicios norteamericanos. Y aquí el matiz decisivo, que honra la profesionalidad de quienes lo formulan: varios responsables estadounidenses advierten de que el informe israelí podría formar parte de un esfuerzo por condicionar la decisión de Trump sobre si intensificar o no la campaña contra Irán; hay, reconocen, quien en la comunidad de inteligencia recela por sistema de los datos israelíes. El propio Trump declaró ser «el número uno de la lista de objetivos» iraní y admitió que «tal vez la suerte no dure». En Mashhad, durante el entierro de Alí Jamenei, se desplegó una pancarta con el lema «Mataremos a Trump» y se corearon consignas de muerte contra los Estados Unidos. Trump y Netanyahu —cuya relación se ha tensado por el Líbano y que duda abiertamente de la diplomacia presidencial— hablaron por teléfono el jueves, y el presidente abandonó Ankara en un Air Force One antiguo, negando que la razón fuese la seguridad. No faltan precedentes: la doctrina de venganza por Soleimani desde 2020, una trama de sicariato imputada en noviembre de 2024 y la condena, en marzo de 2026, de un ciudadano paquistaní vinculado a los Guardianes.
Implicaciones. — La amenaza es verosímil en su naturaleza —que el régimen de Teherán exporta terrorismo, inestabilidad y magnicidio es tesis que sostengo sin eufemismos, y los precedentes judiciales lo avalan—. Pero precisamente porque el régimen es siniestro conviene leer este episodio concreto con ojos fríos: instrumentalizar la inteligencia para forzar la decisión de un tercero es un juego tan viejo como la diplomacia, y la candidez con que algunos responsables estadounidenses admiten su escepticismo es, en sí misma, la mejor pista. Lo sensato, lo que este analista viene defendiendo, es blindar la protección del presidente sin dejarse arrastrar a una escalada dictada por el cálculo ajeno. Ni ingenuidad ante Teherán, que mata, ni docilidad ante quien —desde Jerusalén— busca empujar a Washington a la guerra que a él le conviene. El trasfondo, no lo olvidemos, es el creciente desencuentro entre Trump y Netanyahu sobre el Líbano y sobre la propia arquitectura del día después.
Perspectivas y escenarios. — Cabe esperar un refuerzo visible de la protección presidencial y un uso político del relato en ambas direcciones. La incógnita de fondo es si prevalecerá la sensatez del sistema —y la mano firme del secretario de Estado, Marco Rubio— sobre el impulso y el exabrupto. En esa pugna permanente entre la institución y la intuición me sigo jugando, con optimismo tozudo, buena parte de mi confianza.
4.Trump retira a Siria de la lista de Estados patrocinadores del terrorismo
Hechos. — Entre el 8 y el 9 de julio, el presidente Trump firmó la directiva para revocar la designación de Siria como Estado patrocinador del terrorismo. El ministro de Exteriores sirio difundió una fotografía, junto al presidente Ahmad al-Sharaa, mostrando el documento firmado —«he notificado al Congreso mi decisión de revocar la designación»—; el Congreso dispone ahora de cuarenta y cinco días para revisar la medida. El gesto no llega en el vacío: al-Sharaa se reunió en Ankara, al margen de la cumbre de la OTAN, con una delegación del Congreso norteamericano para tratar el nuevo encaje bilateral, en lo que constituye una pieza más del realineamiento de la Siria posterior a Assad.
Implicaciones. — Es una decisión que aplaudo con la reserva que impone el oficio. Cuando la guía la prudencia y el consejo de Rubio, y no el exceso ni el exabrupto, la política exterior de esta Administración exhibe su mejor cara: apostar por la estabilización de la Siria de posguerra y sustraerla a las órbitas de Moscú y Teherán es una ganancia geoestratégica de primer orden, si se consolida. Ahora bien, no puedo dejar de recordar que al-Sharaa procede del yihadismo —de la estirpe de HTS y, más atrás, de Al Qaeda—, y que la vigilancia contra DAESH y las franquicias de Al Qaeda en todas sus ramas no admite vacaciones. Levantar sanciones a cambio de comportamiento verificable es razonable y hasta encomiable; hacerlo por mero voluntarismo, imprudente. Doy prioridad, aquí, a la cautela: que la rehabilitación se sostenga sobre los hechos y no sobre las musas.
Perspectivas y escenarios. — Se abre la puerta a un alivio de sanciones y a una normalización acelerada, con el riesgo latente de que la transición siria descarrile o de que el nuevo poder revierta a viejos hábitos. Conviene seguir tanto el trámite en el Congreso —esos cuarenta y cinco días— como, sobre todo, la conducta real del régimen de Damasco sobre el terreno.
III. RACK DE MEDIOS
Cuadro comparativo del enfoque dominante, en las últimas veinticuatro horas, de las cabeceras y centros de análisis efectivamente contrastados. Fiel al principio de no atribuir tesis que no pueda verificar, prescindo de los medios no comprobados hoy y agrupo los consultados por bloques.
Prensa y análisis de los Estados Unidos
| Medio | País / orientación | Enfoque dominante (últimas 24 h) |
| The Washington Post / NBC News | EE. UU. · referencia | Reconstruyen el intercambio de golpes y el «se acabó» de Trump; subrayan el carácter calibrado de la escalada y las represalias iraníes sobre Kuwait, Baréin y Jordania. |
| The New York Times | EE. UU. · referencia | Geolocaliza y verifica el ataque al puente ferroviario de la línea a Mashhad y documenta la cifra de víctimas civiles alegada por Teherán. |
| CNN | EE. UU. · liberal | Cuantifica el desplome del tráfico por Ormuz y la mediación de Catar y Pakistán; adelanta, con dos fuentes, la advertencia del complot contra Trump, matizando el escepticismo de la propia inteligencia. |
| Axios | EE. UU. · político | Enmarca la crisis como «la batalla por Ormuz»; recoge la posición de Vance y la tesis de que la Casa Blanca cree tener margen para escalar sin disparar el crudo. |
| Foreign Policy | EE. UU. · análisis | Sitúa el conflicto al borde de la guerra abierta; recuento de más de 170 blancos y de las amenazas de Trump sobre Kharg y la infraestructura civil. |
| The Hill / Washington Times / Fox | EE. UU. · centro-derecha | Enfatizan la firmeza presidencial y el coste para Teherán; recogen el pesimismo de Trump sobre la utilidad de seguir negociando. |
Prensa financiera, británica y centros de análisis
| Medio | País / orientación | Enfoque dominante (últimas 24 h) |
| Financial Times / Bloomberg | R. Unido / EE. UU. · económico | El primero, la reconstitución militar iraní y la pugna por el estrecho; el segundo, los golpes ucranianos a los petroleros rusos y la escasez de combustible que provocan. |
| The Economist / EIU | R. Unido · análisis | Mantienen la lectura de un segundo semestre dominado por el «caos gestionado» de Trump, la energía y la rivalidad con China. |
| Reuters / AP / AFP | Agencias | Marcan la agenda factual: revocación de la exención petrolera iraní, desvíos de metaneros, condenas del Golfo y evolución del frente ucraniano. |
| ISW–Critical Threats (AEI) | EE. UU. · think tank | Sostienen que Irán valora el control de Ormuz por encima de evitar la escalada y que usa las treguas para reconstituirse. |
| Carnegie / NTI | EE. UU. · think tank | Advierten de que la cuestión nuclear no se resuelve por la fuerza y de que los 440 kg de uranio muy enriquecido siguen sin control fiable. |
Prensa del Golfo, árabe e Israel
| Medio | País / orientación | Enfoque dominante (últimas 24 h) |
| The National (EAU) | EAU · referencia regional | Detalla la «respuesta punitiva» del IRGC por fases —Kuwait, Baréin y los diez misiles sobre la base jordana de Al Azraq—. |
| Arab News / Asharq Al-Awsat | Arabia Saudí | Recogen la condena del Golfo a la violación por Irán de la soberanía de las «naciones hermanas» y el llamamiento saudí y egipcio a volver a la diplomacia. |
| Al Jazeera | Catar | Aporta el contrapunto: las víctimas del sur del Líbano, las condiciones de Beirut sobre la retirada israelí y la lectura árabe del pulso por Ormuz. |
| The Times of Israel / Jerusalem Post | Israel | Amplifican la exclusiva del complot iraní contra Trump y encuadran la retirada de Siria de la lista negra. |
Prensa ucraniana y medios estatales rusos
| Medio | País / orientación | Enfoque dominante (últimas 24 h) |
| Kyiv Independent / Ukrinform | Ucrania | Detallan las «sanciones de largo alcance» contra la flota fantasma y las refinerías, el balance del bombardeo sobre Járkov y la luz verde a la fabricación de Patriot. |
| TASS / RT (síntoma, no fuente) | Rusia · estatal | Difunden apodos y rumores no verificados sobre la campaña contra Irán y sobre reventas de material militar; los consigno como termómetro de la propaganda del Kremlin, jamás como información fiable. |
V. SEMÁFORO DE RIESGOS
Nivel de riesgo y tendencia por teatro. Código: doble rojo (crítico), rojo (elevado), amarillo (medio), verde (favorable / atenuante).
| Teatro / Riesgo | Nivel | Tendencia | Valoración |
| Golfo Pérsico / estrecho de Ormuz | CRÍTICO 🔴🔴 | ▲ al alza | Alto el fuego roto; batalla por el control del estrecho y riesgo real de guerra abierta. |
| Programa nuclear iraní | CRÍTICO🔴🔴 | ► estable | 440 kg de uranio al 60 % sin verificación ni control; el expediente sigue sin resolver. |
| Seguridad del presidente Trump | ELEVADO 🔴 | ▲ al alza | Complot iraní denunciado por Israel, con la debida cautela sobre su instrumentalización. |
| Flanco oriental / Ucrania-Rusia | ELEVADO 🔴 | ▲ al alza | Guerra energética en ascenso; castigo ruso a la población civil de Járkov. |
| Mercados de energía / crudo | ELEVADO 🔴 | ▲ al alza | Repunte de precios y colapso del tráfico por Ormuz; metaneros desviados. |
| Siria posterior a Assad | MEDIO 🟡 | ► estable | Realineamiento con Washington prometedor pero cargado de incógnitas sobre el nuevo poder. |
| Diplomacia de retaguardia (Catar/Pakistán) | FAVORABLE 🟢 | ▼ atenúa | La contención del jueves mantiene abierta, por ahora, una rendija para el acuerdo. |
VI. COMENTARIO EDITORIAL
Hay jornadas que son, ellas solas, una tesis. La de hoy lo es. Contemplo un Occidente que sabe destruir con precisión quirúrgica y que, sin embargo, no acierta a imaginar el día después —planificación militar, un diez; planificación geoestratégica, la eterna asignatura suspendida—. El memorando de Versalles dejó intactas todas las minas: cuatrocientos cuarenta kilogramos de uranio muy enriquecido sin control, los misiles y los proxies fuera del texto y un estrecho de Ormuz convertido en peaje permanente. Porque esa es la verdad incómoda que conviene decir sin rodeos: la batalla no se libra en la centrifugadora, sino en el estrecho, y quien controle Ormuz controlará el pulso de la economía mundial. Guerra de temperatura variable en estado puro, la que nadie gana y nadie puede permitirse perder.
A ese cuadro se añade la instrumentalización del miedo. El anunciado complot iraní contra Trump exige, a la vez, blindar sin titubeos la vida del presidente y resistir con frialdad a quien —desde Jerusalén, con Netanyahu dudando en voz alta de la diplomacia de la Casa Blanca— busca empujar a Washington a la guerra que le conviene. Que algunos responsables de inteligencia confiesen su escepticismo no es un detalle menor: es la prueba de que el dato, siendo verosímil, se maneja también como palanca. Y no menos inquietante es que el estrangulamiento económico, con la inflación iraní camino del setenta por ciento, pueda endurecer a los halcones de esa oligarquía yihadista antes que quebrarlos.
No todo es sombra, y este analista se resiste a la equidistancia cómoda. Aplaudo sin reservas las «sanciones de largo alcance» con que Ucrania asfixia la maquinaria bélica de un Kremlin que se niega a parar, y celebro que Trump —cuando le guía la sensatez de Rubio y no el exabrupto— conceda a Kiev la licencia Patriot o sustraiga a la Siria de posguerra de las órbitas de Moscú y Teherán, sin bajar por ello la guardia frente al pasado yihadista de quien hoy gobierna en Damasco. Esa es la política exterior pragmática que ha cosechado éxitos reales en menos de un año. Otra cosa es el Trump errático y transaccional del exabrupto y el golpe de efecto, que confía en la intuición más que en la estrategia. Sigo apostando, con optimismo tozudo, a que el sistema y las voces de la razón que lo rodean acaben imponiéndose al impulso. Porque en un mundo que gira hacia los extremos, la sensatez —esa rareza— es hoy el bien más escaso y más necesario.
Gustavo de Arístegui y San Román
Diplomático · Exembajador · Escritor · Analista Geopolítico · Profesor de Geopolítica
Rabat, 10 de julio de 2026
