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31/07/26

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La nueva era de la volatilidad: cuando incluso los gigantes cotizan como empresas especulativas

Durante décadas, la renta variable se ha considerado el mejor vehículo para generar riqueza a largo plazo. Las correcciones formaban parte del ciclo, pero la volatilidad se distribuía de forma relativamente ordenada: las grandes compañías ofrecían estabilidad mientras que las pequeñas empresas concentraban el riesgo y las mayores oscilaciones. Ese paradigma parece estar desapareciendo.

Lo más llamativo del mercado actual no es únicamente que los principales índices bursátiles estadounidenses continúen cerca de máximos históricos o que la economía global no se encuentre inmersa en una recesión. Lo realmente extraordinario es que la volatilidad ha alcanzado niveles que hasta hace pocos años solo eran habituales en compañías de pequeña capitalización o en mercados emergentes.

Los movimientos registrados en las últimas 48 horas son un ejemplo difícil de encontrar en cualquier otro periodo de la historia reciente. Microsoft llegó a subir ayer un 15,51% en una sola sesión bursátil, mientras que Meta Platforms retrocedía un 7,95%. Apenas unas horas después, en la negociación previa a la apertura, Apple cae un 7,54%, mientras Amazon se dispara un 11,57%.

No hablamos de empresas especulativas ni de compañías con escasa liquidez. Hablamos de cuatro de las mayores empresas del planeta, responsables por sí solas de varios trillones de dólares de capitalización bursátil.

En apenas unas horas se crearon y destruyeron cientos de miles de millones de dólares de valor de mercado.

La pregunta inevitable es si la bolsa sigue siendo una inversión apta para cualquier perfil de inversor.

Del largo plazo a la gestión del riesgo

Durante años se popularizó el mensaje de que mantener una cartera diversificada de acciones era suficiente para obtener rentabilidades atractivas con el paso del tiempo. Sin embargo, la velocidad con la que hoy se producen las rotaciones sectoriales y los cambios de liderazgo está modificando profundamente esa percepción.

La irrupción de la inteligencia artificial ha acelerado este fenómeno.

Los inversores ya no descuentan únicamente beneficios futuros, sino que reajustan de manera casi instantánea las expectativas sobre quién será el ganador y quién quedará rezagado en la próxima fase tecnológica. El resultado son movimientos extremadamente violentos incluso entre las compañías con balances más sólidos del mundo.

La consecuencia es evidente: igual que hoy un inversor puede ganar un 10% o un 15% en una sola jornada, también puede perder esa misma cantidad con idéntica facilidad.

La renta variable continúa siendo una excelente herramienta para construir patrimonio a largo plazo, pero cada vez exige una mayor capacidad para soportar fuertes fluctuaciones sin tomar decisiones impulsivas. En otras palabras, se está convirtiendo en un activo reservado para perfiles con una elevada tolerancia al riesgo.

Cuando el apalancamiento convierte el éxito en vulnerabilidad

La historia reciente del fondo Situational Awareness, creado por el joven gestor de 25 años Leopold Aschenbrenner, ilustra hasta qué punto la concentración temática y el apalancamiento pueden amplificar tanto las ganancias como las pérdidas.

Aschenbrenner lanzó inicialmente el fondo con aproximadamente 225 millones de dólares, pero el éxito de su estrategia le permitió llegar a gestionar cerca de 45.000 millones de dólares, obteniendo una rentabilidad acumulada cercana al 439%.

La estrategia era relativamente sencilla en apariencia, aunque extraordinariamente agresiva en su ejecución.

El fondo mantenía un apalancamiento cercano a cuatro veces el patrimonio e invertía de forma muy concentrada en compañías consideradas las grandes beneficiarias del desarrollo de la inteligencia artificial, entre ellas SK Hynix, Micron, SanDisk, Nebius y CoreWeave. Paralelamente mantenía posiciones cortas en empresas de software tradicional como Adobe, bajo la tesis de que parte del valor migraría desde el software convencional hacia la infraestructura necesaria para entrenar modelos de inteligencia artificial.

La tesis funcionó de forma extraordinaria… hasta que dejó de hacerlo.

En apenas una semana el mercado ejecutó una rotación de enorme magnitud. Las compañías vinculadas a la infraestructura de IA sufrieron fuertes correcciones mientras muchas empresas de software, que acumulaban meses de bajo comportamiento, protagonizaron un intenso rebote.

El fondo comenzó a recibir llamadas de margen como consecuencia del elevado apalancamiento. Cuando la liquidez desaparece, el mercado deja de conceder tiempo al gestor para que su tesis pueda recuperarse.

Finalmente, los activos terminaron siendo adquiridos por Citadel en condiciones muy favorables para el comprador, un recordatorio de que incluso estrategias extraordinariamente rentables pueden desmoronarse cuando el riesgo financiero supera la capacidad de absorber movimientos adversos.

La lección resulta evidente: en los mercados actuales no basta con tener razón; también es imprescindible sobrevivir el tiempo suficiente para que esa razón termine reflejándose en los precios.

Corea del Sur: un ejemplo extremo de volatilidad

La volatilidad tampoco es exclusiva de las acciones individuales.

El mercado surcoreano ha protagonizado uno de los episodios más sorprendentes del año. Su principal índice bursátil llegó a desplomarse desde aproximadamente 9.300 puntos hasta 5.500 puntos en apenas 40 días, una caída propia de un mercado inmerso en una crisis financiera.

Sin embargo, la recuperación posterior ha sido igualmente extraordinaria.

En una sola sesión el índice ha llegado a rebotar hoy un 17,91%, un movimiento excepcional para un índice bursátil nacional. Samsung Electronics, la mayor empresa del país y uno de los principales fabricantes mundiales de semiconductores, llegó a avanzar un 26,81%, reflejando hasta qué punto incluso los grandes líderes tecnológicos pueden experimentar oscilaciones que anteriormente solo se asociaban con valores altamente especulativos.

La volatilidad ha cambiado de naturaleza

Tradicionalmente, la volatilidad era consecuencia de recesiones, crisis bancarias, o acontecimientos geopolíticos de enorme magnitud.

Hoy los detonantes son muy distintos.

Un resultado trimestral ligeramente por encima o por debajo de las expectativas, una modificación en las previsiones de inversión en inteligencia artificial, un cambio en la narrativa sobre el retorno esperado del capital, o una simple rotación sectorial pueden provocar variaciones de dos dígitos en compañías valoradas en varios trillones de dólares.

Nunca antes la velocidad de transmisión de la información había sido tan elevada. Nunca antes tantos inversores habían operado simultáneamente mediante algoritmos, estrategias cuantitativas, ETF sectoriales, y productos apalancados. Y nunca antes una parte tan importante del mercado había estado concentrada en un reducido grupo de compañías tecnológicas.

 

Una reflexión para el inversor

La narrativa dominante sigue defendiendo que la economía estadounidense mantiene un crecimiento razonable, que los beneficios empresariales continúan siendo sólidos, y que la revolución de la inteligencia artificial justifica unas valoraciones históricamente elevadas. Sin embargo, bajo esa aparente fortaleza empiezan a aparecer grietas que invitan a la prudencia.

Cada vez son más las compañías que, pese a presentar resultados aparentemente positivos, sufren fuertes correcciones tras revisar a la baja sus previsiones o mostrar los primeros síntomas de desaceleración en el crecimiento. Otras, que llevaban meses muy castigadas, experimentan violentos rebotes en cuestión de días. Estas rotaciones tan bruscas reflejan un mercado mucho más sensible a cualquier cambio en las expectativas y sugieren que no todo es tan sólido como aparentan los principales índices.

La extraordinaria concentración de la rentabilidad en un reducido grupo de grandes empresas tecnológicas también ha contribuido a proyectar una imagen de fortaleza que puede resultar engañosa. Mientras los índices permanecen cerca de máximos históricos, una parte creciente del mercado ya muestra signos evidentes de agotamiento y una dispersión cada vez mayor entre ganadores y perdedores.

La bolsa continúa siendo uno de los instrumentos más eficaces para generar riqueza a largo plazo, pero también exige hoy una disciplina y una tolerancia al riesgo superiores a las de hace apenas unos años. En un entorno donde una compañía puede ganar o perder cientos de miles de millones de dólares de capitalización en una sola sesión, el control del riesgo deja de ser un elemento secundario para convertirse en el principal factor de supervivencia.

Quizá la mayor enseñanza de este nuevo ciclo sea que los mercados ya no premian únicamente el crecimiento, sino también la capacidad de cumplir unas expectativas extraordinariamente exigentes. Y cuando esas expectativas no se alcanzan, incluso por un margen muy reducido, la reacción puede ser inmediata y desproporcionada.

No todo es oro lo que reluce. Detrás de unos índices que todavía se mantienen cerca de sus máximos históricos comienza a percibirse un mercado mucho más frágil de lo que sugieren los titulares, donde la volatilidad ya no responde únicamente a crisis económicas, sino también a la creciente incertidumbre sobre quiénes serán los verdaderos ganadores y perdedores de la próxima etapa del ciclo tecnológico.

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