Una economía que sigue sorprendiendo por su resiliencia
Durante los últimos años, los indicadores macroeconómicos de la economía estadounidense han mostrado una notable fortaleza. El crecimiento del PIB ha sido resiliente, el mercado laboral ha mantenido tasas de desempleo históricamente bajas, y los mercados financieros han alcanzado repetidamente máximos históricos.
Desde una perspectiva agregada, Estados Unidos parece haber logrado una recuperación extraordinaria tanto tras la crisis financiera de 2008 como después del shock económico provocado por la pandemia.
Sin embargo, bajo esa superficie de solidez macroeconómica emerge una realidad mucho más compleja para una parte significativa de los hogares estadounidenses.
La riqueza financiera se concentra en la parte alta de la distribución
Gran parte del crecimiento de la riqueza en la última década se ha concentrado en los segmentos más acomodados de la población. El 10% de los hogares con mayores ingresos ha visto aumentar de forma sustancial el valor de sus activos financieros e inmobiliarios.
Este fenómeno ha sido impulsado, en buena medida, por una política monetaria extraordinariamente expansiva implementada tras la crisis de 2008. La prolongada era de tipos de interés cercanos a cero, junto con los programas masivos de compra de activos por parte de la Reserva Federal, generó una potente revalorización tanto en los mercados bursátiles como en el inmobiliario.
Para los hogares con una elevada exposición a estos activos, el resultado fue un fuerte incremento patrimonial.
Pero para el ciudadano medio, cuya riqueza depende en mayor medida de sus ingresos laborales que de su participación en los mercados financieros, la evolución ha sido muy distinta.
El estímulo fiscal de la pandemia: un colchón temporal
Durante la pandemia, el gobierno federal desplegó un estímulo fiscal sin precedentes. Las transferencias directas a los hogares superaron los 2,1 Trillones de dólares, lo que permitió sostener el consumo en un momento de enorme incertidumbre económica.
Ese flujo extraordinario de recursos elevó temporalmente el nivel de ahorro de las familias y actuó como un importante estabilizador económico.
Sin embargo, ese colchón ya se ha agotado.
Del ahorro al endeudamiento
A medida que los estímulos fiscales se consumían, muchos hogares comenzaron a financiar su nivel de gasto mediante un mayor recurso al crédito.
El saldo de las tarjetas de crédito ha aumentado de forma significativa, mientras que los programas de “buy now, pay later” (BNPL) —que permiten fraccionar pagos de consumo— se han extendido rápidamente entre los consumidores.
Este cambio resulta especialmente relevante porque coincide con niveles históricamente elevados en los tipos de interés del crédito al consumo, lo que incrementa el coste de financiar ese gasto.
Cuando el ahorro para la jubilación se convierte en último recurso
Una señal particularmente reveladora del creciente estrés financiero es ahora el aumento de los denominados hardship withdrawals de los planes de pensiones individuales 401(k).
Estos retiros anticipados solo están permitidos en situaciones de necesidad económica grave e inmediata. La normativa permite realizarlos, por ejemplo, para:
- afrontar gastos médicos importantes
- evitar ejecuciones hipotecarias o desahucios
- cubrir costes funerarios
- pagar matrículas educativas
- realizar reparaciones urgentes en la vivienda tras desastres
Al tratarse de retiradas antes de la edad de jubilación, el dinero suele estar sujeto a impuestos y, en muchos casos, a una penalización adicional del 10%. Además, a diferencia de los préstamos contra el propio plan, estos fondos no pueden devolverse posteriormente al plan de pensiones.
En otras palabras, constituyen uno de los últimos recursos financieros disponibles para un hogar.
Un indicador de estrés financiero creciente
El porcentaje de cuentas 401(k) que realizaron este tipo de retiros ha aumentado de forma constante.
Según datos de Vanguard, una de las mayores gestoras de planes de jubilación en Estados Unidos, la proporción de participantes que recurrieron a hardship withdrawals ha evolucionado de la siguiente manera:
- 2023: 3,6%
- 2024: 4,6%
- 2025: 6%
En apenas seis años, estas retiradas se han multiplicado por cuatro respecto a los niveles observados en 2020.
Las razones más comunes citadas por los participantes son evitar ejecuciones hipotecarias o afrontar gastos médicos imprevistos.
Este fenómeno encaja con otro dato revelador: aproximadamente el 66% de los estadounidenses afirma vivir de cheque en cheque, lo que refleja una limitada capacidad de absorber shocks financieros inesperados.
Una economía fuerte apoyada en un consumidor frágil
La economía estadounidense continúa funcionando con notable dinamismo, en gran medida gracias a la fortaleza del mercado laboral. Mientras el empleo se mantenga sólido, el consumo – motor fundamental del crecimiento económico – seguirá mostrando resiliencia.
Pero la tendencia actual plantea una cuestión más profunda sobre la calidad de ese crecimiento.
Una economía puede mostrar cifras macroeconómicas robustas al mismo tiempo que una parte creciente de sus ciudadanos depende del crédito para mantener su nivel de vida y comienza a recurrir a sus ahorros de jubilación para afrontar emergencias financieras.
La pregunta, por tanto, no es si la economía estadounidense es fuerte hoy. Lo es.
La cuestión verdaderamente relevante es cuánto tiempo puede sostenerse esa fortaleza si cada vez más hogares necesitan hipotecar su futuro para mantener su presente.
