Los mercados financieros globales repuntaron con fuerza hoy martes después de que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, sugiriera que la guerra con Irán podría estar acercándose a su desenlace, alimentando la esperanza de que el conflicto no derive en una crisis energética prolongada.
En declaraciones a CBS, Trump afirmó que el conflicto estaba “prácticamente terminado” y que Washington ya había “ganado en muchos sentidos”. Según el Wall Street Journal, asesores cercanos al presidente estarían promoviendo activamente una estrategia de salida, preocupados por el riesgo de que una guerra prolongada erosione el apoyo político interno.
Los mercados reaccionaron con rapidez. El crudo Brent cayó cerca de un 30% desde los máximos recientes —de alrededor de 120 dólares por barril a niveles próximos a 90 dólares— después de que Trump insinuara la posible normalización del tráfico marítimo por el estrecho de Ormuz, uno de los puntos más críticos para el suministro mundial de energía.
La caída del petróleo alivió uno de los principales temores de los inversores: que una interrupción sostenida del flujo energético desde el Golfo impulsara un nuevo shock inflacionario global. En ese contexto, el apetito por el riesgo regresó a los mercados bursátiles y el S&P 500 recuperó el nivel de los 6.800 puntos.
Sin embargo, el repunte de los activos de riesgo contrasta con un entorno geopolítico que sigue siendo altamente volátil.
Señales contradictorias sobre el terreno
Mientras Washington proyecta un mensaje de desescalada, Irán continúa mostrando capacidad de respuesta. Dos drones sospechosos impactaron en la estación de la CIA situada dentro del complejo de la embajada estadounidense en Riad, según fuentes regionales. Tras el incidente, el Departamento de Estado ordenó la evacuación del personal no esencial de varios países, entre ellos Arabia Saudí, Omán, Chipre, Pakistán y Turquía.
La decisión subraya el grado de incertidumbre que aún rodea al conflicto, pese al optimismo inicial de los mercados.
La isla de Kharg como posible punto de presión
Entre las opciones que estaría considerando Washington figura una medida que podría alterar profundamente el equilibrio energético del conflicto: el control de la isla iraní de Kharg.
La instalación procesa aproximadamente el 90% de las exportaciones de crudo de Irán y constituye el principal nodo logístico de su sector petrolero. Un movimiento en esa dirección supondría un golpe directo a la capacidad de Teherán para financiar su economía, aunque también conllevaría un riesgo significativo de escalada regional.
Diplomacia implícita
Paralelamente, Teherán habría dejado entrever una posible apertura táctica. Según fuentes diplomáticas, Irán estaría dispuesto a permitir nuevamente el tránsito seguro de buques por el estrecho de Ormuz en los próximos días, mientras plantea demandas políticas que incluirían la expulsión de representantes diplomáticos de Estados Unidos e Israel en determinados países.
Estos gestos reflejan un delicado equilibrio entre presión militar y negociación indirecta.
Una estrategia de desgaste
Analistas regionales señalan que la estrategia iraní podría centrarse en prolongar la presión económica y financiera sobre sus adversarios. Al generar volatilidad en los mercados energéticos y financieros, Teherán busca aumentar el coste político del conflicto para Washington y sus aliados.
Según estimaciones citadas por fuentes regionales, Irán aún conservaría más de la mitad de su arsenal previo a la guerra, lo que le permitiría sostener operaciones durante un periodo prolongado.
Los aliados calibran su implicación
Entre los aliados occidentales comienzan a observarse respuestas divergentes. Australia ha desplegado aviones de vigilancia y sistemas de misiles en los Emiratos Árabes Unidos, reforzando la presencia militar en el Golfo.
El Reino Unido, por el contrario, ha optado por una postura más cautelosa. Londres ha cancelado el despliegue previsto de su grupo de portaaviones en la región, redirigiendo el HMS Prince of Wales hacia el Ártico.
Un beneficio colateral para Moscú
El conflicto también está generando efectos secundarios en el mercado energético global. La administración Trump ha relajado parcialmente las sanciones sobre el petróleo ruso, en un intento de aliviar la presión sobre el suministro mundial.
India ha reiterado que continuará comprando crudo ruso sin solicitar autorización occidental. Mientras tanto, el presidente Vladimir Putin habría instado a las compañías petroleras rusas a considerar el actual repunte de precios como temporal y utilizar los ingresos extraordinarios para reducir deuda en lugar de incrementar dividendos.
Por ahora, los mercados parecen apostar por un escenario de desescalada. Pero el contraste entre el optimismo financiero y la persistente tensión militar sugiere que el camino hacia el final del conflicto podría resultar menos lineal de lo que los inversores esperan.
